NAVIDEÑOS

El pesebre en nuestro hogar parisino.

El pesebre en nuestro hogar parisino.


…todos nos desean un mundo de: paz, amor, bienestar con salud y amor; pero lo que me extraña es que nadie nos desee Libertad, como si el poseerla en estos momentos fuera algo definitivo…”.

París, 7 de diciembre de 2013

Mi querida Ofelia:

Cada año es en estos días de Fiestas Navideñas es cuando más me faltas.

En mi lejano terruño camajuanense, era en esta época cuando comprábamos en la bodega de los Torres, aquellas manzanas rojas de California que venían en papelitos morados o aquellos racimos de uvas moradas del mismo origen que venían en unas cestitas de madera fina.

A ti te encantaban las nueces y las avellanas, las cuales envolvías con un paño de cocina para darles un buen martillazo sobre la meseta del patio.

Si me vieras como yo las rompo con un elegante instrumento de Christofle que me regaló un galo despistado, te echarías a reír.

Cuando veo las cajas de dátiles e higos me acuerdo tanto de ti. Mi enorme (y de gusto americano según mis amigos galos) árbol de Navidad, lo armo cada año recordando como tú hacías el tuyo de papel crepé y le ponías algodón en las ramas y en la base. Después lo colocabas sobre una caja de cerveza Hatuey que nos prestaban en el depósito de Fomento y Sta. Teresa y que tú envolvías en papel ladrillo.

¿Te acuerdas cuando cada 4 de diciembre, fiesta de Santa Bárbara, íbamos a ayudar a mi abuela Aurelia a armar su árbol de Navidad, pues ese día era su cumpleaños?

Aquellas reuniones de familia con todos mis primos y tíos y con Zoilo asando el lechón en el traspatio, son recuerdos de aquella infancia que quizás con el paso de los años se sigan embelleciendo.

Aquellos bailes del 25 de diciembre en Piscina Club o Patio Club, cuando llevabas a Aurelita y a sus amigas, que se vestían primorosamente cada año, estrenándose todo para lucir espléndidas como Cenicientas cubanas antes de las campanadas de la medianoche.

Pero todo aquello duró hasta que: “¡Se acabó la diversión, llegó el Coma-Andante y mandó a parar! “, como tan proféticamente dijera el compañero Carlos Puebla.

Recuerdo un 24 de diciembre aquí en París: estaba en la sala esperando a que mi esposa se acabara de arreglar, ya había preparado la gran bolsa con los regalos que llevaría a nuestros amigos y encendí la tele para pasar el tiempo, caí en el noticiero del canal tres que informaba:

– Una vaca loca en los E.U.A., varios países interrumpieron la importación de carne procedente de ese país.

– Un avión cayó en una playa de Benín, hubo sólo 22 sobrevivientes de los 141 pasajeros que se dirigían a pasar la Navidad con sus familias en el Líbano. Las imágenes de los desesperados familiares en el aeropuerto de Beirut eran conmovedoras.

– Explotó una planta de gas en China provocando más de 200 muertos.

– La policía española logró arrestar a varios terroristas vascos que iban a poner 50 kgs. de explosivos para efectuar una masacre en la estación de ferrocarriles de Chamartín en Madrid, nada menos que en la Nochebuena.

Según los minutos pasaban, la lista de calamidades se hacía interminable. Al final se pasó a París, la pequeña pantalla presentaba al numeroso público que abarrotaba los grandes almacenes: Printemps, BHV, Galeries Lafayette, La Samaritaine, Au Bon Marchè, etc, realizando las últimas compras. Las cámaras de los periodistas paseaban por las grandes plazas y avenidas repletas de luces, de árboles de Navidad y de carteles lumínicos deseando: Feliz Navidad, Felices Fiestas, Feliz Año Nuevo, etc.

Salimos de nuestro piso después de haber conectado la alarma, que está vinculada a un servicio de guardajurados especiales. En el vestíbulo del inmueble una cámara me filmó y tuve que marcar una contraseña para que se abriera la puerta que da al aparcamiento donde caímos en el área de observación de otra cámara. Pasamos entre las decenas de coches de donde bajaban o subían decenas de personas, todos cargados de regalos como los camellos de Melchor, Gaspar y Baltasar o la bolsa de Papá Noël (el Santa Claus galo). Fuimos a tomar el Metro y al pasar el billete por el torniquete, otra cámara me observó, otra más en el andén y de nuevo otra en el vagón. ¡Yo que me imaginaba que en Cuba me controlaban!

