LA CUBA QUE EXTRAÑAMOS

(a alguien que adora la naturaleza y la cubanía con los Valles de su historia)

Por, Amelia M Doval
Fotos, Adrián De la Paz Rodríguez

Cuando uno abandona la tierra limpia que lleva en la conciencia, es el cuerpo el que se va, son los huesos forrados de piel los que caminan por calles con nombres nuevos. Asustadizos enanos parecemos cuando el monstruo de la nueva sociedad nos abraza. No hay consuelo, culpamos por las ausencias. Agotamos a los que nos rodean con historias personales que nos ubican en un momento de la vida, porque de repente, a una edad cualquiera dejamos de pertenecer y somos parte de la nada, no sabemos, no entendemos de qué balsa podemos agarrarnos.

La Patria que extrañamos no son gobiernos con parábolas de poder, es la naturaleza, es el aire, son los amigos, el mar, hasta el viento que se muestra rebelde y acapara la atención. Esa arena que nos parece mucho más hermosa cuando la miramos desde nuestra perspectiva, como parte de la historia que incluimos en fotos y memorias.

El país al que volvemos aunque sea sólo en sueños, lleva animales, flores, olores que cuando le damos volumen parecemos petulantes criaturas mostrando una realidad ajena a los que escuchan. Nuestros recuerdos son trozos de Patria que le robamos a la humanidad. Miramos con asombro las cosas sencillas que siempre estuvieron al alcance y hoy se escapan, se esconden en los más lejanos rincones de la conciencia, entonces comenzamos a adorar el instante mismo.

Esta es Cuba, la que extrañamos, la que tiene un Pinar del Río con su Viñales y obstenta la belleza de una cueva llamada Incógnita. Dios nos regaló la naturaleza para tocarla y sentir que el Paraiso estaba cerca, que somos ángeles dentro de este mundo alejado de todo lo superficial.

Nuestro archipiélago es también su Isla de Pinos que ahora, con ínfulas de cambio le dio por llamarse Isla de la Juventud. No importa el nombre, la realidad es esta, un bote sobre el mar tranquilo, una paz que traspasa la foto y nos llega al alma. Una estación de acopio de langostas, un lugar cualquiera con una función desconocida, esa es La Manteca, como se nombra; para nosotros es parte de la Patria, de ese pedazo de celúla que en el cuerpo infinito nos pertenece. Esa es la Cuba que extrañamos, la que no podemos doblar como pañuelo y dejar que se llene de vejez en la gaveta.

 

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