Argentina: El Gobierno pierde más de lo que gana.

La vía de escape que utilizo el cristinismo, no solo que no ha dado resultado sino que por el contrario, se está haciendo cierto aquella cuestión económica que aunque materia de debate es una cuestión básica: cuando la inflación es alta y sostenida y las tasas de interés no terminan compensando ni la inflación ni el riesgo de mantenimiento de los pesos, llega finalmente un punto en el que la demanda de divisas aumenta y a las autoridades solo les queda perder reservas o devaluar. El cristinismo pretendió escapar a ese dilema con el cepo y el korralito cambiario.

A 7 meses del lanzamiento del korralito y cepo cambiario, el Gobierno CFK alcanzo, es cierto, alguno de los objetivos propuestos, pero desató una serie de reacciones negativas que, como era de esperar, están causando un muy serio y desalentador impacto en la mismísima actividad económica que el Gobierno decía pretender proteger con esta medida. La verdad es que el Estado obsesionado por lograr un superávit comercial necesario para pagar los vencimientos de la deuda y las propias importaciones de gas y petróleo, o sea las importaciones energéticas a la que nos ha llevado la impolítica del actual régimen, desplazó a los compradores de divisas para quedarse a cualquier costo con la mayor parte de esos dólares.

El BCRA se termina convirtiendo así en una verdadera aspiradora y viene comprando durante 2012 más de US$ 5 mil millones, casi la misma cantidad que este año deberá prestarle al Tesoro para pagar los vencimientos de la deuda nominada en dólares, y que como bien lo demostrare la causa Olmos y la propia sentencia del juez Ballesteros –del 2000-, tiene un enorme componente ilegal en su composición y que puesta en manos de nuestros legisladores nacionales desde hace ya 12 años no ha logrado que nunca fuere tratada tal como lo indicare la sentencia judicial. Por el contrario esa enorme masa de diputados y senadores hicieron la vista gorda a la permanente refinanciación de una deuda que esta sentenciada como ilegal e ilegítima e inconstitucional.

Sin embargo esa enorme masa de divisas compradas por el BCRA no logró que se incrementaren las “reservas” que apenas se incrementaron en US$ 1,2 mil millones, logrando apenas el mismo nivel que las existentes al día del inicio del cepo cambiario, el pasado 31 de octubre de 2011, ese cepo que aunque sirvió para detener la sangría o fuga de divisas, lo logro solo parcialmente, eso es lo único que termino logrando el Gobierno, y de yapa, apenas un repunte en la venta de automóviles 0 Km de ciertos avispados compradores que venden sus dólares en el mercado negro –o blue- y en el acto se hacen de un ahorro o “rebaja” del 30%, porque las unidades todavía se cotizan al valor oficial; por fuera de esta “ventaja”, el korralito cambiario trajo más penas que alegrías para el conjunto de la economía argentina.

Se ha formalizado un “mercado paralelo” que marca una brecha ya estabilizada en torno al 30%, y dicha brecha le termina poniendo aún más presión a los precios de ciertos productos que dependen del dólar, aunque, todos por la propia experiencia sabemos que los precios se terminarán acomodando a esa presión aunque no dependan de la divisa; la “incertidumbre” sobre el precio del “dólar realmente existente” le termina pegando de lleno a la totalidad de la economía, siendo las primeras víctimas palpables el mercado de la construcción y la venta de inmuebles. La economía está en “recesión plena” aunque le disguste a los funcionarios o aplaudidores oficialistas, desde hace ya exactamente 6 meses, y esta cuestión es incuestionable, notándose claramente en rubros primarios como el de alimentos y bebidas.

Quienes poseen dólares billetes no se deshacen de ellos y de hacerlo lo hacen valer incentivando el mercado paralelo, y los compradores de la divisa lo aceptan porque consideran –aunque Cristina, al igual que Sigault lo hiciere durante la etapa dictatorial de los pasados 70, considere que “quien apueste al dólar pierde”- que éste está claramente subvaluado. En el mercado financiero es donde, por naturaleza, se notó más rápido la reacción del mercado, así, quienes no pudieron seguir comprando divisas se asustaron y empezaron a retirar los que ya tenían atesorados en los bancos, comenzando un incesante y continuo goteo que desfinancia en más de US$ 1 mil millones solo en mayo estos depósitos y que ya acumula más de US$ 6 mil millones desde noviembre, pegando de lleno en las mismas reservas, y justamente cuando el Gobierno necesita incrementarlas para cubrirse ante los requerimientos ya explicitados.

