CARTA DEL POETA SERGIO GALÁN PINO DESDE MIAMI

 Sergio Galán Pino y Marta Hernández. Café Demetrio, Miami, octubre de 2012.


Sergio Galán Pino y Marta Hernández. Café Demetrio, Miami, octubre de 2012.

París, 5 de mayo de 2013.

Recordada Ofelia.

Al regresar del Crucero por el Mediterráneo Occidental que hicimos en el Costa Serena, he encontrado dos interesantes cartas que me envió el amigo poeta y periodista Sergio Galán Pino desde Miami. Aquí te mando la primera de ellas.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández,

Miami, 30 de abril de 2013.

Estimado colega y amigo:

Después de escuchar esa interesante entrevista en Radio Miami Internacional, en la que se abordaron una diversidad de controvertidos temas políticos y sociales de indiscutible interés colectivo, me he sumido en profundas reflexiones (casi sub-concientemente ), acaso impulsado por un sentimiento de empatía ante este – cada más complicado – acontecer cotidiano en que está inmersa no solo la convulsionada Europa, sino todo el orbe, y cuya problemática es de interés colectivo a nivel mundial, me lleva a exponerte, a modo de consideraciones reflexivas, ciertos enfoques conceptuales míos (sin que los tomes como irreverentemente audaces) sobre los puntos más neurálgicos de dicha entrevista.

Y lo hago, con el solo propósito de corroborar a través de mi propio criterio personal esa tangible imagen realista que con un estilo lapidario pero, indiscutiblemente de corte acertadamente preciso, logras desprismatizar todo el corrupto espectro político de Francia, en una abarcadora apreciación general de las erróneas tácticas y estrategias, tanto de la derecha como de la izquierda que me hacen recordar, por asociación de ideas, aquella famosa frase del filósofo griego Aristóteles cuando sentenció: “todos los extremos son negativos pues la verdad está en el justo término medio”.

Pero si aplicáramos este siempre vigente axioma a las corrientes políticas de estos tiempos, nos daríamos cuenta – con absoluta claridad – de cuanta verdad encierran estas palabras pronunciadas, hace más de dos milenios, por uno de los hombres más sabios de la Historia.

Un evidente ejemplo lo tenemos en esa Francia – donde tú resides -, esa Francia, pristina raíz del democrático árbol de todas la libertades actuales que trazara pautas (y devino después) en los Derechos Humanos, logradas, gracias a aquella gesta redentora que abolió , ¡ya para siempre!, castas y privilegios feudales de aquel arbitrario sistema político, económico y social, que tuvo como origen el Manifiesto de la DECLARACION DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y DEL CIUDADANO, durante la única y probada históricamente – democrática Revolución que recuerda la Historia contemporánea, al margen del los posteriores hechos, que como un consecuente engendro de los extremistas de siempre – llamémoslo así eufemísticamente -, suscitaron los bochornosos episodios dramáticos de aquella Epopeya, pero que, sin embargo, no le restan mérito alguno a la grandeza y gloria inmarcesibles de ese movimiento clasista, que tan jerárquicamente apellidara ese bello país galo.

Y he mencionado Francia, esa Francia de Voltaire, Rousseau y Montesquieu, no por disociarme involuntariamente del tema, que muy reverentemente, amigo, Félix José, te expongo, sino porque precisamente, como te dije anteriormente se me hace necesario enfatizarlo dentro de este contexto, ya que, precisamente, (ahí en la Ciudad-Luz), fue donde hizo eclosión aquel fenómeno político-social (que insospechablemente, se enmarcaría, como paradigma, en la Historia futura de la humanidad), que germinó en la disyuntiva ideológica de la Izquierda y de la Derecha, personificadas por los asientos ocupados en la Asamblea Nacional Constituyente por los Jacobinos y los Gerondinos.

