Treinta años de destierro y de Libertad

 

 

París, 21 de mayo de 2011.

Mi inolvidable Ofelia:

Hoy se cumplen treinta años de aquel abrazo de despedida que me diste en nuestro hogar de la calle Soledad en Centro Habana. Después de haber pasado un año « apestados » en nuestro país, acosados por los « gloriosos » dirigentes del « glorioso » C.D.R.: Arranz, Fina Down y su hermano el « compañero » comandante, que nos vigilaba desde la ventana del inmueble de enfrente, verdadera torre de control del tercer piso y… el peor de todos: Ramón Vázquez, organizador del bochornoso mitin de repudio contra nosotros. Éste último había vociferado por el megáfono del C.D.R. que nos daría una buena “monda” antes de que nos fuéramos del país, para que recordáramos la intransigencia revolucionaria del C.D.R. Leopoldito Martínez.

Aquel 21 de mayo de 1981 estaban en la terraza del aeropuerto José Martí mi padre y mi cuñada Magdalena. Yo llevaba un pañuelo rojo, que agité al subir la escalerilla del avión, como habíamos convenido, señal de que habíamos logrado pasar la temible aduana.

Subimos al DC-10 de Iberia que nos conduciría hacia La Libertad (Madrid). Estábamos ya sentados cuando mi vista se cruzó con la de la empleada de Iberia que nos había vendido los billetes en la oficina de La Rampa. Al verme con lágrimas en los ojos me dijo: ¡Buena suerte! Fueron las últimas palabras cubanas que escuché antes de que el avión despegara.

Dicen que cuando se acerca la muerte, la persona ve desfilar ante sí toda su vida; yo la vi durante aquel viaje sobre el Atlántico que fue como un desgarramiento. Me sentía Libre, pero no podía imaginar cuantos tragos amargos tendría que soportar, sobre todo en los primeros tiempos en la que sería mi Patria de adopción: la caída hasta el fondo de la escala social, analfabeto y « machucando » el francés con un acento que me hacía pasar como tonto a los oídos de los racistas e ignorantes de este gran país y, el no tener ni un franco en el bolsillo, en una sociedad capitalista de consumo desenfrenada.

Después de cuatro meses en un foyer (hogar para refugiados políticos) en Saint Martin de Crau, cerca del Mediterráneo, regresamos a París y comencé a trabajar en una fábrica como peón, en los arrabales parisinos de Villeneuve Saint -Georges. El día en que tuve que palear fango bajo la nieve hacia camiones, durante largas horas hasta que sonó la sirena a las 5 p.m. Caí desplomado por el cansancio y allí casi cubierto por el fango y la nieve, sin testigos, me puse a llorar al imaginar que si mi madre me hubiera visto en aquellos momentos: sucio, en una cuneta y con el frío que parecía que me iba a partir la nariz, las orejas y los dedos, se hubiera conmovido . De niño ella me decía siempre: “tienes que estudiar, si no lo haces, lo que te espera es cortar caña”. Y yo estudié: Italiano y después obtuve el diploma de Profesor de Geografía. Durante once años trabajé en Cuba como profesor de Geografía, primero en los Camilitos de Cubanacán y Baracoa, después en las E.S.B. William Soler, Ignacio Agramonte y por último en la Mártires de Humboldt 7. Durante el verano y las Navidades, trabajaba como intérprete y guía de delegaciones de « compañeros » italianos que iban a la Isla del Dr. Castro en peregrinaciones políticas.

Mientras tanto, mi esposa, que había logrado salvarse del linchamiento de los « compañeros » del Ten Cent de Galiano, en donde trabajaba, al lograr huir por la calle San Rafael hasta nuestro hogar, ahora trabajaba como criada en casa de una familia adinerada. La Sra. gala la puso a pulir los muebles con un producto que le quemó las manos y como “compensación”, le aumentó el « salario » de un franco (15 centavos de dólar en aquellos momentos) al día. Esta señora era muy católica, apostólica y romana, ya que la encontrábamos cada domingo en la misa. Como buena cristiana, al salir a la acera ofrecía una moneda a alguno de los pobres que se acercaban a las puertas de la Chapelle Saint Lèon.

Recuerdo que cuando mi padre fue a devolver el uniforme con el cual había salido huyendo mi esposa al Ten Cent de Galiano y recuperar sus ropas del vestuario, aceptaron el primero, pero según parece alguna « compañera » había revolucionariamente confiscado las ropas de la « gusana ».

