ZONA DE HIPOCRESIA

La Habana (Cuba) 28 ene 2014.- El Presidente Rafael Correa Delgado, durante Saludo de Raúl Castro a los Jefes de Estado y de Gobierno que asistieron a II Cumbre de la Celac 2014. Fotos: Mauricio Muñoz E / Presidencia de la República de Ecuador.


Por: Lcdo. Sergio Ramos

Ha terminado en La Habana el teatral espectáculo de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). Luego de bajar el telón, la dictadura totalitaria cubana logra embaucar a la opinión publica internacional haciendo creer que el régimen castrista esta produciendo cambios significativos en el país en términos económicos, permitiendo un frágil, limitado y restringido comercio privado y construyendo una gran zona franca de comercio en el puerto de El Mariel, cuya primera parte fue recién inaugurada por la presidenta Dilma Rousseff de Brasil y el dictador Raúl Castro. Además, pretenden hacer creer que el gobierno cubano esta políticamente más tolerante al permitir viajar al exterior y regresar a líderes opositores y flexibilizar los viajes al extranjero de los cubanos. Están simulando que propugna la paz, al solicitar una declaración de “Zona de Paz” para todo el territorio Latino Americano. Y aparentando que Cuba se inserta en los países “democráticos del mundo” al aparecer el dictador Raúl Castro retratado con diferentes presidente latinoamericanos, quien, además, recibió poco tiempo atrás un apretón de manos de parte del presidente Barak Obama durante el funeral de Nelson Mandela y contando con la presencia en dicha reunión de mandatarios, del Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon y el Secretario General de la Organización de Estados Americanos José Miguel Insulza.

Ha sido y es un embaucamiento bien montado que ya tuvo como resultado que la Comunidad Europea debate enmendar su “Posición Común” respecto a Cuba, para levantar las sanciones impuestas en el 2003 y con lo cual, en su día, esperan lograr atraer incautos inversionistas extranjeros y presiones a Washington para que le quite el embargo.

Al espectáculo de prestidigitación diplomático-propagandística se han prestado casi todos los presidentes de los países Latinoamericanos y del Caribe que participaron en el elenco teatral con la excepción de Ricardo Martinelli de Panamá; único ausente a causa del serio diferendo con Cuba por el incidente de las armas a bordo del carguero norcoreano Chong Chon Gang procedente de Cuba con rumbo a Corea del Norte.

Todos los presidentes que asistieron se hicieron intencionalmente los sordos, desoyendo los reclamos de la oposición de ser escuchados en sus reclamos de libertad, democracia y justicia. La excepción lo fue el saliente presidente de Chile, Salvador Pineda, quien se reunió con Berta Soler y las Damas de Blanco.

Todos los mandatarios comparecientes se hicieron deliberadamente los ciegos, para no ver como mientras se celebraba la tan cacareada cumbre, se arrestaba arbitrariamente a cientos de opositores, se les golpeaba, y se les impedía que realizaran un foro paralelo de la oposición.

Todos los jefes de estado allí reunidos premeditadamente enmudecieron, haciendo un silencio cómplice ante las violaciones de los derechos humanos y los atropellos que en ese momento se cometían contra los opositores, y callando los incontables crímenes y genocidios que la tiranía castrista ha cometido durante sus 55 años de existencia. Más aun, hubo quienes, en enlodado gesto de pleitesía, fueron a rendirle pleitesía y pedir autógrafo al genocida mayor, Fidel Castro.

Hubiera sido más acorde a la verdad haber titulado esta chabacana obra teatral “Los Tres Monitos”, pues todos jugaron el juego de taparse los oídos para no escuchar, taparse los ojos para no ver y taparse la boca para no hablar.

Y al final, pomposamente, emitieron una banal declaración de “Zona de Paz” para toda América Latina. ¿Cuál paz? ¿Aquella que guardan los sepulcros de los fusilados y asesinados por la tiranía? ¿Cuál paz? ¿Aquella fomentada por las fuerzas represivas a base de látigo y bayoneta? ¿Cuál paz? ¿Aquella intolerante que se logra encarcelando a quienes demandan el respeto de los Derechos Humanos y las libertades del pueblo?

¿De que paz nos hablan? ¿Paz, sin desmantelar los aparatos represivos de la tiranía? ¿Dónde esta la paz? ¿Cómo puede haberla sin eliminar los ejércitos desproporcionados cuyo fin es servir de mercenarios pretorianos para oprimir otros países y de guardaespaldas a dictadores, listos para acallar a fuerza de tanque y metralleta cualquier manifestación pacifica del pueblo en reclamo de su libertad y su democracia? ¿Paz? ¿Desde cuando se puede hablar de paz cuando existe un país dominado por un dictador militar totalitario, que ahora de disfraza con guayabera y con traje y corbata mientras esclaviza, asesina, roba y tortura a un pueblo desarmado?

Hubiera sido mas honesto haber declarado “Zona de Hipocresía”, pues es eso lo que tristemente esta proliferando en Latino América y el Caribe. Una sucinta mirada al actual panorama político en esta región nos destaca el desarrollo de la modalidad de las simulaciones. Se simula democracia donde hay autocracia y dictadura. Se aparenta legalidad donde reina la ilicitud y la usurpación. Se disfraza de honestidad lo que es corrupción e enriquecimiento ilícito. Se le llama limpieza y transparencia al fraude electoral institucionalizado. Se proclama la eliminación de la pobreza mientras se implantan sistemas económicos improductivos que aumentan la explotación de los trabajadores, generan escasez, fomentan hambre y empobrecen al ciudadano, al tiempo que engordan las arcas privadas de las nuevas castas que se enquistan en el poder.
Se habla de paz cuando se usa la violencia.

Y es que en la “Zona de Hipocresía” los significados de los términos se trastocan intencionalmente para consumar sus macabros engaños. Verdad significa mentira. Libertad es sinónimo de esclavitud. Democracia equivale a dictadura. Presidente es lo mismo que usurpador y sinónimo de dictador. Opositor se define como enemigo del pueblo. Disentir equivale a traición. Pueblo quiere decir minoría gobernante. Paz se define como guerra y es sinónimo de tortura, golpizas, represión. Y en su nueva etimología de la palabra Diplomacia es el acto de avalar las tiranías.

A la CELAC deberían haberle enmendado el nombre para que fuese más acorde con la esencia del comportamiento generalizado que permea en el organismo: Comunidad de Embaucadores Latinoamericanos y del Caribe.

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