No hay tamarindo dulce ni hambruna beneficiosa

Estantes vacíos en un mercado de alimentos en Cuba. Foto: Alberto Hernandez

Por Darsi Ferrer

Hoy, revisemos algunos eventos relacionados con hambrunas que han sufrido determinadas sociedades y sus devastadoras consecuencias. Empecemos con Ucrania, conocida como el granero de Europa, que en los años 1932-1933 fue sometida a una hambruna artificial, cuyas causas fueron la excesiva recolección de granos para financiar la industrialización de la URSS, precedida por colectivización forzada y el deseo del monarca soviético, Joseph Stalin, de castigar el “tradicional nacionalismo ucraniano”. Desde el Kremlin se ordenó usurpar las tierras y el ganado de los campesinos y agrupar a estos en granjas colectivas, haciendo cumplir esa política a la fuerza por medio de las tropas militares y la policía secreta. El resultado de esos acontecimientos fue que murieron entre 7 y 10 millones de ucranianos, aniquilados por el agotamiento físico, el tifus, los envenenamientos gastro-intestinales, el canibalismo, los suicidios, entre otros trastornos.

En China, la política del Gran Salto Hacia Adelante impuesta con rigor por Mao Zedong, entre los años 1958-1961, tenía la meta de llegar a producir más acero que el Reino Unido. Con ese fin, se ordenó a millones de campesinos abandonar el trabajo agrícola para incorporarse a la producción de hierro y acero. Se puso en práctica la colectivización forzada en comunas y el trabajo en masas, prohibiéndose el cultivo privado, lo que dio por resultado que cayera dramáticamente la producción de alimentos. Como los campesinos no fueron dotados de conocimientos básicos, ni de tecnología, todo ese esfuerzo fue improductivo, pues el acero se produjo a base de aleaciones incorrectas y terminó siendo inservible. Toda esa locura llevó a que murieran literalmente por inanición alrededor de 30 millones de chinos.

La combinación de una gran sequía, más la carencia de escrúpulos del líder comunista Haile Mengistu Mariam, generó que el pueblo etiope fuera golpeado por una terrible escases de alimentos que llevó a la muerte a 1 millón de personas, en el año 1984. Y la situación se agravó porque Mengistu no solo obligó a la colectivización en comunas forzadas, que afectaron la producción agrícola, sino que la ayuda económica y alimentaria que recibó del exterior, la invertía en sustentar sus guerras contra Somalia y Eritrea y en beneficiar exclusivamente a sus militares…

¿Por qué traer a colación este tema? Pues parece que prestigiosos científicos pretenden hacernos tontos. Tal es el caso de las conclusiones emitidas por un equipo de médicos españoles, cubanos y estadounidenses, dirigidos por Manuel Franco, profesor en la Universidad de Alcalá y la Universidad Johns Hopkins de EEUU, e investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), de Madrid. Esos estudiosos analizaron la etapa más crítica de desabastecimiento y la carencia de transporte, comprendida entre 1991 y 1995, cuando el llamado Periódo Especial, y señalaron que la pérdida de peso devenida del hambre por la falta de alimentos y el aumento del ejercicio físico por las graves limitaciones del transporte, tuvieron el notable beneficio de derivar en un descenso de las enfermedades del corazón y la diabetes. O sea, los cubanos somos distintos al resto del mundo, según el estudio de este prestigioso team. La hambruna y el estres acompañante a estas situaciones carenciales ha sido causa del incremento significativo de morbimortalidad en las poblaciones que las han padecido, sin embargo, nos quieren hacer creer que en los cubanos lo que trajo fue beneficio. Claro, dichas conclusiones ni se toman el trabajo de mencionar que fue precisamente en 1991 cuando se desató en Cuba una epidemia de Beriberi o Polineuropatía periférica, directamente ligada al asfixiante problema alimentario, que es la mayor de su tipo conocida en todo el continente Americano, y que afectó a cerca de 60 mil cubanos, de los cuales muchos terminaron padeciendo complicaciones motoras y neurológicas irreversibles. Eso sin contar que las conclusions de su publicitado estudio, se basan en las estadísticas aportadas por el propio régimen. Que mal empleado estuvo el dinero para realizar esa investigación, pudieron utilizarlo en algo un poco más serio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s