Doble moral cederista

https://i0.wp.com/farm4.staticflickr.com/3006/2302310602_92ab4422f7.jpgFoto:Galería de Becsh

 

Por Enrique A. Meitín

En el portal de aquel agro mercado, donde no sólo se vendían viandas y vegetales “liberados” a altos precios, sino que mezclado con los consumidores habituales, pululaban elementos que tratando de solventar la crítica situación económica en que vivían ya habían traspasado la línea que en nuestro país separa lo legal de lo ilegal… ¿En realidad existe en Cuba tal línea? Se llevaba a cabo allí la “actividad económica” del momento, que no era otra que el hecho de cambiar dólares por pesos cubanos o viceversa, a espaldas de las autoridades, donde tanto “cambistas” como ciudadanos “de a pie” se hermanaban en tal propósito.

Comúnmente en horas de la mañana ella frecuentaba dicho lugar bajo la cobertura de hacer sus compras diarias, cambiar los dólares que su hija había “resuelto” la noche anterior, gracias a uno de los tantos “visitantes” extranjeros que deambulaban por El Malecón habanero en busca de sexo y compañía barata. Después de saludar al conocido “cambista” la mujer con el propósito antes señalado, lo abordó y mirando hacia ambos lados para evitar que nadie se percatara de lo que estaba haciendo, le dijo en voz baja.

—¿A cuánto está hoy, mi socio?

—A dieciocho. Contestó el aludido sin mirarla siquiera.

—No seas descarado pinareño de mierda, que tú sabes bien que hoy está entre veinte y veintidós.

—Bueno ve y cámbiaselo al gobierno, donde como tú sabes tienes que identificarte, y a ti no te conviene ¿No es así? Le dijo algo irritado mientras agregaba. Tu sabes que a mí la gente me conoce… soy el único aquí que no roba, ni se queda con los dólares de la gente y sale corriendo. Además, a veinte se le da sólo a los que traen mucho para cambiar…

—¿Tú tienes para cambiar cien “fulas”? (En el argot de barrio, dólares) Le inquirió la recién llegada, asombrando al “cambista”, con aquella cifra poco frecuente en el cambio callejero.

—¡Coño como abrió las piernas anoche la socia! Exclamó refiriéndose en tono de burla a la hija de esta…

—No hables tanta mierda, que tú sabes muy bien que mi “niña” trabaja muy duro para conseguirlo… ve a búscalo que yo te espero.

—Y muy cómoda también. Murmuró el “cambista” sonriendo, mientras se alejaba en búsqueda de los pesos cubanos. En ese instante, detrás de ella, escuchó la voz de una de sus vecinas…

—Que tal vecina… qué bien. Veo que tú también tienes dólares ¿Quién lo iba a decir, verdad? Tú que eres tan revolucionaria… pero bueno, todos sabemos la necesidad que tenemos todos los cubanos… aunque tú siempre dices que tu… No pudiendo terminar de expresarse al ser interrumpida.

—Eso no es mío, es de mi hija. Expresó la mujer tratando de “embarajar” a la recién llegada, para todos la más “chismosa” del barrio, para decir antes de que le preguntase de donde lo había sacado, que se lo habían dado donde ella trabajaba.

— ¡Ah sí! Exclamó la vecina ¿En la calle? Pues que yo sepa ella no trabaja… además, duerme la mañana todos los días, como ahora… pasé por tu casa hace un ratito y se estaba levantando.

—Es que la pobrecita trabaja de noche por eso duerme en las mañanas. Le contestó en preciso momento en que el “cambista” hacía su aparición con una “java” de nylon, donde al parecer traía el dinero necesario para hacer la transacción.

—Mira aquí hay dos mil pesitos cubanos… ya yo los conté… confía en mi… ¡Coño! Que no se te vaya a ocurrir sacarlos y contarlos aquí… ¡Llévatelos!, si falta algo me lo dices y luego te lo doy… aunque no lo creo, pues los conté muy bien.

