ÑOO… TREMENDA GENTE

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Aeropuerto de Miami, al fondo: Foto: Carlos M. Estefanía

Autor: Enrique A. Meitín

El taxi llegó a buscarme a las cuatro de la tarde, el chofer era un moreno claro con el pelo casi blanco, de indescifrable edad… como todos los de su raza, que una vez tienen canas, se sabe que pasan de los cincuenta, pero no cuanto… Se mostró muy amable, y en su rostro, aunque bastante recio, esbozaba una agradable sonrisa entrecortada, mientras abría la puerta trasera para que yo entrara.
Ya recostado en el asiento del pasajero, le dije con cierta preocupación…
—Solo quedan dos horas para mi vuelo, cree que llegaremos a tiempo para el despacho…
—Más que suficiente mister, tomamos por la doce, doblamos en Okechobee a Lejuone Road y de ahí al aeropuerto… le parece o quiere otra ruta. Me contestó con marcada profesionalidad, mientras ponía en marcha el motor del auto.
—Conoce usted el camino muy bien. Atiné a comentar.
—Son los años que llevo en el giro, siempre en Miami… aquí fue donde aprendí a manejar… en Cuba solo maneje bicicleta… y prestada…tu sabes (del comodín you know utilizado por los norteamericanos al hablar y traducido por algunos cubanos, para su conversación diaria)… mientras me entregaba una amplia sonrisa a través del espejo retrovisor.
—Pensé que era usted norteamericano… es cubano ¿Verdad? Le pregunté, esperando que fuese afirmativa su respuesta, pues se mostraba realmente afable como si fuera un coterráneo…
—Tanto como usted mister. Se adelantó a contestar. De la región oriental. Agregó… mas preciso, de Banes.
—Que casualidad yo nací también en Oriente, en Gibara… mi padre trabajaba en el Central Santa Lucia, y después nos trasladamos a Holguín, donde estudie la primaria, en el Colegio “Los Amigos”.
—No se ofenda mister… pero… tu sabes… lo sabía, todos los blancos de Oriente son de Holguín… ¿Lleva mucho tiempo en Miami?. Hizo una nueva pregunta para entablar una conversación más prolongada.
—En Miami llevo poco tiempo, vine hace seis años, pero salí de Cuba hace veinte años y me radiqué primero en España y luego en New York… a donde voy ahora… soy periodista allí, y gracias al Internet, solo tengo que ir a la redacción de mi periódico dos veces al mes… para reuniones… ¿Y usted?
Le di pie, para establecer la conversación amistosa entre cubanos que tanto deseaba… como siempre sucede cuando se encuentran dos de la misma tierra, como si se conocieran de siempre, con esa misma frescura y tuteándose a partir de ese momento…
—Mira mi amigo… tu sabes… yo soy mita y mita… cubano por mi madre que nació en Guantánamo, aunque era de origen jamaicano y mi padre era gringo de la Base… y allí me hicieron a mí y a ella la llevaron a parir a Banes… tu sabes, yo aprendí a hablar ingles, primero que el español… el negrito era desde niño bilingüe… y ciudadano americano, tu sabes. Recargó esa última frase y continuó. Así que eres escritor… Has escrito sobre los cubanos de aquí y de allá, los que viven aquí y quieren estar allá y se mueren de tedio aquí y los de allá que están locos por venir a como sea… sería esa una buena historia…
—Sin duda alguna, lo tomaré en cuenta, aunque en verdad creo que aun no es el momento. Le contesté, tratando de desviar la conversación hacia otro derrotero.
En eso llegamos al semáforo que está en la intercepción de la Ave 12 del West de Hialeah y Okechobee Road, y nos pusimos en la senda de la izquierda para tomar esta vía hacia el Este, frente a la tienda Ñoo…que barato… Tienda que cuando empezaron los viajes de la comunidad, se haría famosa por sus precios, al permitir que por poco dinero pudieran adquirir ropa y otras baratijas para llevarla a los familiares que estaban en Cuba… el chofer miró hacia el letrero lumínico… y se sonrió mientras decía…
—Ñoo… que tremenda gente.
—¿Conoció a los dueños de esa tienda? Me dio por preguntar, mientras doblábamos a la izquierda con rumbo a Lejuone Road.
