Las Memorias de Miguel García Delgado

Campamento de Columbia, La Habana, enero de 1959. De izquierda a derecha: Lázaro Artola, Armando Fleites, Fidel Castro, Eloy Gutiérrez Menoyo, Aurelio Nazario Sargent, Andres Nazario Sargent y Lázaro Asencio. Arrodillados: Roger Rodríguez, Genaro Arroyo y Miguel García Delgado.


París, 12 de julio de 2010.

Querida Ofelia,

hasta  finales de 1958 en nuestro terruño camajuanense, mis héroes habían sido: Superman, Batman, Tarzán, Zorro, etc. Pero con la llegada de los barbudos al pueblo, mis héroes se convirtieron en personas de carne y hueso: Ramiro y Miguel entre otros, sustituyeron a los anteriores.

El papel de Miguel en los EE.UU. por medio de la organización de pic-nic gigantes, de las fiestas de San José del 19 de marzo, como en nuestro lejano pueblo, las carrozas de sapos y chivos, las parrandas, la recopilación de la Memoria de los camajuanenses a través de su revista y del Club de Camajuaní y tantas actividades más que harían la lista demasiado larga, serán reconocidas por el que escriba la historia del exilio camajuanense, a lo largo de este último medio siglo. No tengo temor a equivocarme al afirmar que nadie como Miguel García Delgado ha hecho tanto por unir a los camajuanenses de la diáspora esparcidos por el mundo.

Siempre que hemos ido a Mami nos ha abierto las puertas de su casa y nos ha brindado generosamente su servicio de guía. Hasta mi nuera franco alemana cuando  Miguel nos llevó en su coche a pasar un día juntos en Key West, me dijo: “es un hombre profundamente humano.”

Gracias Miguel por tu amistad. Te pedí el testimonio de tu vida de revolucionario y aquí la reproduzco.

Miguel-“el 8 de febrero del año 1959 todos los guerrilleros que habían formado las fuerzas del Segundo Frente Nacional del Escambray depusimos las armas en Cienfuegos. Los primeros que las  entregamos  fuimos: Eliope Paz, yo, Beraldo Salas y Elio Balmaseda. Todos éramos de la guerrilla de los camajuanenses que dirigían los capitanes Beraldo Salas y Ramiro Lorenzo. Como Ramiro pasaba el mayor tiempo en la Comandancia que radicaba en casa de doña Rosa, lo sustituía Salas y el segundo era yo. Cuando Ramiro volvía,  su segundo era Eliope Paz. Al terminar de desmovilizarnos de la guerra, Eliope, Elio, Salas y yo decidimos  partir a  reunirnos con nuestras respectivas  familias.

La primera acción del movimiento 26 de julio en Camajuaní tuvo lugar en el mes de febrero de 1957. Me encontraba en la tabaquería de Eliope Paz, en La Habana, lugar que visitaba habitualmente, ya que Eliope era un conocido rebelde contra  el dictador Batista. Fui a participar en varias manifestaciones de estudiantes universitarios invitado por  Eliope.

Un día  me preguntó:

-Miguelito, ¿por qué en nuestro pueblo no se oyen actos de resistencia contra el tirano?

– Sabes que existe el movimiento 26 de Julio y toda tu familia pertenece a él.

– ¿Por qué no vamos allá  y hacemos un acto de protesta?

-Saldré para Camajuaní mañana mismo y hablaré con Carlos Gómez (que era el jefe del movimiento en Camajuaní).

Cuando hablé con Carlos, él estuvo de acuerdo y se lo hice saber a Eliope. Quedamos en que en marzo alrededor de las fiestas del 19 de marzo él viajaría a nuestro pueblo.

Yo sabía que Ramiro Lorenzo estaba también en nuestra posición contra la tiranía y lo fui a ver a casa de su tía, donde él vivía. Cuando toqué en  la puerta me recibió una joven que me deslumbró al instante. Ella sería el amor de mi vida y mi segunda esposa por 26 años.  Le conté a Ramiro lo que habíamos hablado con Carlos y  me dijo que buscara a otro para hacer juntos  el primer sabotaje en nuestro pueblo. Le dije también que el hermano de Benito Paz vendría desde La Habana y nosotros tres formaríamos el grupo.