En aquel preciso momento un policía encubierto se adelantó para intervenir arrebatándole la bolsa de las manos, la cual terminó en el suelo y no dejando que la mujer sacara los cien dólares de su cartera. La acción del agente posibilitó que el “cambista” sin perder un segundo, y sin preocuparse de tomar su saliera corriendo abandonando el lugar, a la par que otros como él, que estaban cerca de allí envueltos también en actividades ilegales, pudiesen escapar precipitadamente, sin que fuesen detenidos.

A la mujer el día no le resultó nada favorable debido a lo ocurrido, pues a pesar de no haber perdido su dinero en el alboroto y de sólo recibir una advertencia por parte de la Policía, el ser “señalada” por poseer dólares y tener amistad con un connotado “cambista” del agro mercado, no le convenía en lo más mínimo, no sólo por lo cercano del suceso a su domicilio, sino además por las complicaciones que podía acarrearle con las instancias superiores de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR) por ser ella la presidenta del Comité de su cuadra, también por aquello “del qué dirán”…

No debemos olvidar que en ese cargo de la organización de masas castrista y en cumplimiento de los estatutos de la misma, el presidente —en este caso la mujer en cuestión—, podía sin problema alguno obtener información valiosa de todas y cada una de las personas que vivían en su cuadra. Información que sin ningún miramiento podía —como en más de una ocasión hizo—, utilizar en su propio beneficio, no solo para “chismosear” a sus ansias, sino incluso dado el caso, poder llegar hasta usarlas para un chantaje.

Como es conocido por todos los cubanos, los CDR a través del llamado Registro de Direcciones, controlan a los que viven en su área, estando al tanto de los vecinos que llegan y los que se mudan del barrio, o a que se dedican y ese control de casa por casa, aunque parece algo formal, se convierte en total debido a la presión social que existe para que todas… absolutamente todas las personas se afilien al CDR, pues la filiación a la organización de masa constituye un “aval” del ciudadano a quien consideran revolucionario, aunque en realidad no lo sea. Aval que se torna más que necesario, imprescindible para obtener un empleo o tal vez una beca para la escuela de los hijos.

Eludiendo la aguda crítica de sus vecinos, ella en ocasiones había admitido a más de una de sus amigas para que la aceptaran en algún trabajo solicitado aunque no demostrasen ser simpatizantes de la Revolución, lo que constituye solo una muestra más de su “doble moral cederista” al frente de la organización, pues como no trabajaba sino que vivía, primero de su esposo y luego de su hija, no tenía otra cosa que hacer, sino dedicarse solamente a conocer “la vida y milagro” de lo que sucedía a su alrededor en cada casa de su cuadra, “resolviéndole” a toda aquella persona que más tarde podría devolverle el favor.

Pero en honor a la verdad su actitud al frente de la organización no fue lo más relevante en cuanto a demostrar la baja catadura moral de esta mujer, si no a lo acontecido mucho antes, cuando aun no pensaba ni remotamente ocupar cargo en el Comité de su cuadra, cuando descubrió al florecer su hija como mujer… un desarrollo prematuro que despertaba comentarios favorables en los hombres, tanto jóvenes como adultos. Al ver en ella la posibilidad real y a su alcance de explotar sus cualidades en beneficio de ambas y poder así cambiar el tipo de vida que hasta entonces llevaban, carente de toda moral, comenzó a educar a la niña en el criterio de que sólo la belleza de la mujer y no su educación, podía llevarla a la riqueza y a la comodidad ambicionada.

Paralelamente comenzaba a hacerse cada vez más necesaria para el vecindario, a razón de la venta de artículos deficitarios de oscura procedencia, debido en primer lugar a sus “conexiones”, pero sobre todo a su amistad —por conveniencia también—, con el Jefe de Sector de la Policía, quien le permitía moverse sin levantar sospecha alguno, e incluso alcanzar cierto prestigio en la cuadra. No por su ejemplo, claro está, sino por la necesidad de los propios vecinos, a la par que tales “business” le iba a permitir guardar algo de dinero, mientras su bella hija, iba creciendo.

