RAUL DESHOJA LA MARGARITA

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Foto: Luza

Raúl, sentado frente a la cama donde convalece Fidel, se entretiene en deshojar una margarita:

 

Raúl: (Al tiempo que arranca los pétalos, uno a uno) Me quiere. No me quiere. Me quiere. No me quiere.

 

Fidel, se despierta. Escucha lo que está diciendo Raúl. Con enfado, le pregunta:

 

Fidel: ¿Qué rayos haces, chico? ¿Estás enamorao, y no sabes si te quieren o no?

 

De pronto, Raúl, tras arrancar el último pétalo, lanza un grito desgarrador:

 

Raúl: ¡Noooooooooooooooooooooooo!

 

Fidel: (Dando un puñetazo en la almohada) ¡No qué, chico!

 

Raúl: (Ahogado en sollozos) ¡No me quiere! ¡No me quiere!

 

Fidel: (Dándole dos galletazos a su hermano para que deje de llorar) ¿Quién demonios no te quiere? Recuerda que, desde el punto de vista marxista-leninista-estalinista-maosetunista-gadafista-hijuntaísta-evomoralista y chavista, quien no te quiere a ti, no me quiere a mí. Por lo tanto, dime inmediatamente quién no te quiere e, ipso facto, ordenaré que le pasen por las armas en el paredón de fusilamiento.

 

Raúl: (Gracias al par de galletazos, ha dejado de llorar) ¡La margarita me ha dicho que el pueblo no me quiere! Y si el pueblo no me quiere a mí, como tú acabas de decir, desde el punto de vista marxista-leninista-chavista-trujillista-somocista-hitlerista-kin-il-sunguista – king konguista y sandinista …¡tampoco te quiere a ti!

 

Fidel: (Sacando la pistola Makarof y tirando cuatro tiros al aire) ¡Aquí no hay margarita

ni margarito ni mariquita ni mariquito ni Nikito ni Nikita lo que se da no se quita, que diga que el pueblo no me quiere a mí! ¡Eso está terminantemente prohibido por nuestra hiper-extrasuper-democratísima, de talla grande, Constitución Socialista!

 

Raúl: Pero, Papaísimo mío, no podemos llevar al paredón a los casi doce millones de habitantes de este país.

 

Fidel: Entonces trae otra margarita, y deshójala  a ver qué pasa. (Sonriendo socarronamente) Quizás la que tú cogiste la mandó la congresista Ileana Ross Lethinen, Aznar o la Merkel.

 

Raúl, deshoja otra margarita; pero, el resultado es el mismo. Fidel, le ordena a un agente del G-2 que traiga un saco con no menos de mil o dos mil margaritas. Llegan las flores. Raúl las deshoja una por una y, siempre, el último pétalo coincide con la frase: no me quiere.

 

Al tiempo que frunce el ceño, se mira la punta del dedo gordo del pie derecho con el ojo izquierdo, y se rasca el ombligo con el cañón de la Makarof, que sostiene por la culata con ambos codos, las dos orejas y los tres  tobillos, porque lleva uno de repuesto, Fidel le dice a Raúl:

 

Fidel: Tenemos que hacerle trampa a la margarita.

 

Raúl: (lanzando una carcajada) Se me había olvidao que  eres el tramposo más tramposo que existe en el mundo del hampa, digo, de la trampa.

 

Fidel: (Cogiendo a Raúl por el cuello de la camisa y zarandeándolo) Pero, fíjate bien, Alfredo, filli mío, mi caríchimo filli de la familia castroni, en lo que te voy a decir pa que no falles: cuando te  falten cuatro  pétalos por deshojar, di la frase “no me quiere”, y arranca tres pétalos de una sola vez. De esa manera, el último pétalo corresponderá inexorablemente, mal que le pese a la mafia de Miami, y a la Lethinen,  al: “me quiere”.

 

Raúl: Padriníchimo mío! Eres un bárbaro, caballón.

 

Fidel: I’m the best!

 

Raúl: You are the beast!

 

Fidel: Más grande que yo ni Sandokan. Soy el tigre de la Cubasia.

 

Raúl: La Cuba y la Bestia.