Carlos  nos citó en la casa de Gerardito Paz y allí nos entregó dos bombas y nos dijo que las teníamos que poner en  el centro escolar  a las 8 en punto de la noche y la otra en el cine. Yo en mi vida había visto una bomba y la escondí bajo mi ropa. El objetivo no era herir o matar a alguien sino el hacer saber que existía un movimiento revolucionario en el pueblo,

Traté de ponerla  en escenario del cine pero no pude sacar las rejillas de la pared. Se acercaba la hora, miré a mi alrededor, a la  casa de la familia Palacio,  pensé que en un carro que allí había aparcado podría herir a alguien, tampoco en el restaurante del chino, entonces vi en la calle una pila de arena como de dos metros de altura, miré el reloj que Carlos me había dado y  faltaban unos minutos para la 8 de la noche; decidí que debajo de la pila de arena no le haría daño a nadie. La mecha era grande, la encendí y me fui caminando para el Café del Hotel Cosmopolita, me senté y pedí una cerveza. Por casualidad en la mesa contigua estaba el policía cuyo apodo era El Látigo Negro en una de sus borracheras. Casi inmediatamente  explotó la bomba y esa noche llovió arena sobre el mamoncillo y sus contornos.

Ramiro y Eliope trataron de darle candela al Centro Escolar pero la candela que ellos le dieron no prosperó y del centro nada más  que se quemaron  algunas cosas sin importancia.

Después de varios días Carlos  me dio la misma misión y fue un tremendo fracaso pues le di candela tres veces, primero en el Despalillo, seguí para la tienda de Las Tres Marías y tampoco explotó y por último fui al baño del Paradero de Trenes, la puse y tampoco explotó.  La volví a recoger y de ahí me fui a casa a dormir. Al  día siguiente la entregué a Carlos y él muy descontento me explicó: “cuando no funciona, olvídate de ella y déjala donde la pusiste.”

Acto seguido me dijo que el Movimiento provincial necesitaba voluntarios para una acción, Le afirmé que  podía contar conmigo. El día señalado se apareció Víctor Vázquez (Vitea). El cual dijo a Carlos que éramos  los únicos que se habían ofrecido para esa misión. Nos dio dinero para el pasaje y nos ordenó que teníamos que ir para Cienfuegos a la fábrica de hielos de la familia Aragonés. Allí estábamos reunidos unos cincuenta  jóvenes provenientes de todos los municipios de la provincia. Después de esperar unas dos horas, vino un hombre como de unos treinta años y exclamó: “pueden regresar a sus pueblos y muchas gracias por haber venido.”

Después  de transcurrido un tiempo, nos enteramos de que nos habían acuartelado en la fábrica de hielo para perpetrar un atentado contra Santiago Rey Perna,  Ministro de Gobernación que iba  frecuentemente a su pueblo para visitar a su familia.

En Camajuaní la policía y los cuerpos represivos cada vez que  suponían que los revolucionarios iban  a hacer algo, lo primero que hacían era lanzar una ola de represión contra  los más conocidos entre los que estaban contra el régimen de Batista. Primero era contra Raúl Hernández, Oberto Machado y Gilberto Sosa, después agregaron a la lista a Benito Paz, Jorge Piñón, Ramiro Lorenzo y otros muchos más. Por ese motivo, cada vez que el Movimiento 26 de Julio de Camajuaní tenía planeado algo, los primeros mencionados tenían que irse para otros pueblos y los segundos nos trasladábamos para La Habana.

Por ejemplo, Benito se hospedaba en casa de su hermano Eliope, Víctor Vázquez en casa de su hermana Hilda, Ramiro se trasladaba al apartamento que José Casanova (Cuqui) tenía en Regla, que por cierto era el lugar de reunión de los revolucionarios camajuanenses. Jorge Piñón  no tenía familiares en la capital, por lo cual se escondía en casa de mis tíos Eloy y Consuelo, que era mi casa en la Habana. Cuando disminuía la represión en nuestro pueblo, todos regresaban discretamente a seguir la lucha contra el tirano. Terminé por alzarme en las lomas del Escambray con un grupo de mis amigos, formando parte del Segundo Frente Nacional, donde permanecimos todo el año1958 hasta que triunfamos.

Camajuaní, fiestas de San José, 19 de marzo de 1959. El barbudo (Miguel García), liberando a la Patria (Ester Acosta).

Cuando nos dimos de baja del ejército Rebelde en la ciudad de Cienfuegos, los miembros del Segundo Frente nos dirigimos a nuestros pueblos. Cuando  llegué a Camajuaní había tremendos problemas por ocupar las distintas plazas de trabajo. Fue en ese momento en el que se me apareció en casa Carlos Martínez que era coordinador  de sabotajes del Movimiento 26 de julio al que yo siempre pertenecí. Me pidió que me pusiera al mando de la Policía Nacional Revolucionaria  y que restableciera el orden en  el pueblo. AL principio no acepté, pero por la insistencia de Eliope Paz y Carlos Gómez acepté, pero con la condición de serlo solamente por un mes. El comandante de la provincia vino a Camajuaní y me pidió que me quedara en ese puesto. Después  me trasladó para Placetas, que era la capitanía aduciendo que yo tenía que ocupar ese puesto  dado mi expediente revolucionario. Cuando proclamaron a la ciudad de Trinidad ciudad muerta con una huelga, el comandante me llamó y me dijo que el único que le podía ayudar era yo, ya que había esta alzado en esa zona  y hacia allí me envió.

