El misterio de “Greynolds Park”

Greynolds Park, Miami, E.U.A.

Greynolds Park, Miami, E.U.A.

París, 22 de junio de 2013.

Querida Ofelia:

Aquí te envío un nuevo escrito del amigo poeta y periodista cubano disidente Yndamiro Restano, que me acaba de mandar desde Miami. ¡Disfrútalo!

“Una tarde lluviosa de verano conocí a Sandy Heckman, quien había muerto unos años atrás. Unos amigos y familiares me habían invitado a una fiesta en el “Greynolds Park”. Era domingo y cuando la lluvia cesó, sentí la voluntad de recorrer un poco el parque. La naturaleza no es extravagante; no se disfraza; no usa máscaras. Al contrario, como no disimula, es nuestro entorno más sincero, pero a veces olvidamos esto y acostumbrados a la hipocresía, la maltratamos porque no entendemos su sinceridad.

De cualquier manera, aquella tarde salí de la gran caseta, donde se celebraba la fiesta y muy cerca, a un lado del campo de Golf, encontré un banco y la tumba de Sandy Heckman. Realmente, sentí algo especial cuando encontré este pequeño lugar, donde había un signo de peligro ante la posible presencia de cocodrilos. Ignoré el aviso y me acerqué a la tumba, atraído por algo más poderoso que el miedo. Algo que me atraía inundándome de paz universal. Algo que convertía la piedra rústica, donde se inscribía la tarja, en la piedra filosofal. Entonces, oré mientras tocaba con amor la gran piedra gris. Supuse, que allí humilde y sola, estaba una norteamericana, que amaba la naturaleza y dí Gracias a Dios por permitirme conocer, una vez más, el alma del pueblo norteamericano, que es un gran manantial, donde el sediento siempre encuentra un sorbo de agua fresca y amorosa.

Finalmente, la fiesta concluyó. La familia y algunos amigos me estaban buscando y partí del “Greynolds Park” hacía mi casa. Posteriormente, de vez en cuando, pensaba en aquel suceso y en aquella mujer, amante de la naturaleza y de la vida, quien había muerto muy joven. Pero eran solamente relámpagos en la memoria. Pensaba, entonces, que la historia había concluido aquel domingo lluvioso de verano. Incluso, yo no sabía el nombre del parque ni el lugar exacto donde se encontraba.

Sin embargo, pasó el tiempo, más de tres años y este último Día de los Padres, escuché a Barbara Streisand cantando “Evergreen” con su voz telepática. El hijo de mi mujer, que gusta de esta canción, la había puesto en youtube y la música resbalaba sobre un inmenso lago verde, que fertilizaba las notas mientras una pareja de enamorados sentados en un banco, sentían todo el amor de la escena. Entonces, escribí un poema: ‘El Banco Verde.’ Los últimos versos decían, que yo estaba esperando a alguien sentado en el Banco Verde y que ese alguien aparecería, sin venir. Más tarde le propuse a mi esposa buscar el parque. Yo no sabía cuál era el lugar, pero quería disfrutar con ella ese momento de encantamiento, que yo había gozado años atrás cuando visité la tumba. Pero todo fue en vano. Fuimos a Oleta y recorrimos otros parques, pero nadie sabía sobre una tumba en un parque y mucho menos de Sandy Heckman. Finalmente, mi esposa y yo, llegamos a la casa y nos dormimos con cierta melancolía. Yo había olvidado el nombre del parque y su dirección.

A la mañana siguiente, abrí mi correo electrónico y apareció la siguiente invitación:

‘The Save Greynolds Park Committee is holding a peaceful demonstration outside City Hall of North Miami Beach this coming Tuesday, June 18, 2013 from 5:30pm until the City Council meeting commences inside. We want to show the City Council that Greynolds Park is a treasure for all the people and shouldn’t be endangered by the careless city council and the money-hungry investors. Come out and join us peacefully in front of city hall this coming Tuesday’.

Greynolds Park está situado muy cerca del lugar, donde se reunían los manifestantes. Exactamente en el 17530 W Dixie Hwy, North Miami Beach. Entonces, casi al atardecer, mi esposa y yo decidimos ir al parque. Quizás, fuera aquel que tanto habíamos buscado. Los ecologistas estaban muy cerca manifestando. Pero nosotros seguimos hacía el parque y allí efectivamente se hallaban el Banco Verde, el lago y la tumba con su tarja dedicada a Sandy Heckman. Antes de encontrar la tumba, le preguntamos a un empleado del parque si sabía de alguna sepultura cercana. El trabajador contestó que laboraba allí por 33 años y nunca había sabido de alguna persona enterrada allí. Fuimos a la oficina y sucedió lo mismo.
Sin embargo, mi esposa y yo, pudimos encontrar la tumba de Sandy Heckman. Una mujer norteamericana, que amaba la naturaleza y a quien conocí mucho más este año. Gracias a que la variable de la vida supera todos los límites”. Yndamiro Restano
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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