—No… es sobre un tipo que conocí hace algún tiempo, que le decíamos Ñoo… tu sabes y que muy pocos sabíamos como se llamaba… pero el socio era tremenda gente…
—Si a él le llamaban Ñoo… a ti habría que llamarte tu sabes. Reímos los dos por mi frescura…
—Tu también eres de “ampanga” papá (palabra cariñosa conque se dirigen los afro norteamericanos que hablan español, a los hombres blancos de mayor edad, sin acentuar la ultima a)
… bueno te cuento, quizás su historia la puedas poner en algunos de tus artículos… vive aquí todavía… es un poquito más joven que yo, pero esta por los setenta también… tu sabes…
Se acordó y nos volvimos a reír, después continuó…
….con la diferencia que el tiene dinero y yo lo que nos ganamos yo y mi hijo con este “hierro amarillo”.
Hizo una pausa y su rostro cambió desde la alegría hasta entonces reflejada en su cara, a un semblante de denotada tristeza y preocupación.
… por poquito lo mato a machetazos allá en los sesenta en Cuba… lo sorprendí culeandose a mi hija de veinte años, y cuando le fui para arriba, la hija de él, que estaba “rescabuchando” la cosa, me aguantó y no me dejó que lo picara en pedacitos… tu sabes… pero mira como cambian las cosas después fue él quien me ayudó desde aquí a legalizar mi situación como ciudadano americano y salir de la Isla…
—Esa sí sería una buena historia… ¿Te casaste con la hija de él?
—No, no en aquel momento… después si para sacarla de Cuba, aquella vez le hice lo mismo que él me hizo… diente por diente, ojo por ojo, y culo por culo… me temple también a su hija… tu sabes…
—¿Cuéntame, como fue eso? Le pregunté intrigado y comenzó el chofer a narrar lo acontecido entonces.
…vivíamos muy cerca de la desembocadura de un Río. …teníamos allí en un cobertizo un bote, que era de su papa, y al lado un pequeño cuartito, que lo ocupábamos yo y mi hija… una noche oí un ajetreo y unos jadeos, pensé que era alguien que quería robarse el bote ya que en aquellos años era frecuente para largarse… sin hacer ningún ruido para no ahuyentar a quien fuera y cogerlo “in fraganti” me acerque a una de las ventanas… tu sabes… e imagínate lo que vi… a pesar de la poca luz que había…
…era Ñoo… estaba detrás del bote con la mano derecha apoyada en la proa del mismo, sin camisa y jadeando como un búfalo… quise acercarme más para ver que estaba haciendo, pase por el lado izquierdo del cobertizo… me quedé sorprendido cuando vi la escena completa, en vivo y a todo color… Hizo una pausa miró hacia mí para ver si le prestaba la atención que él requería del momento.
…mi hija estaba agachada en cuatro patas, con su ropón subido hasta la mitad de la espalda y Ñoo… la tenía clavada por detrás… mientras ella se movía al compás de las embestidas disfrutando enormemente…
—¿Y tu que hiciste? Interrogué ya realmente interesado en la Historia de mi chofer… El continuó, sin dejar de prestar atención ni por un instante a la conducción del vehiculo.
….no pude resistir y fui al cuarto, a buscar mi machete para acabar con aquello… cuando me dirigía de nuevo al lugar, tropecé con algo y me caí al suelo…
—Tropezaste con algo ¿Con qué? Mostrándome intrigado, le ayudé con mis preguntas a que continuara con su relato
… con la hija de Ñoo… que también lo había visto todo y muy agitada y sudorosa, me rogaba que no formara escándalo… que no los matara, pues ellos se querían, desde hacía mucho tiempo…
—Eso no se le hace un amigo. Le expresé… tengo que matarlo…
—Te vas a desgraciar por eso. Me respondió muy preocupada. Tu hija no te mirara mas la cara… yo me quedaré entonces sin los hombres que más quiero en la vida…
—Porque, tú sabes. Se dirigió a mí, mientras detenía el auto en el semáforo, y esperábamos la luz verde para continuar.
…ella había crecido junto a mi, y su padre y yo éramos como hermanos… y ante mi empecinada posición y las suplicas de que no cometiera ese crimen se decidió a hacerme otro planteamiento mas audaz…
—Hay otras formas de venganza. Me dijo y se me quedó mirando fijamente, mientras me tomaba de la mano… ven vamos a tu cuarto, véngate conmigo… me llevó y le pagamos a Ñoo… con la misma moneda…
—¿Qué edad tenia la otra niña? Le pregunté…
—Creo que como mi hija…
—¿Entonces ninguna de las dos eran tan niñas?… ¿No crees?
