LAS MEMORIAS DE MIGUEL GARCÍA DELGADO (PRIMERA PARTE).

El Escambray, Cuba.

París, 22 de enero de 2010.

Recordada Ofelia,

En mi reciente viaje a tierras de América para celebrar las Navidades junto a mi familia, tuve la oportunidad de encontrar a Miguel García, uno de aquellos barbudos que fueron héroes de mi infancia y que tú y mi padre tan bien conocieron. Le pedí que me contara sobre sus experiencias de guerrillero en el Escambray, cuando llevado por sus sueños de juventud, contribuyó a liberar a Cuba del tirano Fulgencio Batista. Hogaño, desde su exilio miamense me hizo llegar esta primera parte de sus Memorias, apenas acabadas de escribir.

“Los combates de los camajuanenses por conquistar nuestra libertad han sido muy poco conocidos. Salvo la historia de José García del Barco, gracias al libro La guerra del 95, pocos han sido los escritos sobre esos hombres y mujeres que han sabido luchar por sus ideales. Sobre la lucha contra la dictadura de Gerardo Machado hay muy pocas informaciones publicadas, pero yo tengo algunas y quiero dejarlas a las futuras generaciones, para que no vuelva a ocurrir lo del año de 1933.

La lucha contra la tiranía de Batista.

En nuestro municipio de Camajuaní fuimos parte de la vanguardia al combatir la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar y eso lo hicimos sin la ayuda de los comunistas locales. Deseo que nuestros coterráneos conozcan a los primeros que se alzaron en todo el territorio nacional. No intento monopolizar la verdad. Los interesados lo podrán verificar por sus propios medios.

Empezaré por Andrés Cueva Heredia, el que murió en combate según me informó Dunney Pérez Álamos, su compañero de la Sierra Maestra. Él se alzó a mediado del año de 1957, tenía 42 años de edad. A finales del 1957 se fueron para la Sierra del Escambray Víctor Vázquez López y Ramiro Lorenzo. Ya allí se encontraba otro camajuanense muy poco conocido en el pueblo que era Anastasio Cárdenas con Jesús Carrera.

Al hacer contacto con Cuza Carrera, me dijo que lo que hacía falta en el Escambray era un enfermero. Le informé que teníamos a Julito López Martínez escondido en Placetas, que era oriundo del Central Fe. Después entré en contacto con la gente de Anastasio Cárdenas y me alcé en la zona de Banao, cerca de Sancti Spiritus. Poco después llegó Eliope Paz Alonso y al yo darle los contactos al jefe del Movimiento del 26 de Julio en Camajuaní que era Carlos Gómez, él siguió mandando camajuanenses para el Escambray, entre los que estaban: Danny Crespo García, Everardo González Medero, Pachito Cabrera, Manolito Izquierdo, Blas Pérez y por la zona de Yaguajay Joaquín Paneca, Enrique Piloto, Álvaro Pérez de la Sabanas, José Albernas y otros más que escapan a mi memoria.

La muerte de Julio López Martínez en el Escambray.

En el mes de Mayo la tiranía empezó su ofensiva en la Sierra Maestra con 10.000 soldados y a su vez en la Sierra del Escambray con 3.000, la mayoría estaban concentrados en el hospital de Topes de Collantes, el Salto de Hanabanilla y Manicaragua. El primer encuentro tuvo lugar en Charco Azul y el segundo en el valle de Guanayara. Allí lograron sorprender a los guerrilleros de William Morgan, que después de una fatigosa campaña por los alrededores de Topes de Collantes estaban durmiendo cerca de la casa de Cheo Reyes. Al amanecer los soldados al mando del teniente Antonio Regueira – éste era el único oficial que tenía la costumbre de mover su tropa en la oscuridad de la noche-, pudieron sorprender a la guerrilla de Morgan. Trabaron combate con el centinela que en ese momento era Edmundo Amado, el cual resultó herido de gravedad..

Eloy Gutiérrez Menoyo, ordenó a Julito López que escogiera un voluntario para que fuera a recoger al guerrillero herido, se ofrecieron Irán Rojas- de Map- y uno de apellido Bencomo -de Ciego de Ávila-. Como a las 7 de la noche partimos rumbo a la casa de Cheo Reyes a rescatar y curar al herido. Julito López, iba al frente, lo seguíamos Irán Rojas, yo y Bencomo. Como el río Guanayara estaba muy crecido, Julito sacó una linterna y empezó a buscar un lugar por donde pasar hasta que llegamos a la ladera donde nosotros nos dirigimos con unos tubos muy grandes como para construir un puente. Cruzamos el río con el agua hasta la cintura, pero cuando llegamos a la orilla donde estaban los tubos, sonaron una ráfagas de ametralladoras. Julito López cayó muerto al instante, Irán Rojas cayó sobre mí haciéndome caer. Irán gritó que estaba herido, los soldados siguieron disparando y yo desde el suelo grité: ¡al río! Me fui arrastrando y me dejé llevar por la corriente. A unos cien metros salí del agua y me arrastré hasta una lomita que ladeaba el río, desde allí divisé la luz de un bohío y me acerqué. Había mucha gente, logré escuchar la voz del americano que chasmusqueaba el español como de costumbre.