La disminución de la actividad productiva se expande por todo el entramado –incluso, además, por las restricciones a las importaciones- redondeándose un escenario donde cuesta entender, y muchísimo más justificar, la estúpida decisión del régimen para intentar controlar el “mercado cambiario”, algo ya intentado por otros gobiernos y que nunca jamás dieron resultado, tal como nos lo muestra la historia nacional, la multiplicidad de versiones sobre lo que terminará realizando el cristinismo para desmontar este perverso entramado de controles, terminan casi todas en la que dice que terminará por formalizar el “mercado de cambios desdoblado”, un verdadero infantilismo que acarreará gigantescas y perniciosas consecuencias sociales. El “cacerolazo” que se comenzó a vivir esta misma noche es un primer síntoma del descontento popular provocado por la impericia y la soberbia gubernamental.

La dolarización de los ahorros populares, no son una noticia novedosa, pues fue siempre la consecuencia de la desconfianza de la ciudadanía en los planes, modelos o gobiernos de diferentes y variados tintes ideológicos desde que se abandonare “la cultura del ahorro y el trabajo” de los viejos inmigrantes e incentivada vivamente por el peronismo en sus tres gobiernos -1946, 1952 y 1973- y suplantada por “la cultura de la especulación” que se enseñoreó tras el golpe dictatorial de 1976, y que coincidió con el plan macabro de endeudamiento impuesto a la Patria por los personeros del imperialismo, esos que utilizaron a las empresas del Estado –YPF, Gas del Estado, Segba e Ítalo- como garantes de aquel endeudamiento ficticio e ilegítimo. Tal como puede observarse en la denuncia de Alejandro Olmos y en el fallo del Juez Ballesteros dicho endeudamiento “era imprescindible para salvar el sistema financiero internacional” (José Alfredo Martínez de Hoz) y no justamente a la Argentina.

La compra de divisas llegó para quedarse, aún ante la evidencia de que lo que ganó el Gobierno Cristina con el cepo y el korralito es bastante menos importante que lo que perdió con esta estúpida medida, los costos evidentes de apostar a un control del mercado cambiario, están a la vista, los únicos que están ganando son los especuladores de siempre y los funcionarios, que como el ahora senador y ex Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández “hacen con su dinero lo que les place, y compran dólares porque así lo quieren”. En estos 7 meses nos encontramos con los resultados previsibles, las reservas se estancan, o bajan, el peso se deprecia y mucho más en el mercado paralelo y el nivel de actividad cae consistentemente, entrándose netamente en recesión. La construcción se ha paralizado y los depósitos en dólares caen día a día, en un goteo que muestra la desconfianza popular; la inflación no da signos de ceder, por el contrario y debido a la brecha cambiaria tiende a acelerarse, aún con la caída notoria de la actividad.

Con las medidas aplicadas por el cristinismo duro, el Gobierno decide tapar el sol con la mano y cierra el grifo –salvo para los propios- de las reservas y de la compra de divisas, atacan el síntoma pero no la enfermedad, ésta se mantiene vivita y coleando y el síntoma ha mutado; las reservas del BCRA dejaron de caer porque éste no vende divisas, pero ahora lo hace por el pago de la deuda, mientras la demanda de divisas se mantiene y el peso se deprecia considerablemente en el mercado paralelo. Y aquí aparece el primer interrogante: ¿Quién o quienes ganan con esta política? Solo quienes hayan logrado atesorar dólares en el pasado o los funcionarios que siguen pudiendo comprar divisas, salteándose las prohibiciones, y aquí el segundo interrogante: ¿Quiénes pierden irremediablemente? El resto del pueblo argentino, que ven como el peso se deprecia sin generar ganancias de competitividad para nuestras exportaciones y nuestras importaciones, sin siquiera saber cuál es el esquema-modelo que rige nuestra economía, mientras por la inflación pierden poder adquisitivo.

Preservar las reservas, cambiar la cultura del ahorro en divisas y lograr aquietar la volatilidad del tipo de cambio son objetivos loables, pero son imposibles de lograr con el tipo de medidas que se están aplicando, pues se autogenera mayor inseguridad y aumenta la falta de confianza popular en el estado real de la economía, reconocer la inflación y combatirla mediante el impulso de la competitividad y del aumento de la producción es tomar el camino para que los Argentinos volvamos al peso por opción y no por obligación y compulsión. El cepo sobre las divisas no es el camino y menos si se extiende como se está realizando hasta llegar a intervenir en el mercado del turismo, pues lo único que se está logrando es apurar la salida de divisas porque se adelantan los cierres de las vacaciones de 2013; el korralito impacta sobre los vendedores de electrodomésticos que no saben cómo van a recomponer sus stocks.