—Claro que no, pero era mi hija y aunque yo sabía que ya tenía algunas millas corridas…no podía permitir ese relajo en mi casa… con mi mejor amigo mucho menos…tú sabes…
—¿Y qué pasó después de eso? Volví a insistir con mis preguntas, como todo un buen periodista buscando una Historia interesante,
…después de eso se nos jodió un “trabajito” muy bueno, que hacíamos los dos con otras gente… perdí dinero… pero en fin, con el tiempo las cosas volvieron a ser como siempre… el nunca supo lo que había sucedido entre su hija y yo, ni tampoco que estuve a punto de matarlo… yo ya lo conocía de mucho antes… era un tipo de la calle… pero tremenda gente… y habíamos trabajado juntos muchas veces… hasta en un banco, en La Habana… ¡Imagínate!. Exclamó mostrándose sorprendido y trasladándome la sorpresa… Un negro trabajando para un banco.
…cierto día Ñoo… me fue a buscar al “solar” en que vivía allá en Maloja (calle de Centro Habana, en la capital de Cuba) y me dijo…mira negro me dieron un trabajito en el Banco Caribe, pero esta del carajo y no se que hacer… imagínate que hay que cobrarle a gente, que aunque algunos tienen plata, no le sale del culo pagar… dan buena comisión… pero Ñoo… esto no es fácil campeón… Por eso pensé en ti… un tipo fuerte, grande, con una cara de malo del recoño su madre, para que me acompañe a cobrarle a esos “singaos”…
—Pero si yo no soy guapo y no mato ni a una mosca… Le contesté.
…en realidad yo nunca le había dado ni una galleta a un chino, como se decía entonces, y no me gustaban las broncas, pero tenia mas de veinte anos, seis pies y cinco pulgada y una espaldas enormes hechas a fuerza de cortar caña en Banes y estibar bultos en el puerto… el lo había pensado bien, con ese tamaño, la cara de asesino que yo tenía —nunca me reía—, si iba con él, que si era guapo de verdad, podíamos meterle velocidad a cualquiera y cobrarle…
—¿Y pudieron cobrar algunas de las cuentas retrazadas? Me adelante a preguntarle…
—¿Qué si cobramos?… rompió todos los record de cobranzas en el Banco, lo felicitaron de mil formas… tu sabes, ellos no sabían que tenia un ayudante… nos hicimos “millonarios” nos dieron como trescientos pesos, que era entonces una millonada… Ñoo… sin pensarlo siquiera me dio la mitad… era tremenda gente… tu sabes.
…claro que tuvimos que espantar alguna que otra galleta y dar algunos palos… pero de eso se encargó Ñoo… yo solo lo protegía con mi presencia… ellos no sabían que a mi no me gustaban las broncas… pero, tu sabes, les daba miedo y pagaban….
…después trabajamos en los muelles, hasta que lo prendieron y vino para acá… estaba metido en la conspiradora… tu sabes… y aquí hizo dinero enseguida, rebotó p’alla cuando llegó el “comandante y mando a parar” y después de unos años de nuevo en la “yuma”… hasta negocios tiene y tremenda casa, allí cerca de donde tu vives… en Miami Lake… una casa que compró en treinta y cinco mil dólares al cash y ahora vale como un millón… del carajo… y yo aquí echando p’alante, con mi hijo.
—¿No te ayuda? Volví con otra de mis preguntas.
—¿Qué si no me ayuda?… cuando te dijo que es una gente del carajo, es porque es del carajo… en una ocasión le mencioné que mi hijo estaba loco, quería matricular en la Universidad de Miami y hacerse médico… ¿Sabes lo que hizo?
… lo montó en su carro, fue a una sastrería, le compró un traje, le puso una corbata y se lo llevó para la Universidad… y no sólo lo matriculó, sino que pagó los dos primeros años, y le dijo… no te pago toda la carrera, no porque no pueda, sino por temor a que te “rajes”…. eso no lo hace nadie, nada mas que él…. Ñoo a las buenas, hasta las nalgas, pero a las malas hay que matarlo…
…fíjate que en una ocasión… tu sabes… el padre de una putica que había allá en el barrio que se estaba tirando su hijo fue a reclamarle porque este había abusado de su hija y que tenía que asumir como un hombre la responsabilidad de lo que había hecho…. Se le ocurrió con su “berrinche” mentarle la madre… figúrate, le cayó a golpes y hubo que quitárselo porque lo mataba…
…o cuando trabajábamos en el Puerto, lo mismo te regalaba lo que había cobrado, en aquellos años en que se ganaba una mierda, si tu estabas necesitado… que se alquilaba por un peso para darle una galleta a un tipo o partirle la madre, si le había hecho algo a un amigo… era un hombre del carajo… pero buena gente con cojones.
