CARTA DE MARIA CORINA MACHADO A FIDEL CASTRO, 31 ENERO 2012

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María Corina Machado. Foto:mariacorina.com

Martes, 31 Enero 2012

Comandante Fidel Castro

La Habana, Cuba

Sr. Castro,

Me dirijo a usted en la oportunidad de responder a las alusiones que
hizo de mí en sus Reflexiones sobre “La Genialidad de Chávez” del 26
de enero pasado.

Me referiré a dos aspectos de su escrito: el que se refiere a mi
intervención en la Asamblea Nacional y el relativo a sus opiniones
sobre la política venezolana. El presidente Chávez intentó usar su
presentación en la Asamblea para dos propósitos muy evidentes. En
primer lugar, para mostrar un país de paz y prosperidad que no existe.
Venezuela, con todos sus recursos humanos y naturales, vive los
embates de la pobreza, el crimen y la humillación; en segundo lugar,
quiso utilizar a los diputados de la oposición para mostrar al mundo
un juego democrático que ha sido vulnerado por su gobierno, mediante
el control abusivo de todas las instituciones del Estado y la
represión hacia la disidencia.

Frente a esta manipulación y la indignación que me produjo, tomé la
palabra para denunciar que no existe ese país que describió Chávez y
que, por el contrario, está signado por la escasez y el racionamiento,
el crimen desatado y la acción vil e impune del Estado, que roba la
propiedad privada mediante la figura de las expropiaciones. Por eso,
cuando pronuncié la frase “expropiar es robar”, los venezolanos en su
mayoría, sobre todo los más humildes, se sintieron expresados. No
fueron frases que pusieron a prueba, como usted dice de Chávez, “su
caballerosidad y sangre fría”, sino su engaño y el teatro que
escenificaba hasta el momento de mi exposición.

Usted asegura que “solo él fue capaz de responder con serenidad al
insultante calificativo de ‘ladrón’ que ella utilizó para juzgar la
conducta del Presidente por las leyes y medidas adoptadas”. Yo dije
que expropiar es robar y lo sostengo. Fue el propio presidente Chávez
quien se autocalificó de “ladrón” al asumir personalmente la
responsabilidad de las expropiaciones, que son robos apenas revestidos
de un barniz jurídico en el régimen actual.

Tan importante es la propiedad que después de medio siglo, Cuba, de la
mano de su hermano y Presidente, la ha redescubierto en su programa de
reformas.

Tampoco es verdad que, como usted asegura, Chávez “respondió a la
solicitud individual de un debate con una frase elegante y sosegada
“Águila no caza moscas”, y sin añadir una palabra, prosiguió
serenamente su exposición.” En ese momento el presidente Chávez perdió
la compostura, su manoseada frase sobre águilas y moscas es una
grosera manifestación de desprecio hacia sus interlocutores, que fue
aderezada con una expresión según la cual yo no tengo “ranking” para
debatir con él. Sólo un déspota considera que un parlamentario elegido
por el pueblo no tiene credenciales para discutir con el presidente de
su país.

Pero en el fondo tiene razón el Presidente Chávez: él y yo estamos en
niveles muy distantes en cuanto a la moral y los principios.

Lo que usted, señor Castro, elude, es que mi interpelación al
presidente Chávez expresó lo que un país hastiado de un régimen
autocrático quiere decirle. Estas opiniones suyas no pasarían de ser
la consabida lisonja que usted suele prodigar de tiempo en tiempo a
Chávez si no fuera porque se atreve a incursionar en el debate
político venezolano, como muestra del intervencionismo sistemático de
su gobierno en los asuntos internos de mi país.

Señor Castro, usted intervino en Venezuela en la década de los 60,
cuando personal militar a su servicio pretendió imponer un régimen en
Venezuela como el que usted impuso en su país. Las autoridades civiles
y las Fuerzas Armadas de entonces lo derrotaron a usted, del mismo
modo que las democracias latinoamericanas lo hicieron en toda la
región. Su agresión causó muertes, incluyendo la de tantos jóvenes
venezolanos que se hicieron ilusiones con su revolución. Más adelante,
una vez derrotado y abandonado por la Unión Soviética, los demócratas
latinoamericanos le abrieron a su régimen las puertas a la comunidad
regional a condición de que iniciara un proceso de democratización.
Uno de los que le facilitó ese reingreso fue el presidente Carlos
Andrés Pérez, con quien usted se solidarizó cuando ocurrió el golpe de
Estado del teniente coronel Hugo Chávez.Los venezolanos recordamos la
carta suya al presidente Pérez en la que le decía: “En este momento
amargo y crítico, recordamos con gratitud todo lo que has contribuido
al desarrollo de las relaciones bilaterales entre nuestros países y tu
sostenida posición de comprensión y respeto hacia Cuba. Confío en que
la dificultades serán superadas totalmente y se preserve el orden
constitucional, así como tu liderazgo al frente de los destinos de la
hermana República de Venezuela”.

