CRÓNICA NAVIDEÑA PARISINA

Los Champs Elysées y el Arco de Triunfo de París.

Los Champs Elysées y el Arco de Triunfo de París.

París, 8 de diciembre de 2013.

Querida Ofelia:

Aunque no he recibido respuesta a mi anterior carta, te escribo de nuevo, espero no aburrirte. Simplemen­te, tenía deseos de hacerlo. Nosotros estamos bien, el sábado 21 comenzarán las vacaciones. Aquí estamos en la vorágine navideña. En las conversaciones el verbo que más se conjuga es regalar y las palabras que vienen continuamente son: festejos, vacaciones, paseos, tiendas y compras. El Mundo Occidental se prepara para celebrar el nacimiento, del que escogió a una familia pobrísima y un establo para nacer, en medio de un derroche de consumo, de una verdadera orgía de despilfarros­, todo tan lejano del verdadero espíritu cristiano de: perdón, cari­dad y reconciliación.

Cada mañana salgo de casa al alba, y de mi inmueble a la estación del Metro me separan cuatro manzanas, a todo lo largo de las cuales, todos los árboles han sido decorados como árboles de Navidad y cada poste del alumbrado público está decorado con una luna en cuarto creciente con bombillas rojas, verdes y doradas, los tres colores clásicos de las Navidades galas.

Ya en la estación y a lo largo de todas las paradas, incluso en el largo pasillo de unos 100 metros de mi estación de destino, todas las paredes están llenas de grandes posters con fotos de niños, ángeles o encantadoras muchachas, todos rubios de ojos claros, to­dos sonrientes y bellos, que te aconsejan comprar: perfumes, coches, electrodomésticos, champagne, vinos y cuanta cosa superflua existe. Al salir del Metro, los 10 minutos a pie que debo recorrer son idén­ticos, todo está decorado. Hasta las secretarias tienen mini arbo­litos sobre sus mesas de trabajo. Es prácticamente obligatorio ser feliz, y es de muy mal gusto enfermarse en esta época.

Frente al anfiteatro en donde imparto clases, por la ventana se ve un gigantesco anuncio de Varadero (parece como si lo hubieran puesto allí para mí). En la arena se puede apreciar a una joven mulata muy sensual con una sonrisa socarrona y un bañador de apenas unos centímetros cuadrados, que te invita a conocer el “calor del pueblo cubano” (te lo cito textualmente).

Cuando sabes que para salir a la calle hay que poner­se: chaqueta, sobretodo, bufanda, guantes y sombrero… las aguas turquesas del cartel de Varadero son aún más espectaculares.

La tele, la radio y las revistas son lo mismo, todo está lleno de anuncios que hacen referencia a los regalos, si siguieras sus conse­jos, tendrías que hacer un regalo a cada persona conocida.

Ayer fuimos de tiendas por el Boulevard Haussman, yo le llamo Boulevard Galiano, ya que allí están los grandes almacenes.

Los Pa­pás Noël (el Santa Claus francés), con sus campanas en las manos, proponían hacerse fotos con los niños. Los escaparates desborda­ban de juguetes, mientras que en las entradas, elegantes y sonrientes señoritas repartían bombones a los clientes. Había una verdadera multitud, cargada como los camellos de Melchor, Gaspar y Baltasar, con paquetes envueltos en bellos colores con cintas y moñas brillantes. El esplendor de la ciudad es fascinante, viste sus mejores galas, con luces por doquier, adornos, guirnaldas, ángeles, fiestas, regalos, cenas, en fin todo lo imaginable para celebrar el nacimiento de Jesús.
Las únicas notas discordantes se producen en el telediario, donde cada noche entre anuncios de parfum Chanel Number Five y foie gras, apa­recen las bochornosas escenas de las víctimas de los atentados en Iraq, los muertos en Chechenia, el ham­bre en África, el avance del sida en el Tercer Mundo, etc.

Esperemos que en este nuevo año que se acerca traiga: paz, amor y Libertad a las familias cubanas, que Dios evite un de­sastre, que ponga su mano divina para que impida más desgracias y lutos a nuestro pueblo.

¿Qué habremos hecho los cubanos para que Dios nos castigue de esta manera? Nuestra representación de María en la Virgen de la Caridad del Cobre es todo un símbolo, a sus pies hay tres balse­ros. ¿Fue éste un presagio de la gran tragedia?

Para desearte unas muy Felices Navidades con: amor, paz, salud, bienestar y Libertad, hace tres días te envié turrones Alicante y Jijona con una amiga gala. Ya decoramos nuestro hogar con el Belén y un gran árbol de Navidad que armamos como cada año el 4 de diciembre, en honor a mi inolvidable abuela Aurelia, pues ése era el día de su cumpleaños y solía ayudarle a armarlo cada año, allá en el desde aquí lejanísimo terruño camajuanense.

El sábado pasado asistimos a una fiesta grandiosa, en el Planet Hollywood des Champs Elysées. Fue organizada por cuatro familias galas para todos los amigos de sus hijos, y los miembros de uno de los ya tradicionales y exclusivos “rallyes”. Este lleva por nombre “Stars en Strass” y está compuesto por unos 600 chicos y chicas entre 16 y 20 años aproximadamente. Desde las 10:30 p.m. al amanecer, bailaron al ritmo de la música contemporánea, fundamentalmente anglosajona. Forman parte de la llamada juventud dorada gala de la Ciudad Luz, elegantes, ellos de traje y corbata o con smokings y ellas de traje largo. El sistema de “rallyes” consiste en unir a la juventud de la élite gala, por medio de una cadena de fiestas organizadas a turno por los padres de los jóvenes. Para asistir a las cuales tienen que ser miembros fijos. Cuando le toca a un grupo de familias organizarlas, tienen derecho a invitar a otras personas, pero la obligación de invitar a todos los jóvenes que forman parte del “rallye”. Asistimos invitados por los señores Lalau Keraly, cuyas dos brillantes y encantadoras hijas fueron alumnas mías.

Frente a los abundantes buffets situados en largas mesas de los diferentes salones del Planet Hollywood parisino, encontré a muchas chicas y chicos conocidos, pues fueron alumnos míos. Todos han tenido mucha suerte en la vida, nacieron y viven en Francia, país cargado de historia y de cultura, pertenecen a la élite económica y cultural de la capital gala y festejaban alegremente en un local de la avenida más bella del mundo, decorada con doscientos cincuenta árboles de Navidad.

¡Cómo te hubiera gustado presenciar la bella soirée parisina!

Un gran abrazo y que Dios te permita ver todos tus sueños convertidos en realidad,

Félix José Hernández.

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