¡Y empezó la infiltración comunista!

Estando en la capitanía de Trinidad un día a principio del 1960 me fue a ver el director de correos de la provincia de Las Villas y me dijo:

-Miguel tengo entendido que tú conoces a los rebeldes que se alzaron de en esa zona y necesito que me digas a quién puedo nombrar como administrador del correo de Trinidad, pero  tiene que pertenecer al Movimiento 26 de julio o al P.S.P. (Partido comunista).

– Eso aquí  no funciona- le afirmé- porque aquí el M-26-7  fue casi inexistente y los comunistas no lucharon contra Batista. Aquí la mayoría eran del D.R. o del Segundo Frente del Escambray.

-Del Segundo Frente no.

– Bueno búsquelo usted.

A los pocos días fue nombrado el nuevo administrador de correos. Era un conocido comunista de Trinidad.

En el mes de Octubre de 1960, al conocer la infiltración de los comunistas en todos los mandos municipales y militares, pedí mi baja de la Policía Nacional Revolucionaria, la cual se me concedió tres meses después. Ahí fue cuando empezó mi calvario, pues como ellos conocían que yo no era simpatizante de los comunistas, no me dieron trabajo y cada vez que había una movilización me iban a buscar y me encarcelaban. Fue esa la causa por la que intenté abandonar  clandestinamente mi país. Cuando en 1965 el presidente de los U.S.A, ofreció asilo a los cubanos que quisieran ir a vivir en tierras de Libertad, yo le escribí pidiéndolo el asilo político, el cual fue aceptado  y… pude viajar  a los EE.UU.

Llegué a Miami el 29 de Julio de 1966, me hospedé en un hotelito detrás del aeropuerto de Miami, al que los cubanos  llamábamos La Casa de La Libertad. Tenía terinta años y llegué con tres hijos de cinco, tres años y el más pequeño con sólo quince días de nacido. Yo no tenía oficio ni hablaba inglés. Me relocalizaron en un pueblo cerca de la ciudad de Boston en la península de Cape Corp.

Llegué a las cinco de la mañana y a las siete me pusieron a trabajar en una lavandería, vistiendo el mismo traje con el que hice el viaje desde Cuba. A las 5 p.m., cuando creía que regresaría a casa, mi cuñado me dijo que me tenía un part time. Yo no sabía lo que me quería decir, pero me llevó para un club y allí me puso a lavar platos hasta la una de la madrugada. Así fue todos los días hasta que en  diciembre de ese año 1966 mi mujer me dijo: ¡sácame de aquí o me vuelvo loca! Por esa razón vine a parar a Miami.

En Miami, trabajé en todo lo que se presentaba: como ayudante de camarero, pintor de brocha gorda, podador de árboles, camionero, repartidor de periódicos, limpié oficina y  aviones, fui sereno, trabajé en fábricas, puse antenas de t.v., taxista, etc.

Regresé a los taxis y me retiré a los 65 años de edad. Como en la imprenta aprendí el único oficio que tengo además de los conocimiento que adquirí en el giro de taxis, en el año 1990, ya  propietario de una imprenta, me dije: este es el momento de hacer el sueño de mi vida y me dediqué a editar una revista que hablara netamente de mi pueblo, de  Camajuaní. La sigo editando desde hace veinte años. Es la revista de todos los camajuanenses, los de aquí y los de allá, sin rencores hacia nadie.

Puedo decir sin temor a equivocarme que yo, sin estudios ni oficio alguno, he podido en esta gran Nación que son los U.S.A. poder criar a cuatro hijos,  y dos nietos, gozando de plena Libertad y sin tener que hacer algo indebido. ¡El sueño americano yo lo pude lograr! Es por eso que aunque no soy rico,  vivo decentemente en este gran país del cual poseo la ciudadanía. Y digo desde el fondo de mi corazón: God save América!”

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

3 pensamientos en “Las Memorias de Miguel García Delgado

  1. Conozco a toda la familia de elio balmaseda en jatibonico. Mi esposa es prima de él. Al morir él contaba yo con un año de edad. Saludos. Julio.

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