Así se desmarcaba usted del golpe de estado de Chávez y expresaba su
solidaridad al entonces Presidente, cuando su interés era retornar de
algún modo a la comunidad latinoamericana debido a que los soviéticos
habían dejado a su país sin oxígeno.

Sin embargo, más adelante encontraría un nuevo auxilio. Usted se
prestó a darle una credencial revolucionaria a quien no habría pasado
de ser uno más de los militares golpistas de América Latina a cambio
de recibir colosales recursos de nuestro país que le son negados a los
ciudadanos venezolanos. Si en los 60 usted invadió a nuestro país en
contra de la voluntad de su liderazgo civil y de las FAN, ahora lo
hace porque el gobierno del presidente Chávez le ha entregado nuestra
soberanía. Su ataque a Rómulo Betancourt no puede ocultar un hecho que
está inscrito en la historia: Betancourt lo derrotó a usted política y
militarmente, su reconcomio por esta fatalidad es evidente.

No podía esperarse en sus consideraciones nada distinto al
reconocimiento al general Henry Rangel Silva, recientemente promovido
al cargo de ministro de Defensa de Venezuela. Es un militar
cuestionado nacional e internacionalmente; en el exterior por
supuestos vínculos con la guerrilla y el narcotráfico; dentro de
Venezuela por haber amenazado en no reconocer el triunfo de las
fuerzas democráticas en las próximas elecciones. Este oficial no
representa a los militares institucionales de Venezuela, ni la
protesta mayoritaria de éstos en contra de la invasión cubana a
nuestra FAN.

Usted ha invocado muchas veces como razón de su rebelión en la década
de los 50 la intervención de los EEUU en su país durante más de la
mitad del siglo XX. Usted ha sido crítico de la forma en la que los
soviéticos, a sus espaldas, negociaron a Cuba en el marco de la Guerra
Fría. Muchos cubanos todavía resienten la grosera participación de los
soviéticos en la dirección del Estado cubano durante tres décadas.
Usted, que sabe eso, podría imaginarse la indignación que produce a
los venezolanos ver a cubanos enviados por su gobierno en las más
altas esferas del Estado, en las instalaciones militares, en el
Palacio presidencial, en los cuerpos de seguridad, en registros y
notarías. Imagine la humillación que sienten los oficiales de la
Fuerza Armada Nacional Bolivariana al recibir órdenes de extranjeros
como los oficiales cubanos, quienes invaden nuestras instalaciones
militares.

Venezuela ha sustituido a la Unión Soviética como sostén de Cuba,
mientras aquí hay miles de refugiados que vieron sus viviendas
destruirse y el gobierno no ha hecho nada para remediarles su
situación. Su gobierno recibe –que se sepa– más de 110 mil barriles
diarios de nuestro petróleo en forma de regalo, supuestamente
compensado con servicios que no valen lo que cuesta producir el
petróleo. Su régimen hace triangulaciones de negocios que encarecen lo
que Venezuela importa y les permiten a ustedes una grosera e
innecesaria tajada de comisiones. Chávez y ustedes han logrado que lo
que ha sido la tradicional amistad entre cubanos y venezolanos, hoy
esté atravesada por el resentimiento y la sospecha. Esa amistad
volverá pero una vez que cese la invasión de funcionarios de su país
al nuestro.

Usted invocó en su revolución la necesidad de luchar contra los
cipayos que en su país propiciaron la intervención foránea durante
décadas. Nosotros hoy luchamos contra los cipayos que en Venezuela han
propiciado la intervención del gobierno cubano en la dirección de
nuestro Estado y nuestra sociedad.

En el futuro seremos países amigos pero jamás aceptaremos la
permanencia del status-quo que les ha permitido la anexión
institucional de nuestro país al suyo. Tenga la seguridad de que mi
gobierno estará comprometido con el pleno retorno de la democracia a
Cuba.

Comandante Castro, deje de intervenir en los asuntos internos de
Venezuela. Hágalo de buen grado o las fuerzas democráticas de
Venezuela se lo volverán hacer entender como hace 50 años.

María Corina Machado

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4 pensamientos en “CARTA DE MARIA CORINA MACHADO A FIDEL CASTRO, 31 ENERO 2012

  1. Pingback: 2 feb 2012

  2. Es una mujer admirable que talento, valentia, firmeza y coraje le sibran, Sería una genuina presidenta para una Nueva Venezuela. Sin las democracias corrumpidas que existieron ni ese chavismo popularista y bolivariano de estos 12 años dominado por el castrismo cubano.
    Capriles, Leopoldo y Corina ¡Tremenda gente!

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