Llegamos a la iglesia que estaba llena de familias. La Misa del Gallo (a las 9 p.m.) fue muy bella, pero le faltaba aquel calor de las del padre Clamente en la Iglesia del Carmen de la habanera calle Infanta adonde me llevaba cada año Dinorah. Allí donde cada Jueves Santo, de niño yo hacía de apóstol. ¡Qué época!

Fuimos a cenar en casa de Fefita y Gerardo. Fue una cena muy cubana: lechón asado, yuca con mojo, frijoles negros, ensalada de tomate y lechuga, vinos tintos de Burdeos, dulce de chocolate y de coco, turrones alicante y jijona y sobre todo un ambiente muy familiar.

Rosy, la chica de la casa es encantadora, culta, simpática, acogedora, inteligente y bella; más no se puede pedir. Fefita, cubanísima anfitriona, con un sentido del humor a toda prueba al igual que Gerardo; ambos hicieron galas de hospitalidad.

Entre los invitados había un español muy agradable. Este Sr. fue a Cuba con su novia y allí conocieron a un músico simpatiquísimo de la orquesta del hotel. A la novia le gustó tanto Cuba que después volvió sola y…, lo que tenía que pasar pasó, la novia lo dejó por el músico antillano, con el cual se casó. Pero como es una gala muy civilizada, invitó al español a su boda habanera. Él, muy cortés, declinó la invitación.

Otro invitado fue un cubanito recién llegado, disidente, del pueblo de Remedios, en Las Villas. Esto me asombró mucho, pues cada vez que llega alguien dice que es de Miramar. El chico trata de instalarse en Francia, pero que al hablar con él me describió a los EE.UU. (país que nunca ha visitado), como El Dorado, presiento que más tarde o temprano terminará en “Jaialía”.

Regresamos a casa a las dos de la madrugada entre un río de coches llenos de familias felices.

El día 25 nos despertó nuestro hijo desde la ciudad de Grenoble a las ocho de la mañana, para felicitarnos. Al descolgar el teléfono escuchamos a José Feliciano cantando Feliz Navidad, después no pudimos dormir más pues estábamos invitados a almorzar en casa de unos grandes amigos franceses.

Mientras estaba bajo la ducha, puse como de costumbre la estación de radio France-Info para enterarme de los últimos acontecimientos y de nuevo la lista de dramas fue interminable:

– Un ataque israelí con helicópteros había provocado en Gaza cinco muertes, entre ellas, las de un líder terrorista. Mientras que un terrorista suicida había explotado con su bomba en una parada de autobuses ocasionando varias muertes de inocentes.

-Explosiones y ataques con morteros en varios lugares de Bagdad.

-Terremoto en Irán.

-Anulación de seis vuelos de Air France, por orden del primer ministro galo, ante el peligro de atentados terroristas.

Posteriormente bajé a controlar mi buzón, lo que no hacía desde hacía varios días, lo encontré lleno de postales de felicitaciones de amigos y de familiares enviadas desde: España, Italia, Suecia, Suiza, RFA, Bulgaria, USA, México, Guatemala, República Dominicana, Puerto Rico y Francia. En todas ellas, como en las decenas de mensajes y postales electrónicas recibidas por Internet o en las llamadas por teléfono (mi contestadora automática está repleta de recados con felicitaciones), todos nos desean un mundo de: paz, amor, bienestar con salud y amor; pero lo que me extraña es que nadie nos desee Libertad, como si el poseerla en estos momentos fuera algo definitivo.

Fuimos a almorzar a casa de la familia Bourgarel, entre ellos, sus hijos y nietos, todos rubios y de ojos claros y yo tan prieto, que tenía la impresión de ser una mancha cubana. Pasamos un día muy agradable, con la chimenea encendida, los niños que se divertían con sus juguetes nuevos y los teléfonos que no dejaban de sonar para felicitar.

Al regresar de noche a casa, decidí no escuchar la radio ni ver la tele, para así creer aunque fuera por unas horas, que vivía en un mundo de paz entre hombres de buena voluntad.

Te deseo de todo corazón lo más bello que la vida pueda ofrecer y que Dios te proteja en unión de tus seres queridos de todos los locos fanáticos que andan sueltos sembrando el dolor y la desgracia. ¡Qué puedas vivir siempre con Libertad!

Te quiere,

Félix José Hernández

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