 

Fidel:

 

                Chicose alada tanganikática mi efripa

                de calicanto la ditirambiticó

                chupó del chapo la pitírrica

                chiripa, chipirondó.

 

Raúl:

 

                Ay ara tom pa tan tom

                trombón ti ri pon gón

                chivichaniclena

                timbirichandi bicitaxón

                tum pena tumpi trompón

                ay ara pon ta tan  pom

                margariti chiviricón.

Fidel: Manos a la obra. Agarra una margarita, y has lo que te he dicho.

 

Raúl, coge por el tallo a una margarita:

 

Raúl: Me quiere. No me quiere. Me quiere. No me quiere.

 

Inesperadamente, entra Chávez en la habitación. Raúl, interrumpe lo que estaba haciendo.

 

Chávez:  (dirigiéndose a Raúl) He venido corriendo de Venezuela, porque me he enterado de que estás deshojando la margarita para saber si el pueblo te quiere o no, y, por lo tanto, para saber si el pueblo quiere, o no, a Fidel. ¡Y eso tiene truco!

 

Raùl: No te preocupes, chavito. Ya Fidel ha descubierto una trampa pa que siempre la margarita que deshoje me diga que el pueblo me quiere.

 

Fidel: (Regañando a Chávez) ¡No podías tú ser más inoportuno, chavernícola! Gracias a una dialéctica solución que he inventado, todas las margaritas del mundo siempre le responderán a Raúl, a ti, a mí, a Evo, y a quien nos dé la gana de darles el secreto, ¡que el pueblo nos quiere!

 

Chávez: ¡Mi hermano, estás en un grave error! La trampa de la respuesta de la margarita nos la han preparado Ileana, Aznar y la Merkel.

 

Fidel: ¿Qué dices, Chavecantropus? ¡Aquí la única trampa que vale es la mía, que pa eso soy el Comandante en Jefe de los tramposos, mafiosos, hamposos, camorrosos, drogadictosos, marañosos, mentirosos, triquiñuelosos, intrigosos y criminalosos del mundo entero!

 

Raúl: Te faltó por decir, también, los mariposos.

 

Fidel: ¡Yo con los mariposos no quiero ni el menor de los tiki tiki!

 

Chávez: ¡Saben ustedes cuál es el peligro mortal del deshoje de la margarita que nos ha preparado el imperialismo norteamericano asociado al aznarismo y al merkelismo?

 

Fidel: (intrigado) Acaba de decirnos lo que sea, cuando sea, pa lo que sea y donde y con quien sea de la dichosa margarita Thatcher. ¡Si yo hubiera sido inglés, yo habría deshojado a la Margaret Thatcher!

 

Chávez: A propósito, les voy a recitar lo último que hice en mi programa  Aló Presidente.

 

El dictador venezolano se pone a declamar dándose, de vez en cuando, golpes en el pecho, y profiriendo aullidos selváticos:

 

                Margarita,

                está fea la mar,

                y el viento lleva

                la esencia sutil

                de Aznar.

 

                Margarita, te iba

                a contar un cuento,

                pero no te lo puedo contar

                porque a Raúl y a Fidel,

                si te deshojan,

                ¡Se los va a llevar el viento!

                como quieren

                la Merkel, la Ileana y Aznar.

 

Raúl, emocionado, aplaude. Fidel, gruñe. Tras el gruñido, le ordena a Chávez:

 

Fidel: ¿Qué lío te traes con la margarita, Chavecuaternario?

 

Raúl: Eso. Eso. ¡Qué cuando llegaste ya yo estaba a punto de lograr que la margarita me diera el sí me quiere el pueblo!

 

Chávez: Les voy a hacer una pregunta, compadres. ¿Dónde está la Isla Margarita?

 

Fidel: Al noreste de Venezuela.

 

Chávez: ¿Quién es el presidente, Comandante en Jefe, Primer Ministro, sabio entre los sabios, primero en todo, secretario de todo, jefe de todo y mandamás de todo, en Venezuela?

 

Fidel y Raúl: ¡Tú!

