ESCALA EN LISBOA DEL COSTA VOYAGER

Tumba de Vasco de Gama. Monasterio de San Jerónimo. Lisboa.

Tumba de Vasco de Gama. Monasterio de San Jerónimo. Lisboa.

Lisboa, 24 de julio de 2013.

Querida Ofelia:

Al amanecer pasamos bajo el gigantesco Puente 25 de abril ex Puente Salazar, el cual recuerda al Golden Gate de San Francisco. Éste fue construido por los mismos ingenieros. A las 8 a.m. estábamos anclados en el puerto.

A un costado del puente se encuentra la gigantesca estatua de Cristo Rey con los brazos abiertos como el de Río de Janeiro. Fue erigido en 1959 para dar gracias a Dios por no haber involucrado a Portugal en la Segunda Guerra Mundial. El pedestal tiene 85 metros de altura y el Cristo 28 metros. Se puede subir hasta él por un ascensor. Desde allí la vista domina toda la ciudad y la desembocadura del Tajo al Atlántico. Se puede ver muy bien el lugar de encuentro entre las aguas debido al color de las mismas.

Tomamos el autobús con los franceses, para evitar a la parlanchina “signora telefonino” y ocurrió algo muy curioso. La desagradable guía iba sentada explicando en la pequeña butaca que está situada al lado del chófer. Sobre los dos primeros asientos detrás de ella, había colocado una valija y una cartera. Un señor minusválido físico, le pidió si podía pasar aquellos objetos a la segunda fila, para él poder sentarse allí con su esposa, debido a que tenía más espacio para sus piernas. La guía se negó rotundamente. El señor cogió la cartera, la colocó sobre la valija y ocupó uno de los dos asientos. Ella furiosa se puso a hablar con el chófer en portugués, pero yo, que estaba en la segunda fila a la izquierda comprendí que lo calificaba de fresco y descarado. Al hacer la primera parada, la gentil acompañante de Costa le preguntó al Sr. qué había pasado. Éste le explicó y a la agresiva guía no le quedó más remedio que liberar los dos asientos de la primera fila.

Lisboa, capital de Portugal, es sin duda una de las más fascinantes ciudades europeas: rica en numerosos monumentos del arte manuelino y en museos y edificios construidos con inteligencia y uniformidad, Lisboa se extiende en forma de anfiteatro recorriendo las laderas de unas bajas colinas, reflejándose en las aguas del río Tajo, en el punto en el que se forma el estrechamiento entre el mar interior, llamado Mar de la Paja, y el estuario.

El origen de Lisboa se remonta a tiempos muy antiguos, de los que se pierde el rastro. Según una antigua leyenda, Lisboa fue fundada nada menos que por Ulises durante una de las etapas de su odisea, de regreso hacia Ítaca. En cualquier caso, Lisboa, según los historiadores, fue ciertamente una colonia fenicia hasta el año 205 antes de Cristo, momento en el que se convirtió en dominio romano con el nombre de Felictas Julia. Seguidamente fue invadida por los visigodos y más tarde, por los árabes, que la llamaron Lischbuna y construyeron numerosas estructuras, diseñando las bases de la ciudad actual.

Fue Alfonso I quien expulsó a los moros de Lisboa, restaurándola y convirtiéndola en la capital del reino. Se trató del primer paso hacia el progreso, llegando a revestir, entre los siglos XV y XVI, un papel de dominio extraordinario.

El 1 de noviembre de 1755 un terremoto la arrasó casi por completo, causando más de 40 000 víctimas. La ciudad fue reconstruida, gracias al esfuerzo del marqués de Pompai, manteniendo una extraordinaria fidelidad al piano urbano original.

El centro de Lisboa es particularmente extenso. Desde la Praca de Dom Pedro IV, conocida con el nombre de Rossio, se extiende hacia el noroeste, donde se encuentra la estación de ferrocarril, construida en estilo neomanuelino, mientras que en dirección a la plaza se desemboca en Praca de Comercio, a lo largo de la ancha Rua Augusta I, elegante barrio del siglo XVIII proyectado por el mismo marqués de Pompai. Es allí donde se encuentran todos los ministerios y las oficinas de la administración pública.

El Chiado es la calle más elegante de Lisboa, en donde palacios e iglesias barrocas se alternan con tiendas de lujo. La Catedral de Sao Roque, erigida en 1570 a partir de un proyecto de Filippo Terzi y terminada sólo después del terremoto de 1755, es el lugar de culto más querido por los portugueses, que son un pueblo muy ligado a la tradición cristiana y a la católica en particular. En el interior de la Catedral admiramos obras maestras de estilo barroco. Es notable la capilla de San Juan, diseñada y realizada por Romanel en 1742 por orden del rey Joao V y enriquecida con mosaicos y piedras preciosas por M. Maretti. A la derecha de la iglesia se encuentra el museo, que contiene unos espléndidos ejemplos de arte sacro.

