ESCALA DEL COSTA CLASSICA EN ARRECIFE, LANZAROTE

Playa de Arrecife, Lanzarote, 2014.

Playa de Arrecife, Lanzarote, 2014.

París, 20 de abril de 2014.

Querida Ofelia:

El miércoles 19 de febrero, al alba, con marejada y a 18°C, el Costa Classica entró en el puerto de Arrecife. Lanzarote es la isla que se encuentra más oriental del archipiélago español de Las Islas Canarias.

La superficie de Lanzarote es de 806 kms. cuadrados. Arrecife, ciudad en la que anclamos, es el centro principal de la isla. Su mayor atractivo turístico es el Parque Nacional de Timanfaya, situado en la parte occidental y caracterizado por el paisaje volcánico. Otros atractivos turísticos son las grutas de Jameos del Agua y la Cueva de Los Verdes.

Arrecife es la capital de la isla de Lanzarote, la más oriental de las Islas Canarias, además de ser su ciudad más importante. Pocos saben que la isla cuenta con unas tradiciones totalmente genovesas: el mismo nombre de la isla deriva, en efecto, de Lanzarotti Malocello, un descubridor quizás menos conocido comparado con otros numerosos navegantes ligurinos, pero que dio su nombre a la isla, la cual se encuentra casi en un punto equidistante entre la principal isla del archipiélago de las Canarias y el continente africano. Lanzerotti, el navegante genovés nació en Varazze, descubrió la isla en 1312 y la ocupó durante unos 20 años, hasta que fue desterrado por una revuelta de los Guanches. A él se atribuye el descubrimiento de Las Islas Canarias.

Poblada por gentes de carácter pacífico y poco predispuestas a la batalla, Lanzarote ha estado desde siempre en el centro de intereses bélicos quizás injustificados y en ocasiones casi brutales: los primeros colonizadores fueron dos navegantes normandos, Jean de Bethencourt y Gadifer La Salle. Atracaron en la isla convencidos de que tendrían que combatir con los indígenas: en realidad, las tribus de maoheris, tal y como ellos mismos se definían, los acogieron de forma pacífica y pasiva.

Lanzarote fue donada a la corona de Castilla, la cual hizo de ella un puerto y un centro de intercambios comerciales, pero en poco tiempo Lanzarote se encontró en el centro de un comercio mucho más cruento, el de los esclavos. España, que no demostraba un gran interés por esta isla, destinaba a la misma pocas guarniciones militares, obligando a los habitantes a huir de los centros habitados para refugiarse en las cuevas de Los Verdes y evitar ser capturados por los mercenarios protagonistas de las diversas incursiones que sufrió la isla. A las incursiones de los esclavistas siguieron las de los piratas, uno de los cuales, Amurat, llevó a cabo una razia tal, que en la isla quedaron solamente unos pocos miles de personas reducidas a pasar hambre.

Lanzarote es, sin duda alguna, la más singular y fascinante de las islas Canarias: es mérito de la intensa actividad volcánica que ha creado ese espectacular paisaje lunar tan difícil de encontrar en ningún otro sitio. Este aspecto lunar se convierte en el decorado del parque natural de Timanfaya, en el que se puede comprobar cómo la erupción del volcán ha alterado, y, en cierta manera, modelado y hecho inconfundibles, los contornos de la isla. Una sensación similar a la ofrecida por la erupción del Teide es la que ofrecen los géiseres, los surtidores de agua y vapor caliente que testimonian la actividad térmica subterránea de la isla.

Después de pasar por Teguise, Los Valles, El Valle de las Mil Palmeras y Maguez – donde surge el volcán de La Corna-, llegamos a Ye, en donde se encuentra El Mirador del Río en lo alto del Macizo de Famara, mimetizado en el entorno. Es la parte más septentrional de la isla y allí un espléndido jardín ofrece, además de una vista panorámica espectacular del archipiélago Chinjo, una auténtica toma de contacto con las cualidades naturales de esta isla y con la verdadera pasión de sus habitantes, que desde siempre la preservan con sumo cuidado y afecto.

Lanzarote es un auténtico paraíso de adaptación natural: las palmeras y las demás formas vegetales consiguen crecer en unas condiciones verdaderamente únicas en el mundo, al igual que los animales. Basta pensar que en la cueva situada en los alrededores de los Jameos del Agua , en una laguna natural, viven unos cangrejos blancos y ciegos cuya mutación ha sido causada por un terremoto que arrojó a estos túneles subterráneos alimentados por el mar numerosas larvas. Una piscina artificial está sabiamente integrada en el entorno, salpicado todo ello de abundante vegetación. A su lado se puede visitar el Museo Arqueológico.

De regreso al barco pasamos por los pueblos de Arrieta, Maguez y Guatiza. Nuestro guía fue Jorge Luis Gayón García, un joven cubano muy eficiente y agradable.

En Il Ristorante Tivoli del barco, tuve que pedir al Jefe de Sala que nos cambiara de mesa, pues en la de doce personas que se encontraba almorzando al lado nuestro, sendos alemanes gritaban a voz en cuello. Aparentemente estaban demasiado contentos.

Tomamos un taxi en el muelle hacia el centro de Arrecife y, resulta que la taxista era una señora cubana de unos 35 años muy simpática. Tenía una banderita cubana colgada del retrovisor. En el trayecto nos contó que había llevado a su padre de visita desde Cuba, pero que él no comprendía por qué su nieto de 16 años se depilaba – como suelen hacer los jóvenes de la isla española-. Por tal motivo le dijo a su nieto que eso era cosa de maricones. También había discutido con él sobre el Ché Guevara, pues ella había descubierto en España que el argentino había fusilado a muchos cubanos en La Cabaña. Su padre le había dicho que eso era propaganda imperialista. Al fin le dijo: “mira papá, mejor es que no hablemos más de política, sino tus vacaciones y las mías se van a convertir en un infierno”.

Paseamos por el puerto pesquero, por la playa y la zona de hoteles turísticos. En una esquina de La Calle Real pudimos ver a unos marginales cubanos sucios y borrachos, que daban pena.

Después de cenar disfrutamos del espectáculo “Music Body & Soul” de Giovanna Russo y Mickael Brest en el Teatro Colosseo. A continuación fuimos al Salón Puccini, en el que la Poker Band amenizó un espectáculo bailable bajo el nombre de “Fatti mandare dalla mamma”. Se trató de canciones inolvidables italianas de amor de los años sesenta como: “Il Mondo” de Jimmy Fontana, “Non ho l’età” de Gigliola Cinquetti, “Ho capito che ti amo” de Luigi Tenco, “L’ultimo romantico” de Pino Donnagio, “Arrivederci Roma” de Claudio Villa, “Una casa in cima al mondo” de Mina, “Il giardino proibito” de Sandro Giacobbe, “Romantica” de Tony Dallara, “Dio come ti amo” de Domenico Modugno, etc.

La cantante era una chica bellísima, con una juventud espléndida. Espero que Dios la proteja de todo mal.

Terminamos la noche en el Foyer del Teatro con “Especial Evergreen” interpretado por el pianista Janos Nagy.

Al crepúsculo, habíamos soltado amarras y puesto rumbo a la ciudad de Agadir, distante 221 millas náuticas, en la costa marroquí. Así abandonamos ese bello territorio de nuestra querida España que son las Islas Canarias y nos encontraríamos al amanecer del día siguiente en un país africano musulmán. Te contaré sobre él en mi próxima carta.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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