DE PARÍS A CASABLANCA PARA INICIAR EL CRUCERO EN EL COSTA CLASSICA

Ventana en Casablanca, Marruecos.

Ventana en Casablanca, Marruecos.

París, 13 de abril de 2014.

Querida Ofelia:

Desde ayer estoy de vacaciones por dos semanas, así que tendré el tiempo necesario para contarte de nuestro bello Crucero “Sous le soleil des Canaries” ( Bajo el sol de las Canarias), en el Costa Classica.

Tuvimos que ir en metro hasta el aeropuerto Charles de Gaulle, pues los taxistas en huelgan bloqueaban las carreteras.

El Costa nos llevó a lo largo de once días desde Casablanca a: Madeira, Santa Cruz de la Palma, Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote, Agadir y de nuevo a Casablanca, desde donde regresamos a La Ciudad Luz.

El miércoles 12 de febrero tomamos el vuelo de Air France (AF1596) a las 12 y 30 p.m. Tuvimos la mala suerte de estar en la fila 28 en las butacas E y D. Ya estábamos cómodamente instalados, cuando subieron unos policías y nos dijeron a las personas de las últimas filas, que iba a haber “un poco de movimiento” pues iban a expulsar por orden judicial a un hombre hacia Marruecos. Pero que por lo general los expulsados cuando el avión despegaba, se calmaban hasta el final del viaje. A nosotros nos recomendó que pasáramos a la fila 29 del lado izquierdo- la última de aquel avión de seis asientos por fila, tres de cada lado, separados por el pasillo-. Así lo hicimos. Mi esposa se sentó del lado de la ventanilla, al centro el asiento quedó vacío y yo del lado del pasillo. Entonces subieron por detrás del avión a un joven de unos 25 años, el cual gritaba pidiendo que no lo expulsaran. Lo sentaron al lado nuestro entre dos policías. Siguió gritando y pidiendo ayuda. Nosotros sólo habíamos visto algo parecido en las películas. Mi esposa se comenzó a sentir mal. Le pedí a una azafata si podía cambiarla hacia uno de los asientos de la parte delantera del avión, pues yo podía ver que había algunos vacíos. Ella me dijo que la única que podía hacerlo era la azafata jefa de cabina. Me levanté y fui hasta donde estaba ella en el centro del avión, le hice la misma pregunta y le agregué que mi esposa padece de presión arterial alta emotiva. Me respondió secamente: “no puedo cambiar a todo el mundo”. Mientras tanto el joven seguía gritando. Por suerte las medicinas para la presión venían en el bolso de mi señora. Se las tomó con el agua de una botellita que habíamos comprado en el interior de la aduana. Llamé de nuevo a la azafata que estaba a unos pasos nuestros y le dije: “comuníquele a la señora jefa de cabina que si tengo que ingresar a mi esposa en Casablanca en un hospital a la llegada a causa de la presión arterial, la voy a acusar ante la justicia francesa por ‘non-assistance à personne en danger’”. Quiero que sepas que en Francia es condenada por las leyes toda persona que pudiendo ayudar a alguien en peligro no lo hace.

Cuando el avión despegó, el joven se calmó, dejó de agitarse, los policías le quitaron las esposas y se pusieron a conversar con él como si fuera un turista que iba e vacaciones. Fue algo surrealista. Como me separaba sólo el pasillo de uno de los dos policías, estuve conversando con él y, resultó ser un hombre muy simpático, pero que tiene que hacer un trabajo muy, pero muy difícil al acompañar en los aviones a los que son expulsados de Francia. Incluso cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de Casablanca, el chico pudo llamar a su familia por medio de un teléfono celular, que me parece que le prestaron los policías, para decirles que había llegado.

Mi esposa por suerte no tuvo más problemas de presión arterial. Las medicinas y el silencio del joven expulsado, hicieron que el vuelo que tan mal había comenzado, se desarrollara como de costumbre.

En la aduana el policía marroquí pasó largos minutos analizando mi pasaporte y haciéndome preguntas. A lo largo de los 13 kilómetros que separan el aeropuerto del puerto se pueden ver numerosos carteles de publicidad en árabe y francés. Una señora gala que estaba sentada en el autobús detrás de nosotros le dijo a otra: “mira, traducen al árabe los carteles en francés”.

En las avenidas del centro de Casablanca hay un intenso tráfico y se ven a numerosas mujeres vestidas como en cualquier ciudad europea. La ciudad está limpia. Llegamos al puerto y tuvimos que pasar de nuevo por el control de las maletas y de los pasaportes para poder subir al barco. Esábamos a +20° centígrados.

En el camarote encontramos una cesta de frutas y una botella de champagne con una tarjeta de bienvenida del capitán Orazio D’Aita.

El barco consta de once puentes, un gran Teatro Colosseo, dos salas de baile: Il Salon Puccini e Il Piazza Navona, la Discoteca Galileo, el Casino, Il Grande Ristorante Tivoli, La Pizzeria, La Trattoria. También dos piscinas, terrenos de juegos, baños turcos, salas de musculación, jacuzzis, piscinas y los bares: Il Dolce Amore, Wine Bar, Al Fresco Café, etc.

Después de cenar en Il Ristorante Tivoli, fuimos al Teatro Colosseo a ver el espectáculo de Zoltan & Mercedes y la Afro Arimba Dance Company. Después terminamos la noche en el Salon Puccini, primero con el baile Gin Whisky & Soda y a continuación con el de La Noche Country.

Mientras tanto el Costa Classica se alejaba de las costas de África rumbo a Funchal, la capital de la famosa isla portuguesa de Madeira.

Mañana te seguiré contando, pues si no lo hago se me voy a empatar con el próximo crucero que haremos pronto.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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