NUESTRA RENOVACIÓN DE VOTOS MATRIMONIALES EN EL COSTA SERENA

renova

París, 8 de mayo de 2013.

Querida Ofelia:

¡Cuánto te hubiera gustado esa bella ceremonia religiosa!

Tuvo lugar el 1° de mayo, en el bello Salón Cupido del Costa Serena – pues la capilla resultaba pequeña-, mientras navegábamos por el Mediterráneo entre Palermo y Palma de Mallorca.

Ofició el capellán de la nave: Padre Adam Straczkiewcz, que es también profesor de la Universidad de Siena. La misa fue muy bella, con lecturas sobre la familia y el valor del matrimonio.

Éramos unas veinte parejas, las que formamos un círculo frente al altar: franceses, italianos, polacos y nosotros los cubanos.

El Padre nos pidió que nos tomáramos de las manos y que no lo miráramos a él sino a los ojos de nuestra pareja. A continuación dijo: “ustedes han solicitado renovar sus votos de matrimonio en el día de hoy, ante la presencia de Dios. Sabemos que el compromiso que adquirieron el uno con el otro el día de su boda ha perdurado. Sin lugar a dudas lo han renovado en sus corazones innumerables veces a lo largo de los años que llevan juntos”.

Continuó: « Ustedes han vivido juntos en matrimonio en el nombre de Cristo, juntos, como una sola carne, han enfrentado a lo largo de estos años innumerables retos que han puesto a prueba la firmeza de su amor y de los lazos que los unen. Aun cuando estas pruebas han sido difíciles, nunca las han enfrentado solos. Por fe saben que su matrimonio ha sido, y continuará siendo, aún en sus debilidades y por medio de la gracia de Dios, una participación en la vida divina del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

En el matrimonio, así como en todas las cosas, Jesús está en nosotros y nosotros en Él. De la manera como Él nos amó y dio su vida por nosotros, también nos insta a amar a nuestros cónyuges. En Jesús tenemos la libertad de amar incondicionalmente, de perdonar sin guardar ningún resentimiento y de ser fieles aún frente a la adversidad.

En Jesús, podemos decirle a nuestro cónyuge: ‘He escogido libremente estar siempre contigo, y libremente te entrego mi vida y todo lo que soy’. Debido a que el matrimonio es una institución divina, y a que estamos rogando a nuestro Padre celestial que renueve esta unión como esposo y esposa por medio de su Hijo Jesucristo en comunión con el Espíritu Santo, es importante que ustedes prometan fielmente continuar viviendo bajo este pacto matrimonial”.

A continuación , ayudado por otro sacerdote y traductores nos dijo a los esposos:

“Tu esposa te ha entregado su vida y su amor. ¿Prometes, como su esposo fiel ante la presencia de Dios, continuar viviendo con ella en sagrado matrimonio, para amarla, alentarla, edificarla, consolarla, honrarla y sostenerla, en la enfermedad y en la salud, y entregarte solamente a ella, mientras ambos vivan?”

-“Sí, lo prometo”.

Luego el Padre se dirigió a las esposas:

“Él te ha entregado su vida y su amor. ¿Prometes, como su esposa fiel ante la presencia de Dios, continuar viviendo con él en sagrado matrimonio, para amarlo, alentarlo, edificarlo, consolarlo, honrarlo y sostenerlo, en la enfermedad y en la salud, y entregarte solamente a él, mientras ambos vivan?”

-“Sí, lo prometo”.

El Padre dijo:

“Ya que es su deseo el renovar su pacto matrimonial el día de hoy, les pido que se tomen de las manos y repitan esta promesa”.

Cada esposo repitió después del Padre:

“Yo prometo seguir tomándote a ti, por mi esposa, para amarte y cuidarte, de hoy en adelante, en la abundancia y en la escasez, en la alegría y en el dolor, en la enfermedad y en la salud, para amarte y valorarte, hasta que la muerte nos separe”.

Cada esposa repitió después del Padre:

“Yo, prometo seguir tomándote a ti, por mi esposo, para amarte y cuidarte, de hoy en adelante, en la abundancia y en la escasez, en la alegría y en el dolor, en la enfermedad y en la salud, para amarte y valorarte, hasta que la muerte nos separe”.

El Padre nos invitó a rezar el Padre Nuestro y nos bendijo.

Al terminar esa inolvidable ceremonia, las parejas bendecidas nos acercamos al Padre Adam Straczkiewcz para darle las gracias.

Al día siguiente nos entregaron el certificado que ilustra la presente carta.

Mi esposa y yo recordamos aquel 27 de octubre de 1974 en el que nos casó casi a escondidas ante Dios el Padre Teodoro Becerril (Clemente), en la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Sólo asistieron los dos testigos. Si los “heroicos” compañeros del C.D.R. o del P.C. lo hubieran sabido, de seguro que habríamos caído “apestados” para siempre. Esto ocurrió unos años después en 1980, hasta que Dios nos ayudó a escapar del régimen de los hermanos Castro el 21 de mayo de 1981.

Yo sé que tú estabas allí acompañándonos y orgullosa de esta historia de amor que ya dura 38 años.

Te quiere eternamente,

Félix José Hernández.

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