Testimonio de Mayra Serra desde Miami

Jorge Serra. Cuba, 1966.

Testimonio de Mayra Serra desde Miami.

París, 7 de junio de 2010.

Querida Ofelia,

conocí a Mayra  en 1964, cuando bailé de pareja con María Elena Leal en su fiesta de Quince en el Roof Garden del Hotel Sevilla Biltmore. Ambos teníamos 15 años. Hubo una corriente muy grande de simpatía entre nosotros, a tal punto, que fuimos pareja de fiestas de Quinces en las numerosas coreografías de Paquito. A decir verdad, eran casi siempre las mismas. Éramos la pareja más alta. Nuestro grupo de adolescentes buscaba cualquier excusa para organizar numerosas fiestas, los “pique de cakes”, de carnaval y por cualquier motivo que fuera.

Mayra era una chica muy simpática, que parecía haberse escapado de una de aquellas películas francesas o italianas que proyectaban en los cines habaneros en los años sesenta. Era bella, alta y delgada, con suín, la antítesis del modelo de belleza cubana que deseaban imponer los populares dibujos conocidos como Las criollitas de Wilson. Mayra  tenía duende.

Vivía en la calle Perseverancia  casi esquina a Neptuno, en un gran apartamento del tercer piso. Aquellas calles de San Cristóbal de La Habana tienen en común con las de París aún hogaño, el llevar nombres bellísimos: Virtudes, Amistad, Concordia, Lealtad, Perseverancia, etc.

En aquel apartamento, del cual tengo tantos bellos recuerdos de adolescencia vivían también: sus abuelos  Juan Ramón y María, sus padres Carlos (Lalo) y María Luisa (Chiqui), su tía Manuela (Macu) y su prima hermana Gelsys.

Me encantaba hablar con Juan Ramón, ya que era un hombre de cultura enciclopédica; María era una catalana servicial, siempre dispuesta a hacer un batido o un café; mientras que Lalo y Chiqui eran una elegante pareja, él había sido responsable del departamento de niños de los célebres grandes almacenes El Encanto. Cuando veo a Mme. Courreges por la tele, recuerdo siempre a Chiqui. Nunca la vi salir a la calle sin ir elegantemente vestida, con juego de cartera y zapatos. La tía Macu era una mujer que poseía una belleza tropical intemporal. Había traído al mundo a Gelsys, cuyo rostro nacarado y  espléndidos ojos, hicieron palpitar aceleradamente a más de un varonil corazón en La Habana. Era una familia extraordinaria, que tenía glamour.

Mi madre decía de Mayra y su familia que eran bellas personas, lo que era una especie de título de gran calidad que ella otorgaba a pocas personas.

En un apartamento del inmueble situado en la acera de  enfrente al de Mayra, pero en el segundo piso, vivía la farandulera Juana Bacallao. Cuando había alguna fiesta y algunos jóvenes nos íbamos al balcón a tomar un poco de fresco, ella se paraba en su balcón y besaba su mano, acto seguido soplaba sobre ella para que sus besos llegaran hasta nosotros. Lógicamente, recibía una merecida ovación de parte nuestra.

Nuestro grupo estaba compuesto fundamentalmente por adolescentes entre los cuales estaban: Mayra, Barbarita, Ileana, Loly, Luly, Mayda, Tayde, María Elena, dos hermanas que llamábamos las gallegas, Julieta, Carola, Gelsys, Alicita, Magucha,Teresita, Pedro, Félix (el chiquito), Chaguito, Edy, Pepito el rubio, Paquito, Malpica, Manrufo, Rubencito, Castorcito, Félix (el grande-sólo por la estatura-), etc.

En casa de Mayra. La Habana, 1965.

Yo estaba acostumbrado a bailar en las fiestas con Mayra, pero en la fiesta de Nochevieja en 1968, en casa de nuestra amiga Tayde, en el Paseo del Prado, me percaté de que un joven muy buen mozo la acompañaba, era Jorge.

Volví a bailar con Mayra en su residencia miamense sólo en la Nochevieja del 1999, es decir: ¡31 años después!

A Jorge lo vi pocas veces en Cuba, sólo en las celebraciones de los cumpleaños de sus hijos Alfredito y Jorgito en su casa de Rancho Boyeros y después, en cada viaje que hicimos a Miami, hasta que Dios lo llamó junto a Él. Traté varias veces de mover la conversación sobre sus años en la cárcel, pero él evitaba el tema. Era un hombre muy discreto.

