BISCET, CON LA ESPERANZA DEL NOBEL

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Por  Ricardo González Alfonso

Siempre es grato desayunar con una buena noticia; por ejemplo, que un amigo ha sido puesto en libertad, sobre todo si ese amigo departió con uno varios años de prisión.

Pero no ha sido la única alegría reciente. Hace pocas semanas, ese compañero de cárcel, el Dr. Oscar Elías Biscet, un de 49 años,  fue propuesto al Premio Nobel de la Paz del 2011. Alegría que se multiplica por dos, porque anteriormente había sido presentado como candidato otro amigo: Oswaldo Payá Sardiñas.

La última vez que conversé con Biscet fue en la prisión habanera Combinado del Este. Era el mismo de siempre. Calmo, con la sonrisa de los invictos, con la sabiduría de quien sabe escuchar, con el optimismo objetivo de quien vislumbra el futuro.

Comencé a saber de Biscet allá por los años 96 ó 97,  a través de  las noticias que generaban sus protestas contra el aborto. Entonces este médico para mí no era más que la información sobre un desconocido.

Seré sincero. No recuerdo cuando nos encontramos por primera vez; pero seguro que fue en su casa, en la barriada de Lawton, gracias a mi esposa,  quien antes de conocernos  ya era amiga del matrimonio Biscet-Morejón.

Mis relaciones con él se acrecentaron en el verano del 99, cuando el Ayuno de Tamarindo 34.  Una acción cívica que organizó Biscet, y que junto a otros disidentes la prolongarían durante 40 jornadas, alcanzando una repercusión mundial.

Como periodista de Cuba Press me correspondió dar seguimiento a la dimensión que iba alcanzando este ayuno por el interior del país. Todos los días se sumaban opositores y simpatizantes en cualquier ciudad o pueblo, y lo hacían más allá de las  tendencias políticas.

Como líder de la Fundación Lawton de Derechos Humanos organizó numerosas marchas desde el capitalino Parque Butari al de Dolores. Siempre estos desfiles fueron reprimidos por la policía política, y Biscet y sus seguidores iban a parar unos días a los calabozos del centro de investigaciones de Cien y Aldabó. En sólo un año y medio lo arrestaron en 26 ocasiones.

En una finca del municipio de Arroyo Naranjo, en la periferia de La Habana, fundó una escuela de desobediencia civil. Un “alumno y disidente” –sin dudas un agente infiltrado – provocó con palabras al dirigente opositor, y acto seguido le propinó un puñetazo en  la boca. Biscet, perdió un diente; pero él, un mulato corpulento, tuvo el coraje de contenerse. Después se supo todo: la Seguridad del Estado había preparado este desafío para grabarlo en vídeo, y desacreditar al líder pacifista mostrándolo en una acción violenta.

No fue la única agresión. Durante un arresto en la provincia de Matanzas un policía le efectuó bruscamente un registro corporal. Biscet le dijo: “Dios te ama”. El agente se enfureció y lo quemó en el brazo con un cigarrillo. El disidente reaccionó respondiéndole otra vez: “Dios te ama”.

El 28 de octubre del 99 se realizó en la casa de Biscet una conferencia de prensa para informar sobre los diferentes actos organizados con vista a la IX Cumbre Iberoamericana que se celebraría en La Habana.

Allí, antes que se iniciara la conferencia, entrevisté a Biscet en la terraza de su casa, una terraza amplia que se asoma a la avenida Acosta. Si mi memoria no me engaña, cuando comencé con mi batería de preguntas todavía no estaba una bandera cubana colocada al revés en señal de protesta. Lo cierto es que yo la vi sólo cuando terminé la entrevista. (Días más tarde, por la posición de esa bandera, a Biscet lo enviaron a prisión) Concluida la conferencia de prensa salí en bicicleta a casa de una colega que vivía cerca. Llamé a Radio Martí y me respondieron que ya estaba listo el noticiero de las doce, que la información saldría a las 4 de la tarde.

–          La noticia del mediodía es esta, la de las cuatro será cómo va a acabar aquello.

Por suerte en Radio Martí me hicieron caso. La noticia de las cuatro fue el descomunal acto de repudio que sufrieron Biscet, su familia y algunos de sus seguidores.

Unos días antes de la Cumbre Iberoamericana Fidel Castro pronunció un discurso en el cual mencionó a los principales dirigentes de la oposición. A Biscet no sólo lo nombró, sino que le dedicó varios párrafos. Cuando concluyó el discurso, a las 2 de la madrugada, llamé a Biscet. Fueron sus últimas declaraciones antes de ser condenado a tres años.  La sanción la cumplió en la provincia de Holguín, a 772 kilómetros de su hogar, en una cárcel con un nombre emblemático: Cuba Sí. Amnistía Internacional lo adoptó como prisionero de conciencia.

El 31 de Octubre del 2002 Oscar Elías Biscet es excarcelado. El 6 de diciembre de ese año la policía política lo vuelve a detener.  En el 2003, durante la Primavera Negra, lo absuelven del último arresto, pero acto seguido lo condenan a 25 años de cárcel  como parte del llamado grupo de los 75.

Cuando los gobiernos de Cuba y de España, con la mediación de la Iglesia Católica, llegan al acuerdo de excarcelar y desterrar a Madrid a un grupo de prisioneros de conciencia,  Biscet se niega a ser liberado si tiene que exiliarse.

El viernes 11 salió de la cárcel. Él prosigue con su determinación de permanecer en Cuba luchando pacíficamente por la democracia. Sin dudas es un magnífico candidato para el Nobel de la Paz.

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2 pensamientos en “BISCET, CON LA ESPERANZA DEL NOBEL

  1. Un futueo candidato a la presidencia de Cuba despues del desmoronamiento del castrismo. Hombre de talla y principios. Historial verdadero y de trayectoria transparente. Su arma no es el microfono ni las retoricas de que los Castro hicieron de Martí su autor ni fuera de Cuba otros utilizan al Apostol para consignas y plegarias. Ambos ha vivido de su recuerdo.
    La realidad de Cuba no es ni del siglo IXX ni parte del XX es algo nuevo con diferentes matices. Cuba necesita una liberación de sus errores pasados y presentes con una ideología democrática nueva. Nuevas figuras jovenes desprovistas de arrastres y resabios se impinan dentro del espectro nacional e internacional. Biscet, Fariñas, Yoani, las Damas de Blanco y otras figuras que han roto barreras dentro del ciberespacio con sus denuncias y reclamos. Una nueva sociedad civil y el respeto a los derechos humanos de la gente. Sin Fidel (moribundo), Raúl, “Machadito” Ventura, “gallego” Fernández, Bruno Rodríguez, Colomé Ibarra y decenas más de octogenarios participativos dentro de un cúpula obsoleta y oxidada que bastante han chupado “la teta a la vaca”.

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