Como colofón a sus ambiciones contrajo matrimonio no por amor sino por interés, con un hombre que tenía un magnífico salario y que le iba a permitir, al menos mientras esa unión marital durase, mantener un buen estándar de vida, mucho mejor que las de sus vecinas, y no tener que continuar trabajando para poder mantenerse ella y su hija, y así poder tener tiempo para dedicarse a los otros “asuntos”. En cuanto a la imagen que quería ofrecer de “revolucionaria” a tenor con su “doble moral cederista”, la formalización de su unión también le convenía, pues aparentemente él defendía las posiciones del castrismo… aunque muy pronto todos pudieron comprobar, que tanto sus manifestaciones, como la forma de actuar con sus amistades más cercanas, demostraban una ficticia defensa a la Revolución que dejaba mucho que desear.

Lo cierto fue, que pese a la manera de actuar de ambos, donde se evidenciaba la “doble moral” ya imperante en nuestra Isla, aspiraron y finalmente ocuparon cargos relevantes en el Comité de la cuadra donde se habían instalado, gracias en primerísimo lugar, a que ningún otro vecino quería cargar con ninguna responsabilidad en la organización, además de la conveniencia que resultaba para ella ser la presidenta.

Al poco tiempo, como era de esperarse esa unión duró “lo que un merengue en la puerta de un colegio” debido a que el hombre joven con quien hubo de casarse, al decir del vecindario comenzó a acercarse a la hija, la que se veía también interesada en su padrastro. Al ver amenazado el “futuro” que esperaba que esta le brindara optó por expulsar a su joven esposo de la casa, sobre el cual cayeron falsas acusaciones por “abusos” con la menor que lo llevaron a la cárcel.

Mientras trascurría la condena del infortunado, ella logró que la devoción que sentía su hija por el padrastro se fuese apagando… si bien la niña-mujer extrañaba al hombre, poco a poco fue perdiendo la fe de reencontrarse con él, a la par que perdía la confianza en sí misma, como también en los demás… No quiso ni amó a nadie más, o tal vez a todos por igual mientras complacía a muchos… en particular a su madre, quien a partir de entonces no se ocupó siquiera en averiguar o controlar las “amistades” con las que comenzó a codearse la hija, sino que por el contrario la alentaba.

Una vez perdido el sustento que representaba el salario y las “búsquedas” de quien había sido su esposo, su fuente de sustentación estuvo en la actividad que desarrollaba su hija con turistas extranjeros, unido a la “venta” que realizaba activamente en el vecindario de productos deficitarios, maneras ambas de proceder que con el paso del tiempo vinieron a convertirse en habitual.

La definición de la niña-mujer como una prostituta más en el consabido “andar La Habana”, alentada por su madre quien actuaba “descaradamente” como su meretriz, y sus “otras” actividades de enriquecimiento ilícito fueron sin duda alguna los sucesos más relevantes que constituyeron para todos sus vecinos y amistades los más claros ejemplos de la baja catadura moral de ambas personas. No obstante ella lograría, tal vez más por necesidad de sus vecinos que por miedo de estos, mantenerse en el cargo afianzando la ejemplar “doble moral cederista” que profesaba.

…Cuando de regresó al “solar” (ciudadela, según el diccionario español) en que vivía, la mujer franqueó la puerta de su cuarto, la hija aun estaba desnuda. Se sorprendió al notar lo extremo nerviosa en que llegó su madre por lo que había tenido que vivir momentos antes.

— ¿Qué te pasa mami? Estás pálida, ven siéntate, que te traeré un poco de agua. Cálmate, ¿Qué te pasó en el agro mercado? ¿Pudiste cambiar el dinero?

—Ahí está la cosa, imagínate, nos “trabaron” cambiando los “fulas” que me distes.

— ¿Y cómo estás aquí? Pregunto en pleno sobresalto.

—Gracias al “santo” mi niña, que nos salvó a mí y al propio “cambista”.

—Menos mal ¿Pero no perdiste los dólares “verdá”? Porque si no, creo que te mato, que mucho tuve que sudarlo.

—No, gracias a que lo tenía en la cartera y no lo saqué… no lo vieron y no me detuvieron… “pe’rate” déjame tomar un poco de agua y te cuento… ¡Pero coño! Ponte algo, no me gusta que estés encuera aquí, los vecinos son unos entrometidos… te van a ver.

—Claro… la mercancía hay que tenerla cubierta ¿Para qué no la vean, No?

—No seas insolente… Lo que no quiero es que esos negros de mierda te “vacilen”, mucho menos que se vayan a “pajear” a costa tuya.