Ahora le pedí a mi siempre recordada amiga Mayra, si me podía contar la historia de Jorge. Le solicité su testimonio y ella aceptó.

Aquí te lo envío.

Mayra Serra: “De niño Jorge vivía en el reparto Berenguer, frente al Cementerio de Calabazar (la vista desde las ventanas de su hogar no debe de haber sido muy atractiva), a los diez años su familia se mudó para Rancho Boyeros. Siempre fue reservado, incluso con respecto a los juegos con los otros niños del barrio. Cuando sólo tenía catorce años entró como ajefista en la Ajef, organización juvenil de la Gran Logia Masónica. Pienso que fue allí donde comenzó a apreciar las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, su pasión por la democracia y la República.

En plena adolescencia se involucró en actividades revolucionarias contra el gobierno del déspota Fulgencio Batista. Estimo que tuvieron  un papel muy importante las ideas socialdemócratas de los miembros más cercanos de su familia. En enero de 1959 ya trabajaba en Cubana de Aviación, mientras estudiaba en la Escuela Técnica de San Julián. Allí se produjo una huelga por motivos políticos, aunque quisieron disfrazarla por problemas administrativos. Esto trajo como consecuencia su expulsión de la escuela.

No pudo graduarse, pero gracias a que en su familia había pilotos, sobre cargos y mecánicos de aviación, logró seguir trabajando como mecánico de aviones en el aeropuerto de La Habana.

A pesar de todo, seguía creyendo en a Revolución, ingresó en las milicias, hasta que se percató de que sus sueños de igualdad social y de un mundo mejor habían sido traicionados por los dirigentes revolucionarios.

Comenzó a conspirar contra el régimen de los Castro. Una mañana, al iniciar la inspección de un avión de pasajeros, encontró que alguien había colocado en su interior una caja que contenía dinamita. Corriendo el riesgo de perder la vida, la logró sacar y llevarla hasta el centro de la pista, dando inmediatamente la alarma a las autoridades aeroportuarias. Pero este gesto que yo considero heroico, de nada le sirvió frente a la “justicia” revolucionaria, cuando cayó preso  en 1961 junto a un amigo de aquella época, Jesús Carnero. Ambos fueron acusados de conspiración y, al negarse a dar nombres y apellidos de los otros miembros del grupo, fueron condenados a veinte años de cárcel. ¡Jorge tenía entonces sólo 19 años!

Fue enviado a la Cárcel Modelo de la Isla de Pinos, a la Circular cuatro. Allí conoció y se hizo amigo de Boitel, Castellano y Pino entre otros. Posteriormente lo trasladaron a la Prisión de Boniato en la lejana provincia de Oriente. Seis años después, en 1967, obtuvo el primer permiso por unos días para poder ir a visitar a su familia en la capital. Fue en aquel momento cuando lo conocí y, como parece que Cupido andaba volando sobre La Habana, pues el flechazo mutuo fue casi instantáneo. Me enamoré del que sería El Hombre de mi Vida.

De Boniato fue trasladado a la Cárcel de Agüica en Matanzas. Él suplicaba a su madre y hermana para que se fueran de Cuba. Pero ellas con lágrimas en los ojos le respondían que no podían dejarlo en una cárcel. Creo que  para ellas vivir en el extranjero hubiera sido un drama y les hubiera provocado un sentimiento de culpabilidad insoportable.  Ya  su padrastro se había ido hacia España con su hija, mientras que el novio de su hermana había partido para los EE.UU.

El 31 de diciembre de 1968 Jorge se escapó del campo de trabajos forzados al que lo habían enviado, para poder participar en la fiesta de fin de año conmigo  en casa de Tayde. Esta simpática chica y su familia vivían en un gran apartamento del Paseo del Prado, a sólo dos manzanas del mar. Para ambos fue una fiesta bella. Desde el balcón del apartamento, mirando hacia el mar él me dijo: “ves Mayra, del otro lado, un poco más allá del horizonte… ¡está la Libertad! Al regresar al campo fue descubierto y lo condenaron a un mes de celda de castigo.