Mi hijo, que había sido expulsado a la edad de cuatro años del Círculo Infantil « 19 de Abril », pues según su directora, no quería hijos de escorias allí, estaba ahora en la escuela pública primaria Parmentier, en la que habían hecho un grupo de alumnos extranjeros de varias edades , para que aprendieran el francés. Eran: argelinos, tunecinos, vietnamitas, marroquíes, etc.

Un día el niño me dijo:

-Papá, los niños franceses no quieren jugar conmigo en el recreo.

-¿Por qué?- le pregunté.

-Porque dicen que yo soy extranjero.

Fui a la escuela y me percaté de que todas las filas de los niños de primero a sexto grado estaban formadas por niños franceses blancos, de cabellos castaños o rubios en gran parte, mientras que en una fila aparte, de la cual mi hijo era el más pequeño, estaba compuesta por niños extranjeros que no conocían el francés, de piel mate o canela, cabellos oscuros y rizados, es decir: étnicamente diferentes.

Pedí una cita con la maestra, la cual, al no lograr comprenderme bien, debido al nivel muy bajo de mi francés en aquel momento, me dijo que en Francia era así y… sanseacabó. Yo quería darle mi opinión de que si cada niño extranjero estuviera en un aula con niños franceses, haría más progresos en la lengua, lo cual no ponía en tela de juicio las buenas intenciones de la escuela en hacer un grupo sólo de niños que no conocían el francés para enseñárselo.

Pero al mismo tiempo fuimos conociendo a familias galas extraordinariamente solidarias que prácticamente nos adoptaron, protegieron y ayudaron por todos los medios posibles. Darles las gracias a todas aquí es casi imposible, pues temo olvidar a alguna.

Marie Cécile Borocco fue una mujer que nos hizo pasar excelentes veladas en su apartamento de Montmartre y magníficas vacaciones en su casa de campo a orillas del río Loira.

Mme. Vaz, profesora de español de origen armenio (su familia fue víctima de las masacres efectuadas por los turcos), nos daba clases de francés gratis tres veces a la semana en su casa.

M. y Mme. Villoteau nos prestaron un pequeño apartamento amueblado durante cuatro años y nunca pagamos ni si siquiera el agua o la electricidad.

M. y Mme. Le Sage, que eran farmacéuticos, nos proporcionaban las medicinas gratis, incluso para enviar a nuestras familias a Cuba. Gracias a ellos pudimos ir al dentista gratis.

Mme. Le Page venía cada tarde a nuestro hogar a hacer las tareas escolares con mi hijo para que aprendiera un buen francés. Su esposo Bernard y sus padres, los inolvidables M. y Mme. Roch nos recibían en su casa como si fuéramos de la familia. Celebramos muchas Navidades con ellos y con los estimados amigos Madeleine y Roger Coursier. También hacíamos un gran almuerzo cada año por el cumpleaños de Bernard y el mío el 21 de febrero.

La pareja de Pierre y Geneviève Bourgarel merece el Óscar de la Solidaridad. Cada fin de semana mi hijo lo pasaba en su casa junto a los cinco hijos de ellos, para que aprendiera bien el francés y los juegos de los niños franceses. Fue Mme. Bourgarel la que nos hizo conocer a toda su familia. Una de sus hermanas, Solange Chabouche me presentó al gran Aurelio Pérez.

Aurelio era profesor en un reputado instituto parisino y formador de profesores de español. Fue él quien me hizo conocer a un grupo de profesoras, que como todas las personas anteriormente citadas, son hogaño grandes amigos: Joëlle Fuchs, Jeanne-Marie Nicolas, Marifé Poggioli, etc.

Pasé a trabajar de la fábrica a un supermercado (de donde me pusieron de patitas en la calle por haber roto una botella de cognac), de allí como vigilante nocturno en un hotel (de donde me fui pues estaba harto de que me tomaran por un tipo disponible sexualmente). Los sábados y domingos, junto con mi hijo de seis años repartía folletos publicitarios en los buzones, para ganar algunos francos que paliaran nuestra crisis económica. Durante tres años trabajé como: bibliotecario, documentalista, vigilante escolar y profesor suplente de español. Estuve asistiendo al curso nocturno de l‘Institut Catholique, gracias al cual obtuve el diploma de Documentalista.

Aurelio Pérez me explicó los programas universitarios, me dio clases gratis de gramática, redacción, didáctica, etc. Logré la matricula en la universidad y tres años después obtuve la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas. Posteriormente me preparó para pasar las oposiciones para ser profesor de español y gracias a su ayuda desinteresada logré obtener un puesto.