 

Chávez: Eso quiere decir, que si la Isla Margarita pertenece a Venezuela, y si yo soy, como soy y seré, por los siglos de los siglos, el que más manda en ese país, pues, por simple lógica, yo soy el que conoce todos los secretos de la margarita. ¿Es o no es?

 

Raúl: ¡Es!

 

Fidel: ¡Qué así sea!

 

Raúl: ¡Ora Pro Nobis!

 

Fidel: ¡Seculum Seculorum!

 

Raúl: Aedes Aegyptis.

 

Fidel: El que no rabota no manduka.

 

Raúl: Qui s’est rascum et porque le pikum.

 

Fidel : In nomine de mío filli, y de menda que soy il padrini.

 

Chávez: El secreto, mis queridísimos receptores gratuitos de mi petróleo y de mis petrodólares, de la margarita es …

 

Fidel: ¿Es qué?

 

Raúl: ¿Quo Vadis? ¿Where are you going? ¿Adónde vas?

 

Chávez: Es que, si la margarita, al deshojarla, finalmente te responde: no me quiere, no quiere decir que el pueblo no los quiera a ustedes.

 

Raúl: Nié purimayu. Yo no comprender, tobarich.

 

Fidel: ¿Quiere decirum que pueblum nos quierin a nusutris?

 

Chávez: No. En ese primer caso, lo que la margarita quiere decir es que, el pueblo cubano, no los quiere a ustedes, a ninguno de los dos, vivos.

 

Fidel: ¿Y cómo es que nos quiere el pueblo, chaveztoceno?

 

Chávez: Muertos.

 

Raúl: ¿Muertos?

 

Chávez: Ni más ni menos.

 

Fidel: Qué bruto eres, Chavecenozoico. A nosotros no nos interesa que la margarita nos responda que el pueblo no nos quiere, sino, todo lo contrario: lo que nos interesa es que la respuesta sea: me quiere, es decir, que el pueblo quiere a Raúl, y, por lo tanto, me quiere a mí, y a ti, y a Evo.

 

Raúl: Eso. Eso. Chavecillo, hazle caso al padrino.

 

Fidel: Y pa que la dichosa margarita le responda a Raúl, sin dudarlo ni un segundo: me quiere, es que yo inventé una trampa mediante la cual su respuesta siempre será la que nos conviene, y no esa que tú dices.

 

Chávez: ¡Ahí es donde está el truco Aznariano, merkeliano,  Ross Lethiniano!

 

Fidel: ¿Qué truco, chavesaurio?

 

Chávez: Es que cuando la margarita le responda a Raúl: me quiere, eso no quiere decir que el pueblo los quiera a ustedes, ni que me quiera a mí, ni que quiera a Evo.

 

Raúl y Fidel: (Perplejos) ¿No?

 

Chávez: Claro que no. Lo que quiere decir esa frase, no es que el pueblo nos quiere

como ustedes se imaginan.

 

Fidel y Raúl: ¿Y cómo nos quiere el pueblo?

 

Chávez: ¡Muertos!

 

Fidel: Ahora comprendo: no me han podido matar con cientos de miles de atentados, y se han decidido a darme una muerte ridícula, que los diarios sacarán, en primera plana, bajo el título:

 

MUERE FIDEL A MANOS DE MARGARITA

Chávez: (Haciendo gestos con las manos)

 

                Margarita,

                ya que lejos de mí vas a estar,

                en unión de la Merkel, Ileana, y Aznar,

                guarda, florecita,

                un senil pensamiento

                al que un día,

                a través de Aló Presidente,

                te quiso contar

                un cuento.

 

Fidel: (Contagiado con Chávez):

                Margarita,

                Thatcherita o Merkelita,

                Aznarita o Ross Lethinita:

                no permitas que yo muera,

                ¡A manos de un mariquita

                que se llama Margarita!

 

Raúl: ¡Eso! ¡Eso!

Nota: Por Derecho de Autor, autorizo la publicación de esta sátira, siempre que se haga sin modificación alguna, y adjuntando mi nombre y apellidos, mi email y blog.

 

Autor: Héctor Peraza Linares

www.hectorperaza.blogspot.com

hector.peraza.linares@hotmail.com

Desde un lugar de Madrid,

madrugada del 8 de julio de 2011

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