Propaganda versus participación ciudadana

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Por José Gabriel Ramón Castillo

 

El régimen castrista nunca antes había desplegado tanta propaganda y agitación política como la que lleva a cabo en estos momentos. Precisamente, hace varios meses, a través de la empresa Olympusat, que se dedica a la distribución de canales independientes para el mercado latino, lanzó un canal de televisión, Cubaplay TV, en los propios Estados Unidos.

 

Olympusat es afiliada de Ocean Communications inc, una empresa con sede en West Palm Beach, Florida, y fue fundada después de la caída del Muro de Berlín. En la actualidad es la primera compañía independiente en ofrecer un paquete de cadenas en idioma español y el mayor propietario, distribuidor y principal proveedor de canales de programación independiente en cable, satélite, también en multiplataformas como móvil, banda ancha y servicios de DVD.

 

CubaPlay TV, con programación 100 por ciento de la televisión gubernamental consistente en deportes, películas, documentales, programación infantil, telenovelas y comedia, marcados del ‘mensaje socialista’, se distribuye a través de los principales servicios de cable y satélite como DirectTV, DishNetwork y Comcast, amparado en la Enmienda Berman, de 1989, que permite a ciudadanos norteamericanos adquirir obras de arte y materiales informativos como excepción al Embargo, amparándose en ‘derechos constitucionales’.

 

En los Estados Unidos y parte de Latinoamérica, donde llega también la señal televisiva, nadie se sonroja por lo que ve, sin embargo, se sacan conclusiones al respecto: hispanos y norteamericanos constatan la cruda realidad de los cubanos,  contrastan los aciertos y errores de una u otra sociedad y hacen sus propias valoraciones sobre si vale la pena ir o no a la isla a disfrutar del sol y las playas cubanas.

 

El canal salió al aire al momento de la puesta en marcha de las reformas económicas de Raúl Castro a finales del pasado año. Castro tiene los ojos puestos en inversionistas extranjeros, y no precisamente en los capitales norteamericanos, y  está completamente convencido de que logrará sus propósitos al ofrecer la mejor oferta de mercado al presentar un país sin revueltas sociales donde su gente está enfrascada en salir adelante.

 

Algo de cierto hay en todo esto cuanto a lo largo y ancho del territorio nacional crecen paladares, puestos de viandas y chiringuitos. Sin embargo, la vida de los cubanos sigue reducida al dependentismo estatal y a las objeciones de un Régimen que no otorga libertad alguna.

 

Raúl Castro ha hecho varios gestos que dan la impresión de haber entrado en una dinámica de cambios profundos o al menos da a entender que puede ir más allá de lo que anunció hace meses reforzados en las intervenciones en el VI Congreso del Partido Comunista.  Por muchas razones excarceló a un buen número de presos políticos y le propició la salida al exilio. Los tiempos en Cuba los marca él y no quiere obstáculos en el camino de la sucesión.

 

Lo tiene claro, los que al parecer no lo tienen claro son muchos que siguen anclados en la ortodoxia anticastrista, que se reduce a promover un levantamiento popular en la Isla. Hecho que tiene pocas probabilidades de ocurrir y en caso de suceder con escasas posibilidades de éxito, salvo si los Estados Unidos intervienen y echan a los Castro de una vez y por todas, cuestión casi improbable por la política trazada por el gobierno de Barack Obama, desmarcada de sus antecesores.

 

Los norteamericanos no han eliminado el Embargo ni normalizan las relaciones con Cuba porque pesan enormemente los crímenes del castrismo. Por esta razón el fin del conflicto cubano se vislumbra con la desaparición física de los Históricos de la revolución castrista.  Mientras eso sucede prefieren una Cuba tranquila, viendo con buenos ojos a los nuevos agentes de cambios de la sociedad civil cubana.

 

Los Estados Unidos siguen sin entender que la dinámica del cambio está en una resoluta vida participativa de la Nación cubana cuanto la nación vive en la isla y vive en la diáspora, (…) “sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá fuera” y es un único pueblo que, “navegando a trancos sobre todos los mares”, sigue “buscando la unidad que no será nunca fruto de la uniformidad sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad”, como dijera el Monseñor Pedro Meurice.

 

El ex Arzobispo de Santiago de Cuba, oportunamente señaló que los cubanos han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que ha vivido en las últimas décadas y la cultura con una ideología.

 

“Son cubanos que al rechazar todo de una vez, sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan lo de aquí y sobrevaloran todo lo extranjero. Algunos consideran ésta como una de las causas más profundas del exilio interno y externo”.

 

La ciberguerra que tiene lugar en la blogosfera cubana no es la medida de lo que acontece realmente en la isla ni  siquiera la resultante apologética de los entuertos televisivos de la propaganda castrista, mucho menos la manifestación tácita de intereses geopolíticos, sino que es el matiz ideologizante de la batalla civilista entre los componentes sociales de la Nación cubana.