No quisiera, amigo Félix José, que tomaras estas consideraciones históricas mías, como un audaz e irreverente intento de darte clases en una materia de la que eres un perfecto conocedor, pero ¡créemelo! solo quiero exponerte un examen concienzudamente comparativo de los peligrosos desatinos, tanto de la Izquierda como de la Derecha, para poder darte las bases radicales en que sustento mi opinión ( a través de este compendiado análisis) que conforman mi concepción ante ambos extremos del espectro político actual, no solo en esa Francia que tú vives sino en el resto del llamado mundo democrático.

No debemos pasar por alto, (como un ineludible deber de conciencia que existe, en la actualidad, una Derecha progresista, de ideas avanzadas, que mantiene una proyección altamente democrática, aunque conservadora en su esencia, así como debemos también reconocer que existe una Izquierda moderada, partidaria del reformismo (imprescindible en un mundo en constante evolución, pero contraria a toda posición de fuerza (léase “revolución”) y así, ambas, acaso sin saberlo, avanzan desde sus respectivas posiciones antagónicas (hasta casi encontrarse) hacia el punto en que se cristaliza el ideal democrático. Ahora bien, considero que tanto una como la otra, resultan ajenas a los extremismos de ambas tendencias; extremismo que deriva, ineluctablemente, en la tiranía o la dictadura, tanto de Derecha como de Izquierda, que como sabes, pugna, choca y es incompatibles con las viejas tradiciones democráticas del mundo libre.

Por eso, al escuchar esas acertadas respuestas tuyas, que con esa experimentada óptica periodística que tanto te caracteriza, a las preguntas hechas por ese brillante periodista que responde al nombre de Agustín Ragugni, me vi impulsado a enviarte estas líneas, donde no pretendo abarcar todos los temas expuestos en la misma (ya que sería imposible por cuestión de tiempo y de espacio), pero cuyas consideraciones dejo para la próxima ocasión.

Ahora bien, no quiero terminar sin antes soslayarte que, sin lugar a dudas, en este convulsionado ciclo histórico que nos ha tocado vivir, deplorablemente atravesamos por una – cada vez más palmariamente aguda – crisis de valores morales (en todos los ámbitos, pero muy especialmente en el político), donde el idealista y el demagogo se entrelazan en un inverecundo rito retórico, llegando, casi siempre, a confundirse – como en uno solo – obnubilizando – sin que pueda, muchas veces, lamentablemente ser mitridatizada – la conciencia de los pueblos, de esos pueblos o “masa” como la llamara el gran ensayista y filósofo español José Ortega y Gasset. Por otra parte, no podemos resignarnos a aceptar aquella frase (aunque se ajuste a la más estricta verdad) del filósofo Walter Benjamin: “La Historia la escriben los vencedores” sino todo lo contrario, ante la realidad de los extremismos no ya solo en lo político sino en lo social, que conlleva (según lo que planteas en tu entrevista por Radio Miami Internacional concedida a Agustín Ragongni), intrínsicamente, lo moral y lo humano, nuestro deber – tal y como haces tú – es luchar, denodadamente para vencer (a través de la palabra y de la pluma ), aunque parezca utópico, utilizando como escudo y armas, nuestros principios éticos, filosóficos y políticos, toda esa tan bien estructurada amalgama de situaciones, que tú tan valientemente denuncias y que tanto inquietan hoy en día – de una forma u otra – a la opinión pública mundial. Y así, nos quedará la tranquilidad de conciencia de que hemos puesto nuestro grano de arena en las progresistas playas de la Historia futura. Porque, estimado colega, sin lugar a dudas la situación política y social francesa trasciende las fronteras del Viejo Continente y se extiende sobre nuestra joven América, desde hace ya mucho tiempo, por lo que – obviamente – ¡queramos o no! – nos atañe a todos.

Recibe pues, las más sinceras felicitaciones unidas a un fraternal abrazo de:

Sergio Galán Pino

Diputado del Colegio Nacional de Periodistas de Cuba (en el exilio)

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