El símbolo de la ciudad es La Torre de Belén. Fue erigida en 1515 en el punto desde el que Vasco de Gama partió para realizar su viaje a Las Indias. Construida dentro del río, la torre servía para proteger la entrada de los barcos en el puerto y al Monasterio de San Jerónimo. Se trata de otra obra maestra del arte manuelino y es una fusión de arte románico-gótico con aspectos renacentistas y con un cierto carácter oriental. La torre tiene cinco pisos, en su planta baja se puede ver el hueco por donde se lanzaban al río los condenados a muerte atados con cuerdas.

Cerca se encuentra el Monumento a los Descubrimientos, obra del escultor Leopoldo de Almeida. Tiene cincuenta y dos metros de altura. Fue construido en 1960 con motivo del 500 aniversario de la muerte de Enrique el Navegante. Representa la proa de un barco sobre la que se destacan las estatuas de numerosos personajes históricos. El piso de la plaza es de mármol y en él está representado el globo terrestre y los viajes de los descubrimientos realizados por los portugueses.

Vimos por las calles algunos carteles que pedían un referendum para abandonar al euro como moneda.

El lugar más espectacular que visitamos fue el esplendido Monasterio de San Jerónimo y su claustro. Comenzado a construir por el rey D. Manuel en 1502, reformado en 1517 y varias veces en los siglos siguientes, es una verdadera joya arquitectónica religiosa. En él se encuentran las tumbas de los reyes Manuel I y Joao III y sus esposas, así como las de Camoens y Vasco de Gama. El claustro es una obra de arte de “encajes y tejidos” en piedra que forma un cuadrilátero de 55 metros de cada lado y dos pisos. Los techos son góticos y las paredes de estilo renacimiento. En la Sala Capitular se encuentra la tumba del escritor Alexandre Herculano. Todo es resultado del esplendor del pasado de Portugal.

En el claustro nos encontramos con una bella joven morena y de ojos negros como la noche caribeña, con sus dos niños. Ellos cenan en la mesa al lado de la nuestra cada noche. Resulta que el más pequeño, de cuatro años, se llama Thomas, se dirigió a mí y me llamo papí (abuelito en francés). Yo comencé a reír y esta noche Tomasito vino a cenar a nuestra mesa. Por todas partes cuando me encuentra me sonríe y me llama papí. Le pregunté a la madre si yo me parecía a uno de sus abuelos y ésta me dijo que sí.

Los viejos tranvías rojos son bellos, recorren lentamente la ciudad. En uno de ellos fuimos al célebre Café Brasileira, donde tomamos un delicioso café llamado “bica” acompañado por un “pasteis de nata” suculento.

Es una ciudad inmaculadamente limpia, sin embargo se ven algunos inmuebles que están a punto de caer como los de la actual Habana Vieja. La explicación consiste en que como los alquileres están bloqueados por ley desde hace muchos años, los propietarios no tienen dinero suficiente para repararlos. Entonces toman la decisión de dejar que lleguen al punto en que las autoridades los declaren inhabitables. Los derrumban y venden el espacio a precio de oro, para construir en su lugar inmuebles nuevos con altos alquileres.

Gracias a su privilegiada posición geográfica y a las varias influencias adquiridas con el paso de los siglos, la cocina portuguesa ofrece una variedad de especialidades gastronómicas. Son óptimos los platos a base de pescado, sobre todo los de bacalao. También es excelente la carne, especialmente la de caza, al igual que los embutidos, entre los que destaca el jamón. Portugal, además, es un productor de buenos vinos, que acompañan muy bien tanto con la cocina local como con la internacional.

El Costa Voyager partió por el Tajo. Volvimos a pasar por debajo del espectacular puente y frente al Cristo. Tomamos rumbo al sur y a las 10 p.m. pasamos frente al faro del Cabo de San Vicente rumbo a Cádiz.

Después de la cena asistimos al bello espectáculo “I have a dream” en el Théâtre Alexandre le Grand. Al final del espectáculo fuimos a visitar la galería de tiendas donde los precios son sin impuestos y después pasamos un rato en el Casino, pero no jugamos.

Te termino esta carta sentado en una mesita en la popa del Costa Voyager, en el Avra Swimming Pool del séptimo puente, el Helios, bajo las estrellas.

Mañana te contaré sobre la escala en la bella Cádiz.

Un gran abrazo desde estas bellas tierras el Viejo Mundo, con gran cariño,

Félix José Hernández.

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