Me acordé de la contraseña, que era chinga -, el otro tenía que decir veinte-, pero ese mismo día Eloy producto del combate en casa de Cheo Reyes, había cambiado la contraseña por rana y el otro te tenía que decir toro. Como estaba seguro de que el americano no lo sabía, me levanté y dije chinga veinte, rana toro y el americano dijo: no tiren. Entonces le conté lo sucedido y él me dijo que ellos traían al herido, que por supuesto no creímos que pudiera salvarse. Pero gracias a la gran dedicación del Dr. Armando Fleites, Edmundo Amado se salvó y actualmente se encuentra en la República Dominicana vivito y coleando… ¡después de haber recibido una ráfaga de una ametralladora calibre 45!

La emboscada de Manantiales.

Eloy estaba muy encabronado con la muerte de Julito, y decía: “estos soldados se creen que pueden caminar como quieran por el Escambray, tenemos que terminar con ésto.” Él sabía que desde el Hanabanilla había salido una caravana de soldados para hacer el recorrido de siempre.

Ese día hoy dijo “ésto se va terminar hoy”. Nos reunió y nos explicó que tenía en mente poner una triple emboscada en Manantiales. En la tercera él sería el que abriría el fuego después los del centro y por último los que estarían en la retaguardia enemiga. En esos días estaba lloviendo mucho y los soldados venían en fila india bordeando el río Guanayara. Sabíamos desde que partieron del Hanabanilla por dónde venían, habían pasado por un cuartel que tenían en Río Negro y la Mata de Café, se dirigían para pasar por Manantiales, Guanayara y Charco Azul, así subirían a Topes de Collantes donde tenían un gran Cuartel General. Al frente venía el jefe de los soldados montado a caballo. Unos días después nos enteramos de que el que dirigía esa columna de soldados era el teniente Antonio Regueira y que había sido herido gravemente de allí. Fue lo último que hizo en el Escambray. Aquello fue de película, pues los soldados se tiraban al río que estaba crecido, mientras nosotros nos retirábamos hacia la Casa de Ventura. Como en aquellos meses el ejército no dejaban traer comida a los residentes del Escambray, los guerrilleros nada más que comíamos malangas con cebolla y sin sal.

El penúltimo enclave militar del Escambray.

En la zona que unía el camino del Nicho a La Mata de Café y donde confluía el Río Negro, los soldados tenían instalado un cuartel desde donde nos impedían aniquilarlos, ya que no podíamos operar. Después de triunfar en las distintas emboscadas que les pusimos a los guardias y la victoria de Manantiales, nos retiramos hacia la casa de Ventura Hernández. Allí Eloy nos dijo que íbamos a descansar unos días y después iríamos a por ellos.

Al llegar la tropa de Jesús Carrera fue muy grande mi alegría al ver por primera vez a Ramiro Lorenzo Vega y a mi gran amigo Eliope Paz Alonso.

A Eliope lo había dejado en La Habana después de comunicarle el contacto que yo tenía con los alzados del Escambray. También se lo había informado a Carlos Gómez en una entrevista que tuvimos en Santa Clara junto a Manolito Solana- de Sancti Spiritus-. Este último murió en Trinidad en diciembre de 1958.

Cuando vi a Eliope sin zapatos y en un estado físico deplorable, pensé que él no estaba físicamente preparado para aquella dura experiencia, pero me equivoque por completo. Eliope fue uno de los guerrilleros más completo y aguerrido del Escambray y así lo demostró hasta su muerte en la Conspiración Batista-Trujillista. A los pocos días Eloy Gutiérrez Menoyo nos reunió para decirnos que íbamos a expulsar a los guardias de aquella zona. Partimos por el camino conocido por La Mata de Café hacia la casa del Congo Pacheco, allí comimos y al anochecer nos dirigimos hacia el cuartel de río Negro para atacarlo, pero antes de llegar Eloy que había que dejar las mochilas allí. Se dirigió a mí y me dijo:

-Tú te quedas cuidando las mochilas.

-¿Por qué?- le respondí

– Porque tú sólo tienes un revólver.

-Pero Eliope también tiene sólo un revólver y va con ustedes- repliqué.

-Eliope se queda contigo- ordenó. Eliope formó tremenda bronca porque él quería ir y Eloy le repitió:

– Tú te quedas con Miguel Camajuaní.

Se fueron y atacaron el cuartel. Eliope muy molesto conmigo me dijo que por culpa mía él no había participado en el combate. Estuvo unos días distanciado de mí, pero todo pasó. A partir de aquel momento Eliope Paz, Beraldo Salas Valdés y yo, fuimos un trío de amigos que nos apartamos sólo en el mes de Febrero de 1959, cuando nos licenciamos en la ciudad de Cienfuegos y nos fuimos para nuestros hogares respectivos.”

Cuando Miguel me envíe la segunda parte te la haré llegar.

Un gran abrazo desde esta bella Ciudad Luz, cubierta hoy por un blanco y frío manto de nieve,

Félix José Hernández.

Un pensamiento en “LAS MEMORIAS DE MIGUEL GARCÍA DELGADO (PRIMERA PARTE).

  1. No soy de camajuani,pero siento un carino muy especial por esa tierra porque mi mama y su familia son de alla,a Miguel Garcia lo admiro muchisimo porque ademas de ser su sobrina creo que es un hombre de grandes cualidades y sobre todo un ser q a pesar de vvivir lejos de su patria siempre ha demostrado su inmenso amor por su pueblo .

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