UN NIÑO ABANDONADO, CONSUELO DE UN PUEBLO

Padre José Olallo Valdés

Padre José Olallo Valdés

 

París, 6 de febrero de 2013.

Querida Ofelia:

Te envío este bello texto de Monseñor Agustín Román sobre la vida y obra del Padre José Olallo Valdés, para que después de leerlo, lo hagas circular como sueles hacerlo desde hace décadas, entre amigos y conocidos. Estimo que es necesario hacer conocer entre nuestros compatriotas a estos dos grandes hombres.

“Al acercarse la Navidad, con el comienzo del Adviento, pienso siempre en el nacimiento de Cristo, y al pensar en él me pregunto: si el pueblo de Belén hubiera sabido que en aquel Niño estaba la salvación de Israel y del mundo, ¿lo habrían abandonado con sus padres, dejándolo nacer en una cueva? El nacimiento, representado cada año, en imagen, en nuestros hogares, nos presenta esta escena evangélica para que podamos contemplarla saboreando su rico mensaje: un niño abandonado que se convierte en el consuelo del mundo.

Pienso que este año se me presentará aquella misma escena, señalada en un hecho histórico, cuando sea beatificado el Padre José Olallo Valdés, el 29 de noviembre en Camagüey, Cuba, al abrir el Adviento el nuevo año eclesiástico.

Con Fray José Olallo Valdés tendremos la primera beatificación, es decir la primera elevación a los altares de un cubano dentro de Cuba, ya que el pasado año tuvimos la de José López Piteira, de Jatibonico, Cuba, en el Vaticano. Desde ese momento, el nombre de Fray Olallo aparecerá públicamente en toda la Iglesia Católica a través del mundo. Será reconocido como el cristiano que al pasar por este mundo demostró haber seguido a Cristo viviendo su divino mensaje y hoy, en el cielo ante el Señor, será un modelo a seguir y un intercesor por todos nosotros.

La vida de este hombre comenzó muy humildemente. Nació en La Habana el 12 de febrero de 1820. Sus padres respetaron su vida al ser concebido y al nacer; pero lo abandonaron, llevándolo en silencio a la Casa Cuna, hogar que había fundado el Obispo Valdés en 1710 para salvar la vida de los niños abandonados. Quien allí lo dejó, sólo puso en sus ropitas una nota con la fecha de su nacimiento y diciendo que no estaba bautizado.

La institución lo recibió con cariño, lo crió y lo educó. El niño nunca conoció quienes eran sus padres, sólo sabía que habían respetado su vida.

Como a los 14 años sintió el llamado de Dios a consagrarse a su reino. Sensible al dolor de sus hermanos, escogió dedicarse a Cristo en los enfermos. Seguramente tuvo que haber escuchado en lo profundo de su alma la frase del Señor: «estaba enferma y me visitaste» (S. Mateo, 25, 36) y decidió entrar en la Orden de San Juan de Dios, que había sido fundada en 1572 en España.

En 1835, a los 15 años, celebraba su consagración en aquella familia religiosa que era llamada popularmente, «los juaninos».

La epidemia de una enfermedad llamada cólera corría por la isla haciendo morir en pocas horas a miles de personas. En La Habana, donde él estaba, murieron 10,000 y la epidemia había llegado a Camagüey haciendo grandes estragos. Los hospitales de la Orden estaban llenos a pesar del gran número de enfermos que moría. A pesar de sus 15 años, fue enviado a Camagüey en 1835 para atender allí el hospital de la Orden con los numerosos enfermos. Allí se entregó en cuerpo y alma a sus hermanos dolientes. A los enfermos del hospital les dedicaba día y noche, y no por eso desatendía este santo enfermero a los pacientes que llegaban del exterior.

Practicó las obras de misericordia a tal extremo, que ha llegado a recibir del pueblo camagüeyano el distintivo «Testigo de la Misericordia». Enseñaba la catequesis a la niñez, aconsejaba a los matrimonios, salvando muchos hogares de la ruptura, y daba consuelo a todos los que sufrían.

Vivió los diez años de la Guerra Grande recibiendo en el hospital a los heridos y enfermos de los dos bandos, mambises y españoles, a los pobres desamparados y a las personas de alta posición económica, así como a los esclavos africanos, que eran los más abandonados. El hospital de San Juan de Dios, con el Enfermero Mayor José Olallo Valdés, no sólo era un espacio de sanación, sino también de reconciliación, donde con el dolor convertía en el mismo lugar a los enemigos en amigos, gracias al trabajo de este santo cristiano.

Los tiempos de la guerra fueron difíciles, pero llegó la tregua un día de 1878. La enfermedad no tuvo tregua, porque cuando parecía terminar el cólera, empezó la viruela. Dentro de esa situación desesperante, y viviendo en esta oscura noche por más de 50 años, entre la desesperación y la muerte, no perdió el equilibrio y su bondad calmaba lo que parecía imposible.

Las leyes civiles de España cerraron a la Iglesia las posibilidades de servir mejor, prohibiendo a los religiosos dirigir sus obras como antes, y éstas cayeron en manos del estado. Entre la enfermedad y el dolor corría la secularización civil y con ella, la exclaustración, por la cual los religiosos no podían actuar y debían quitarse el hábito.

El Padre José Olallo, por amor a los enfermos, continuó trabajando sin hábito, aunque en su interior nunca olvidó su consagración, alimentando con su vida espiritual cada día de su vida. Vivió en unión con la Virgen, con el rosario en la mano, meditando con ella los misterios de Cristo durante en trabajo y rezándolo en la noche con los enfermos.

El pueblo camagüeyano lo veneraba con razón y a la hora de su muerte, el 7 de marzo de 1899, todos lo lloraron. Su funeral fue el más concurrido en aquella ciudad, porque, para todos, Fray José Olallo Valdés, fue un padre. De ahí que, sin ser sacerdote, el pueblo lo llamaba siempre Padre y la iglesia, siguiendo al pueblo, así también lo llama.

En el nuevo beato me parece que se retrata en este Adviento la escena de Belén y me pregunto, si los padres conocieran el plan de Dios en cada niño que viene a este mundo, ¿le impedirían el nacer, o, después de nacido, lo abandonarían? La historia del beato José Olallo Valdés debía hacernos pensar: un niño abandonado que se convierte en el consuelo de un pueblo. Consuelo que más que nunca necesita nuestro pueblo cubano”. 22 de noviembre de 2008. Monseñor Agustín Román.

Una palabra más fuerte. Los escritos de Monseñor Agustín Román. Este libro es obra de una sabia recopilación de documentos – entre ellos éste que te acabo de reproducir sobre el Padre José Olallo Valdés-, llevada a cabo por el célebre periodista Julio Estorino. Gracias a él las enseñanzas, la vida y la obra de ese gran hombre que fue Monseñor Agustín Román quedarán impresas para las generaciones futuras en sus 414 páginas. Ediciones Universal. Miami. EE.UU. Library of Congress Catalog card N°: 2012948039.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares,

Félix José Hernández.

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