Mientras tanto, mi hijo estuvo del segundo al noveno grado (gracias a la ayuda de la familia Bourgarel) en la Escuela Sainte Thérèse– de las monjas de San Joseph de Cluny-. Después, gracias a Aurelio Pérez estudió tres años de en el reputado Institut de l’Alma de las monjas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Posteriormente estudió durante seis años en la Universidad de Jussieu y triunfó en las oposiciones para convertirse en profesor de Física y Química.

Tuve excelentes relaciones con las monjitas de l‘Institut de l’Alma donde también trabajé como documentalista, pues ellas fueron expulsadas de Cuba cuando fueron expoliadas de la célebre escuela El Sagrado Corazón, de La Habana.

Mi esposa logró entrar en 1983 en la cadena de Hoteles Hilton, en donde trabajó durante veintisiete años. Ya te expliqué en una carta anterior las numerosas ventajas que obtuvo. Logramos recorrer cincuenta y seis países con sus capitales respectivas gracias a la Compañía Hilton.

Muchos amigos galos me preguntan:

¿Cuáles son los viajes más bellos que has hecho?

-Los recorridos por: Tailandia, Laos, Islandia, el crucero por el Nilo en Egipto, Israel y el crucero de San Petersburgo a Moscú por canales, lagos y el majestuoso Volga.

¿Cuáles son tus ciudades preferidas?

-París, New York, Venecia, Roma y Jerusalén. A todas ellas las conozco tan bien como La Habana, a fuerza de haberlas visitado y recorrido numerosas veces. ¡Son mis ciudades!

-¿Cuáles son los países que ocupan un lugar en tu corazón?

-Cuba, España, Francia, Italia y los E.UU.

¿En qué países no te sientes extranjero?

-En España, Italia, República Dominicana y Puerto Rico.

¿Cuándo te retires a los 65 años, a dónde te gustaría ir a vivir?

-Sin lugar a dudas a Isla Verde en Puerto Rico, por su clima, su mar, su flora, su belleza y su gente maravillosa.

¿En dónde viven la mayor parte e tus amigos y familiares?

-En Miami, París, New York y en la isla bellísima italiana de Ischia.

¿Cuáles han sido los momentos más felices de estos treinta años

-La llegada a Madrid directo desde La Habana el 21 de mayo de 1981, la graduación y la boda de mi hijo y los bautizos de mis dos nietos.

¿Cuáles han sido los momentos más duros?

-El no haber podido acompañar a mis padres en los últimos momentos de sus vidas allá en mi lejana Patria.

¿Qué es lo que más te ha indignado desde que eres un hombre Libre?

-La masacre del transbordador 13 de marzo, la devolución del niño Elián a Castro, el derribo de las avionetas de los Hermanos al Rescate, los atentados del 11 de septiembre en los EE.UU. y los de los trenes en Madrid.

¿Cuáles han sido los momentos de gran emoción?

-La caída del Muro de Berlín y el derrumbe del Bloque Comunista del este de Europa.

He trabajado quince años en la universidad como profesor de Civilización de América Latina, gracias a mis amigos del Cono Sur Osvaldo y Luis, que me recomendaron y presentaron a la catedrática Louise Benat -Tachot, jefa del Departamento de Letras, a la que considero como una de las mujeres más brillantes que he conocido.

Nuestro hijo se casó con una chica encantadora, profesora de Economía y de esa historia de amor han nacido dos retoños maravillosos, un niño que hoy tiene cuatro años y medio y una niña de dos años y medio. Es el regalo más bello que Dios nos ha podido hacer. ¡Cómo te hubiera gustado estar en esa bella boda y en los bautismos de mis nietos!

He realizado todos mis sueños de Libertad: he recorrido el mundo junto a mi pequeña familia, he escrito y publicado más de mil crónicas en mis “Memorias de Exilio” gracias a http://www.camcocuba.org . Cientos de ellas han sido publicadas en http://www.cubanuestra.eu (Estocomo), http://www.cubamatinal.es (Madrid) y http://www.cubaenelmundo.com (Miami).También he publicado diez libros en Tenerife España de la serie “Cartas a Ofelia” gracias al Taller-Escuela de A.F.I.Sc. “eu’93” (EUROPA Actualidad): http://www.eu93.net He podido leer, ver, escribir, andar, visitar, escuchar todo lo que he deseado sin ningún tipo de limitaciones.

Soy miembro del Colegio Nacional de Periodistas de la República de Cuba en el Exilio y del Pen Club de Escritores Cubanos en el Exilio. He ganado tres premios internacionales de periodismo y uno literario.