Al año siguiente logró obtener un nuevo permiso y vino a casa a pedir mi mano a mis padres. Yo estaba loca de alegría, aunque algunos podrían haber pensado que me había vuelto loca de verdad, al comprometerme con un joven condenado a veinte años de cárcel. En septiembre de 1968 le dieron cuatro días para que se pudiera casar conmigo. La boda fue en la Iglesia de Monserrate de la calle Galiano, en la que  yo había sido bautizada y donde también había tomado la comunión. Fueron cuatro días muy bellos, pero con la presencia permanente en nuestras mentes, por mucho que hiciéramos por no hablar del tema, del regreso al campo de trabajos forzados.

En 1970, después de haber cumplido 9 años de cárcel, le dieron la “Libertad condicional”. Su madre y hermana pudieron irse a vivir a los EE.UU. Nosotros vivíamos en la bella  y confortable casa de Rancho Boyeros. Nuestro nido de amor vio nacer en 1970 a Alfredito y en 1971 a Jorgito. La felicidad era grande gracias a las risas y la alegría que nos proporcionaban  nuestros hijos. Pero para Jorge Cuba seguía siendo  una gran cárcel, tenía un sentimiento de claustrofobia, teníamos  que irnos: “para que nuestros hijos sean hombres Libres”- me decía. Cuando una persona que el régimen cubano estimaba importante, debía llegar o partir del Aeropuerto José Martí, la Seguridad del Estado nos visitaba para advertir a Jorge de que él no podía salir de la casa ni siquiera al portal, hasta que no le autorizaran de nuevo.

Comenzamos a hacer gestiones, su mamá nos envió el dinero para los billetes de avión desde Miami. De ambos lados del Estrecho de La Florida se hicieron numerosas gestiones para obtener los visados de México primero y después de España, pero nos negaron en ambos casos la salida del país.

En 1978 el Sr. Presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, llegó a un acuerdo con el gobierno cubano para acoger en el país de Bolívar a ex presos políticos cubanos acompañados de sus familias. Partimos el 24 de diciembre (¡Qué bello regalo de Navidad!), en un avión militar venezolano. Sólo hubo un segundo vuelo al día siguiente. Cuando el avión despegó de la pista cubana, Jorge me dijo: “¡Al fin somos Libres!”Al llegar a Caracas tuvieron que llevarnos a realizar las formalidades de ingreso al país a un hangar, pues en el aeropuerto, el Partido Comunista Venezolano había organizado una manifestación contra nuestra llegada. Desde allí y bajo custodia militar, para evitar que los comunistas venezolanos nos agredieran, nos llevaron en ómnibus militares para la Universidad de Los Teques, en donde estuvimos alojados sólo tres días, gracias a que un gran amigo de mi cuñado, el Dr. Antonio Brito nos fue a buscar para hospedarnos en su residencia. Se lo agradeceré toda la vida.

Tres meses después Jorge consiguió trabajo en las afueras de la  ciudad de Valencia y para allá nos mudamos. Bueno, mudarnos es mucho decir, pues nos fuimos con las pocas pertenencias que poseíamos en aquel momento. El gobierno venezolano ofrecía tierras fértiles  al que quisiera trabajarlas y aprovechamos de ese plan, comenzamos a cultivar legumbres y las exportábamos a los EE.UU. Todo iba bien. Éramos felices.

Cuatro años después, nuestro hijo Alfredito se enfermó y cada día que pasaba estaba peor, como gracias a Dios, ya teníamos la residencia estadounidense, tomamos un avión para Miami.  ¡Aquí los médicos lo salvaron in extremis! Decidimos quedarnos a vivir aquí,  junto a la familia de Jorge y a la mía. Él regresó a Valencia para vender todo lo que habíamos logrado tener gracias a cuatro años de intenso trabajo. ¿Valió la pena el cambio de país? Estoy segura de que sí. Sobre todo ahora que leo en la prensa y veo por la televisión los numerosos problemas que hay en ese país.

Jorge y Mayra Serra. Miami, 1999.

Volvimos a comenzar. Jorge trabajó de nuevo como mecánico de aviación en el aeropuerto de Miami. Unos años después se dedicó al cultivo de plantas ornamentales. Desgraciadamente una terrible enfermedad provocó que el Señor lo llamara el 13 de diciembre de 2003. Tuve la suerte de poder estar a su lado  hasta el último segundo de su vida.

Mi inolvidable Jorge, el Gran Amor de mi Vida, no pudo ver que su gran sueño se convirtiera en realidad: “poder volver a ver a su querida Cuba, pero Libre, como ya él lo era junto a sus seres queridos.”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández

Anuncios

Un pensamiento en “Testimonio de Mayra Serra desde Miami

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s