—Bueno déjate de rodeos, cuéntame… y dame “pa’ca” los ‘fulas’, que no sabes cuidarlo. Mientras de un tirón le arrebataba la cartera a la madre para buscar en su interior el billete de cien dólares. Cuando lo encontró, lo tomó, cerró la cartera y se la lanzó a la que se había apoltronado en un butacón de la sala. De inmediato se envolvió en una sabana y se sentó a al lado de su madre a prestarle atención.

Ella le contó a su hija con lujo de detalles… agregando una que otra exageración al relato, lo que había sucedido, la huida del “cambista” y sobre todo la intromisión de la vecina, refiriéndose a su ironía y sarcasmo habitual, señalando que era eso lo que más le preocupaba, por aquello de la imagen.

—No jodas mami, que todos saben cuál es tu imagen, aquí a la gente no se le escapa nada. Además tú no te cuidas para hacer tus “trapicheos”. Vendes de todo y a cualquiera. La suerte tuya es que aquí el “que no se moja, se empapa” y nadie echa “pa’lante” a nadie.

—¿Y ella qué? Esa se pasa la vida hablando mal de nosotros.

—Sí mami, pero ella sólo habla aquí, con los vecinos… que todos saben en que estamos nosotras. Nos conocen bien. Ni ella ni su hija son lleva y trae, como otras gentes.

—Yo lo sabía… ya salió la santita esa a relucir.

—Claro, pues ella es la mejor de todas. Matizó la niña-mujer—, ella no está en “na”’ y siempre defiende a todos, incluso se faja con la madre cuando ella nos suelta esa “cantaleta” de que somos “marginales”. En realidad yo quisiera ser como ella.

—¡No me jodas! Ella es una muerta de hambre. Mira como se viste… con lo que dan por la libreta… esa gente no tiene ni pa’ comer.

—Sí, pero no tiene que darle el culo a nadie para vivir… crees, que a mí me gusta estar acostándome con cualquiera para conseguir algo…

—Tu bien sabes que en este país de mierda, para vivir bien hay que sudarla.

—Verdad, pero soy yo quien la suda… no tu mami.

—Claro, tu eres la bárbara, la que lo hace todo ¿Acaso yo no me paso la vida vendiendo cosas para que comamos?

—Si, pero con las cosas que yo traigo, no —abriendo de par en par la sábana que la cubría y mostrándose otra vez desnuda ante su madre, concluía diciendo—, y que la gano con esto.

—No seas atrevida con tu madre ¡Respétame coño!

—Acaso tu me respetas, si lo único que haces es buscarme machos para que me los “tiemple”… para que te consiga cosas y poder alardear con tus amigas.

—Lo que quiero so’ bruta, es que te “empates” con alguien que valga la pena y te ponga como una reina. Eso era en realidad lo que buscaba también la niña-mujer, quería encontrar alguien de su agrado… para eso “trabajaba” de noche… en una búsqueda constante.

En muchas ocasiones cuando no lograba encontrar un hombre de su agrado en aquel que le indicaba su madre, acudía a cualquiera otra de sus conocidas del barrio que mantenían contactos con extranjeros para conseguirlo, cosa esta que no le reprochaba su madre, quien una vez más se hacía de “la vista gorda”.

Así trascurría la vida de ambas, cuando pasado algún tiempo, cuando lo que obtenía con el “sudor” de su hija y sus “otras” actividades lucrativas, cubrían algo más que las necesidades de subsistencia de las dos, junto a las complicaciones que le acarreaba mantenerse en el cargo de presidenta del Comité por su “actividad económica”, se fue zafando poco a poco de las responsabilidades con dicha organización, en ocasiones alegando estar enferma.

Comenzó a faltar a las reuniones y a las guardias “cederistas” programadas. Incluso no tardó en “comprar” un certificado médico para probar que se encontraba enferma y que no podía pasar mala noche. En realidad nunca más hizo guardia alguna, a partir de entonces solamente los miembros más extremistas de la cuadra, aquellos de “doble moral cederista” continuaron realizándola…

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Un pensamiento en “Doble moral cederista

  1. Pingback: 12 junio 2012

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