He tenido colegas extraordinarias que me han aportado un gran enriquecimiento cultural y sobre todo humano: Maryse Buisson, Catherine Blanchet, Marie-Paule Romain, Madeleine Le Page, Françoise Salavert, Geneviève Escande, Claire Koegler, Claire d’Orgeix, Daniele Lee, etc., a las cuales doy mis más sinceras gracias por brindarme tanto desinteresadamente.

En 1985 Marie-Paule y su esposo firmaron un documento junto a mi esposa y yo frente a un notario, por el cual se comprometían a adoptar a nuestro hijo en caso de que nosotros muriéramos o nos viéramos en la imposibilidad de mantenerlo y educarlo. Ese fue un gesto bellísimo de esa gran pareja de amigos.

Mis amigos españoles : Fernando y Carmen Domenech, junto a toda su gran familia y la de Manuel y María Álvarez junto a la de ellos, han compartido con nosotros a lo largo de estas décadas todo lo que poseen, en nuestras numerosas visitas a nuestra querida Madre Patria. Un recuerdo especial es el de nuestro inolvidable y fiel amigo Jesús Álvarez que debe de estar en estos momentos muy cerca del Señor.

En la espléndida Italia tenemos tantos amigos que tengo el temor de olvidar aquí a alguno. Todos nos han brindado amistad y hospitalidad en nuestros numerosos recorridos por su tierra: Nello, María Rosaria, Antonio, María Teresa, Gino, Gió, Renato, Rosita, María Angela, Elena, Titti, Diana, Amelio, María, Bruna, Cecilia y un largo etcétera.

Italia ha dado una nueva Patria a mi hermano, su esposa e hijos, por lo que le estaré eternamente agradecido.

En estos treinta años he aprendido algo muy difícil: ¡A SER LIBRE! Lo que significa tolerar a los que son diferentes a nosotros por sus ideas políticas, su religión, su origen étnico, sus gustos, sus pasiones, etc. También a no decir: “estás completamente equivocado” o “te equivocas”, sino simplemente: “no comparto tu opinión”.

No es fácil conversar con los egocéntricos, megalómanos, manipuladores y monopolizadores de la verdad, ex propagandistas y funcionarios del régimen de los Castro, que llegan a estos lares desde nuestra sufrida Patria y desean convertirse en “magníficos disidentes”. En realidad no es culpa de ellos, sino del sistema que los convirtió en el HOMO NOVUS CUBENSIS MUTANS con el que soñó el Ché, según la propaganda oficial.

Vivo en el país considerado como el más culto del mundo y en la ciudad más bella del mundo, sin lugar a dudas es cierto, pero aquí, aunque mi pasaporte es francés desde hace veinticinco años, siempre seré considerado por el hombre de a pie como un extranjero.

Trabajo en un celebérrimo Instituto parisino en donde tengo como alumnos a los hijos de la élite política, económica y social de la Nación, es decir que provienen de familias cultas, educadas con los valores humanos de esta gran democracia burguesa francesa.

A veces me pregunto si no hubiéramos podido salir de Cuba hace exáctamente treinta años… ¿Qué habría sido de nuestras vidas? Quizás estuviéramos presos o ya digeridos desde hace años por los tiburones que abundan en el tristemente célebre para los cubanos Estrecho de la Florida.

Me queda sólo un sueño por convertir en realidad antes de que llegue “el naufragio de la vejez”, como dijo el gran Charles de Gaulle y es, el de poder recorrer mi Tierra, mi Patria para mostrar a mi hijo, su esposa y mis nietos, los lugares que formaron parte del pasado de nuestra familia y de mi infancia, adolescencia y juventud.

Sólo Dios sabe el alto precio que hemos pagado y seguimos pagando por la Libertad. ¡Pero ha valido la pena!

Hoy Annick, una querida colega me ofreció un bellísimo escrito sobre el exilio. Te lo comentaré en mi próxima carta.

En la foto que te adjunto, tomada por mi sobrino Víctor Manuel (cuando estuvo recientemente de vacaciones aquí en La Ciudad Luz junto a Lia, su encantadora prometida), en La Salle des Gens d’Armes de la Conciergerie de París. Allí donde estuvieron presos miles de franceses antes de ser llevados en carretas hasta la guillotina durante el período de La Terreur de la Revolución Francesa, hay un libro de visitas. Puse mi bastón junto a él y escribí mi divisa: NON BENE PRO TOTO LIBERTAS VENDITUR AURO (La Libertad no se vende ni por todo el oro del mundo).

Un gran abrazo con inmenso amor y nostalgia después de treinta años de separación, de quien te querrá hasta el final de su tiempo,

Félix José Hernández.

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