La caza de los que tienen pesos y no pueden comprar dólares es una carrera que incita a un consumo no compatible con la realidad, pues se está inflando una burbuja de consumo que esconde una carrera entre las tasas negativas del 11,5% anual de los plazos fijos contra una inflación real del 23%, y que desfinancia el sistema bancario de créditos productivos; si esto sucede durante los meses donde entran los dólares de las exportaciones granarias de la cosecha nos muestra una economía que no puede superar el torniquete cambiario que afecta seriamente a parte de la actividad, y mientras los que buscan huir de los pesos alimentan a los sectores que venden a precios ficticios del dólar oficial. La explicación de este proceso no tiene nada que ver con las teorías conspirativas que tanto gustan a la Casa Rosada: el 31 de diciembre de 2009 el dólar costaba $ 3,80, el pasado 31 de diciembre de 2011 ese mismo dólar costaba $ 4,30, o sea la divisa se encareció en un 13% en dos años, mientras la inflación real superaba el 40%.

Este atraso de la divisa estadounidense frente al costo de vida se registra además con las demás variables económicas clave: salarios, cantidad de dinero y aumento del gasto público, por eso, el precio de la divisa se fue abaratando en términos relativos y generando consecuencias tales como el incremento de las importaciones, en una economía ficticia de opulencia irreal; así se incrementó la fuga de capitales y el actual goteo de los depósitos en dólares de los bancos –US$ 21.504 millones solo durante 2011- que el gobierno, cual elefante en un bazar, salió a frenar con el korralito y el cepo cambiario, que si bien dio inicialmente resultados, con el correr de los meses generó un mercado paralelo y una disparada de la inflación de la canasta básica alimentaria, alimentada por el desfasaje de cerca de un 30% entre ambos mercados, y lo que se intuye es que este perverso e inconstitucional sistema aplicado compulsivamente durará por lo menos hasta 2013, si no es volteado por la conflictividad social que ya hoy mismo comenzó a notarse.

No existe ningún gobierno mundial que contando con US$ 40 mil millones en reservas del BCRA pierda una pulseada cambiaria, y es por esto que los especialistas ya consideran que se acelerará la devaluación oficial llevando el dólar a $ 5 para fin de año; y es con ese valor en que creen que el cristinismo comenzaría a abrir el grifo cambiario lentamente. Se recuerda aun cuando CFK ante la UIA en noviembre 2011 decía: “miren lo que hemos hecho, porque no hemos tenido una sola corrida bancaria… estamos por la cuarta o quinta. Así que todos deberían comprender hacia dónde vamos”, explicando que su “modelo” trataba de evitar una devaluación fuerte o brusca, y ocultando que mientras Néstor vivía ante situaciones similares, aquel ponía los dólares sobre la mesa y demostraba que podía manejar el tipo de cambio. Cristina cambia la táctica y korralito mediante embarra la cancha y encarece la operación de atesorar divisas, generando por reacción mayor desconfianza en el “modelo económico cristinista”, a la par de iniciar una pelea cultural por la “pesificación” de las operaciones inmobiliarias y de ahorro, sin advertir que esta pelea no se puede dar en medio de la desconfianza y la falta de reglas claras o la inconstitucionalidad de las medidas implementadas coercitivamente.

La equivocada comparación Cristina entre Argentina y Brasil parte de un equívoco o de una falacia perversa, pues omite referirse a que Argentina vive “una economía bimonetaria” y que esta característica tiene una “raíz histórica; desde 1930 a la fecha nuestra moneda ha perdido 13 ceros, y esos 13 ceros cimentan la desconfianza de los argentinos sobre el peso”, es más desde 1955 la moneda argentina perdió 12 ceros y nuestra Presidente sintetiza la historia a su propio piacere, pues si bien es cierto que la inflación deprecia la moneda, y eso lleva a que la gente no considere el peso como reserva de valor, y por ese motivo ahorre en divisas “duras”, olvida o tergiversa las causas y sus efectos, pues a diferencia de otras veces, cuando la oferta terminaba doblegando a la demanda, ella en esta ocasión idea congelar la demanda de divisas con el cepo para poder juntar dólares y pagar la deuda con los bonistas, generando un despropósito gigantesco que termina alimentando aquello que se pretende derrotar.

La realidad nos dice que el Gobierno debe afrontar pagos por US$ 2,2 mil millones por el Boden 2012 y otros US$ 2,7 mil millones por el cupón de crecimiento del PBI, pagar a veces está bien, y más si se hubiere realizado lo ordenado por la sentencia Ballesteros, pero hacerlo al contado y con las divisas que se generan en ese mismo período le quita mucho combustible a la actividad económica, con el adicional de no solucionar el atraso cambiario relativo, transformándose la economía en la mayor preocupación de la gente, superando notoriamente y por primera vez en 9 años al tema candente de la inseguridad ciudadana.

Buenos Aires, 31 de mayo de 2012.
Arq. José M. García Rozado.
MPJIRucci – LIGA FEDERAL
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