 

Recientemente Yoani Sánchez comentó en su sitio de Twitter, y cito textualmente sus palabras, que “a cada periodista oficial, léase agitador cibernético del Régimen cubano, se le exige dentro de su contenido de trabajo un blog para difundir la verdad de la revolución”.

 

A tales efectos, la conocida bloguera, dice: “adiós a la espontaneidad! y acto seguido pregunta. ¿Qué libertad puede disfrutar un blog o cuenta de Twitter orientada y mandada a hacer por un gobierno?

 

La policía de pensamiento asaltó Internet y organiza y dirige ‘actos de repudio’ a diestra y siniestra. Qué pena que estas cosas ocurran y que vergüenza para un gobierno que se lava la cara traficando los conflictos de sus ciudadanos.

 

Está demostrado que el ser humano tiene dos facetas psicológicas importantes: decide y actúa guiado por la percepción que desarrolla de la realidad y no por una realidad objetiva constatada. Si no puede atribuir consecuencias a las acciones se siente desmotivados para desarrollarlas y se comporta contemplativamente.

 

Los cubanos, tanto los de adentro como los que están afuera, no creen en los cambios democráticos no sólo porque están mal informados, desinformados o manipulados, como suele decirse constantemente, sino porque tienen una percepción de la realidad muy desajustadas a la naturaleza objetiva de su existencia. Esta “verdad” se ha aprovechado siempre por parte del poder establecido para el desarrollo propagandístico y la manipulación mediante los medios de información totalmente bajo su control.

 

La incredulidad de los cubanos está permeada también de impotencia política al ver que su participación en la

sociedad se reduce a las pocas oportunidades brindadas por el Régimen y las inconsecuentes propuestas de la Oposición cívica, que no pasan de ser planteamientos políticos o económicos, en la mayoría de los casos sin plan de acción ciudadano para llevarlas a vías de hechos.

 

El presente y futuro democrático de la Nación cubana está signado por la participación ciudadana, de ahí que deben darse pasos concretos, como propone el Plebiscito Nacional Cubano, para trazar una estrategia de cambio sobre la base del poder del individuo y la nación. Esta propuesta constituye, en sí misma, un hecho trascendental cuanto plantea la necesidad de establecer la consulta popular en las leyes cubanas y pone a prueba la capacidad del Régimen a someterse al escrutinio público.

 

El Plebiscito Nacional Cubano está planteado para iniciar un proceso de transformaciones democráticas y los ciudadanos participen en la decisión de sus destinos como nación.

 

La pregunta de cómo participar en los cambios cuya respuesta sitúa a la personas ante otros interrogantes: ¿cómo quiere que sean esos cambios?, incluso ¿cuál es el papel decisorio de esta acción ciudadana en las transformaciones democráticas?, ¿cómo quiere integrarse y desarrollarse socialmente?, ¿cómo, de dónde, y de quién quiere informarse?, sitúa estratégicamente el planteamiento cívico por delante de otras propuestas que no pasan de ser meras acciones tácticas intrascendentes.

 

Las tácticas nunca han ganado una guerra y la Oposición cívica cubana debe plantearse el conflicto No-violento cubano en términos estratégicos y pragmáticos y no inhibirse entre la argumentada vigencia de la Constitución del 40 y la irresoluta Carta Magna castrista de 1976.

 

Es real y evidente el peligro del  establecimiento de una ‘democracia totalitaria’ en el país, a lo que al parecer quiere llegar Raúl Castro con la sucesión. El  súmmum castrista se reproduce constantemente a través de la propagación de su ideología y el único modo de evitarlo es mediante la participación ciudadana en los asuntos públicos.

 

El empoderamiento ciudadano, que no es ni más ni menos que la participación activa de los ciudadanos y ciudadanas en las decisiones de Estado, es una cuestión que debe estar planteada como norma y práctica social opositora para poner fin al sistema doctrinario de la maquinaria estatal-partidista generadora de “pensamiento único” y amansadora de conciencias.

 

El ciudadano cubano está llamado a controlar los  órganos políticos, económicos y administrativos, que le permitan alcanzar sus objetivos sociales y establecer un sistema acorde a los tiempos actuales planteándose introspectivamente la cuestión de un cambio cultural personal y nacional.

 

Los hechos tienen varias lecturas: la democrática y la sojuzgada, la libre y esclava;  la que conviene al poder y la que conviene al ciudadano.  Por encima de cualquier proyecto político, está primero la  dignificadora libertad y no se consigue por decreto o porque lo diga un político manipulador.

 

La conquista de la libertad requiere un importante esfuerzo diario que comienza con la información y termina con la acción ciudadana.

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Un pensamiento en “Propaganda versus participación ciudadana

  1. La opción que se propone en el tema planteado, es bastante clara e inteligentemente fundamentada. Me sugiere la siguiente pregunta: esos mismos argumentos también son válidos para cuestionar la globalización de los contenidos de la información social practicada en la “democracia occidental”, teniendo en cuenta que ésta se desarrolla a partir del desconocimiento y significado del concepto “voluntad popular?

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