—¿Y ahora tu hijo, sigue estudiando medicina?…
—Si, el trabaja en el taxi por la mañana y yo por la tarde… así lo ayudo… yo estoy retirado, y el “Tío Sam” me paga un retiro mensual, bastante bueno, no me quejo, pero si no se trabaja todo el día el taxi… la compañía se lo quita… el después por la noche lo vuelve a coger, cuando no tiene mucho que estudiar y así vamos tirando.
—¿Y tu hija donde esta ahora?… ¿No vino para acá? Continué con mi retahíla de preguntas, sin que el reciente amigo se pusiera bravo.
—No… se quedó allá en Cuba… pero en otra ocasión te cuento de ella… ya llegamos.
La conversación había sido tan agradable que no nos habíamos dado cuenta y ya entrábamos al aeropuerto… nos detuvimos en las salidas nacionales y nos despedimos como si nos hubiéramos conocido de siempre… el sacó una tarjetita y me dijo aquí esta mi teléfono, mi nombre y estoy a su orden
—Me gustaría seguir contándole historias de mi Cuba… tu sabes la extraño mucho…y si se muere ese hijo de puta, yo no lo pienso, dejo todo esto y me voy raudo pa’lla al otro día papa…
No era la primera vez que escuchaba esto de un cubano, cuando hablamos entre nosotros, independientemente de la generación a la que pertenezcamos, las razones de estar en “tierra de libertad” son por todos conocidas y por todos compartidas, pero las razones de volver a nuestro terruño son variadas y contradictorias que ser humano alguno pueda imaginar…
Tomé su tarjeta, y me alegre de leer un nombre normal, por haber nacido alrededor de los años treinta bien podía tener tres nombres como: Juan, Julián, Maria, o quizás dos –como estuvo muy de moda en los cuarenta o cincuenta–, podía llamarse Luís Orlando, Carlos Alberto, José Enrique… que por suerte fue un acierto de la Revolución quitar esa retahíla de nombres —algunos llegaron a tener tres o cuatro. Por ejemplo mi padre estaba inscrito en el Registro Civil como Guillermo Juan María de la Concepción—, y los dejó en uno sólo con el llamado Carné de Identidad… o quizás llevara un nombre del santoral, que a pesar de todo también tuvieron en boga; Juan, José, Antonio, María o Rosa.
Recuerdo que después del “triunfo” se alternaban los “rusos”: Alexis, Yuri, Vladimir, Tatiana o Katiuska, con los de los llamados “patriotas”: Raúl, Camilo, Fidel, Celia o Ernesto, más recientemente los asexuales “ladies”: Yuleidis, Yulisladies, Anisladies y por que no hasta Culis… ladies, y no hablar de los diminutivos, esa cabrona manía de nosotros los cubanos de achicarlo todo… que si Robertico pa’qui, Joseito pa’lla, y ¿Para qué?, para después decirle, Chicho, Nico, Tati, Cuqui, Nene, Tata y hasta el fuera de lugar “Papo”, o simplemente otro ocasional, que ocultaría para siempre el nombre del sujeto como el caso de “Ñoo”. Pero para mi el sería siempre el “tipo”, que necesitaba para mi novela, mientras que Ñoo… perfectamente iría con otro de mis personajes.
Yo hice lo mismo y le adelante mi tarjeta, con la dirección y el teléfono de Miami, acompañándolo con un billete de cien dólares.
—No papa (como dicen los afro norteamericanos aquí)… eso es mucho por la carrera… solo son catorce dólares según el taxímetro… busca un billete mas chico anda….
—Cobra la carrera y guarda lo otro para ayudar a tu hijo, como lo haría Ñoo… si estuviera en mi lugar…
Tomé mi equipaje prometiéndole a mi hasta entonces chofer, que cuando regresara a Miami nos comunicaríamos nuevamente… lo vi. Alejarse con su Historia, cierta o falsa, vivida o inventada, como la de tantos otros cubanos en Miami… Una vez reposado en el asiento del avión con destino a New York continué con mi novela…

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Un pensamiento en “ÑOO… TREMENDA GENTE

  1. Pingback: 22 de julio de 2012

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