ESCALA DEL COSTA CLASSICA EN AGADIR

 Vendedor de huevos (durmiendo), del Gran Mercado de Agadir, 2014.


Vendedor de huevos (durmiendo), del Gran Mercado de Agadir, 2014.

París, 22 de abril de 2014.

Querida Ofelia:

En la mañana soleada del jueves 20 de febrero, tocamos las costas de África al entrar en el puerto marroquí de Agadir. El nombre en lengua bereber significa granero fortificado. Se asoma sobre el Océano Atlántico a los pies de los Montes Atlas, un poco más al norte con respecto a la desembocadura del río Sous. Fue fundada por marineros portugueses en 1505. A partir de 1541 pasó a ser territorio marroquí. Agadir se encuentra en una zona minera rica en cobalto, magnesio y zinc, que son embarcados en su puerto. Et turismo, la pesca y su preparación son las actividades económicas más relevantes. En los últimos años la actividad turística ha experimentado un fuerte crecimiento gracias a la construcción de amplias estructuras turísticas en la periferia de la ciudad.

La ciudad bendecida por Alá: a juzgar por las extraordinarias cualidades naturales y paisajísticas de Agadir, una definición tan ambiciosa resulta totalmente adecuada. Sus jardines de eucaliptos y de pinos, se reflejan en las playas doradas y en un mar sereno bajo un sol cálido y agradable. Es sin duda alguna el lugar más agradable y renombrado de Marruecos, rico en numerosas ofertas deportivas, desde el golf a los deportes náuticos, desde el tenis a la equitación, pero sobre todo, rico en todos aquellos atractivos que hacen del descanso y del relax las actividades principales de las que se disfruta en sus playas.

La vida moderna de Agadir es sólo la última de las innumerables transformaciones de las experimentadas por una región habitada ya desde la Edad de Bronce, pero considerada como una meta privilegiada para los pueblos de navegantes desde la época de los fenicios. Después de la dominación romana que duró quinientos años, les llegaría su momento a los bárbaros; las incursiones de los vándalos fueron devastadoras. Más tarde fueron los bizantinos los que intentaron restaurar la civilización y el arte romano.

La invasión religiosa fue la primera auténtica revolución de la región: dentro de esta revolución se suceden muchas dominaciones, de la Dinastía Muslim a la Dinastía Berebere, que junto a los almohades lograron reinstaurar la paz entre los muchos desacuerdos existentes y la reunificación pacífica entre todas las tribus. Los merinidos expandieron Marruecos y el islamismo hasta España, mientras que los sadíes llevaron a cabo una expansión religiosa, a menudo perseguida con la sangre. La Dinastía Alauí, que es la que reina en la actualidad en Marruecos, domina desde el siglo XVII, habiendo vivido vicisitudes alternas. Apreciado por su pueblo, que cuenta con poco más de 30 millones de habitantes, de los que el 60% tiene menos de veinte años (resulta ser una de las poblaciones más jóvenes del mundo), fue el rey Hassan, el que convirtió a Marruecos en un país moderno y entregado al turismo y a la cultura europea.

Los tres grupos de población que habitan Marruecos, bereberes, árabes y souks, conviven pacíficamente, mientras que en otras regiones africanas existen conflictos ásperos y feroces. Agadir ha construido su propia fortuna turística incluso sobre sus propios dramas: efectivamente, en 1960, poco después de que Marruecos obtuviera la definitiva independencia de Francia, la ciudad quedó arrasada a causa de un terremoto que causó unas 15 000 muertes. Un drama del que Agadir consiguió resurgir gracias a una reconstrucción que fue respetuosa y cuidadosa con las tradiciones pero que, en cualquier caso, la ha convertido en una ciudad moderna, agradable y eficiente, al igual que su puerto, que, incluso después del desastre, es uno de los más activos de Marruecos, sobre todo por lo que se refiere a lo relacionado con la pesca.

Al tomar el autocar en el muelle para hacer la excursión, hubo una discusión entre dos parejas que se disputaban los asientos delanteros. Al fin el guía Karym – que resultó ser un hombre muy culto y afable- logró calmar los ánimos, mientras que Mohamed el chófer observaba la escena sin aparentemente comprender nada. Una de las parejas se había equivocado de autocar.

Comenzamos la visita de la ciudad, subiendo a las ruinas de la antigua Kasbah, que domina toda la ciudad desde una altura de 236 metros. Allí, como buenos turistas, nos sacamos la foto típica sobre un dromedario.

Tras su reconstrucción, Agadir presenta una notable uniformidad arquitectónica. El centro de la ciudad está cruzado por hermosas avenidas repletas de restaurantes, tiendas y centros de artesanía, que forman el corazón de la ciudad, y le dan un carácter de balneario.

A lo largo de la playa se extiende un Paseo Marítimo peatonal que separa la playa de la larguísima cadena de bellos hoteles. Detrás de ellos una avenida con palmeras a ambos lados los separa de una acera que recuerda a Nice y Cannes. Prueba de la célebre vida nocturna de la ciudad.

Recorrimos el Gran Mercado y nos llevaron a una tienda de Yerberos, donde nos sentaron en unos bancos (que me hicieron recordar la escuelita de María Fundora en Camajuaní, en la que estuve en segundo grado en 1956), un señor mostraba las yerbas para curar- según él-, todo: la artritis, la diabetes, los cálculos de los riñones, las jaquecas. Al final mostró una que « era mejor que el Viagra ». Algunos turistas compraron diversas yerbas, pero me di cuenta que cuando todo terminó y estábamos saliendo, un estadounidense de origen subsahariano llamó al vendedor al w.c. y poco después, éste último le llevó cuatro paquetes de la yerba “milagrosa”, la mejor que las famosas pastillitas azules.

Asistimos al espectáculo folklórico ” Fantasía ” en una especie de estadio con salas alrededor a nivel del césped. Nos sirvieron té a la menta y pastelillos típicos marroquís. Hubo trapecistas, danzas folklóricas, carreras de jinetes a caballos armados de fusiles que disparaban al unísono. Pero yo estaba en la primera fila y me ericé cuando un encantador de serpientes se sentó en el césped a sólo unos tres metros de mí y una cobra comenzó a alzarse y moverse. Tenía la impresión de que me estaba observando. A pesar del temor, no me atreví a mover ni un músculo de mi cuerpo.

Tuvimos una Cena de Gala en Il Ristorante Tivoli, situado en el puente ocho Roma:

Dîner de Gala

Bouchées d’espadon sur salade de roquette

Boeuf séché Bresaola, pain focaccina au pesto, Grana Padano, huile d’olive et citron

Fromage grillé avec poivron rôti

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Soupe de poisson, croûtons de pain à l’ail

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Pennette au saumon fumé et vodka

Crêpes farcies au fonduta de fromages et champignons

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Saumon en croûte d’herbs servi au sauce beurre blanc

Bavette de boeuf servie avec dôme de courgette et pommes de terre williams Cailles farcies au Pote Maison servie aux pommes de terre Macario et éventail de poire caramélisée

Flan aux haricots rouges, yaourt et pistaches

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Salade panachée

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Sélection de fromages italiens et internationaux Fontal, Asiago, Pyrenero

Accompagnés de moutarde aux coings

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Después de la cena asistimos a un Cocktail para los pasajeros que hacían el Viaje de Luna de Miel o celebraban el Aniversario de Bodas. Creo que se equivocaron, pues no era nuestro caso. De todas formas fuimos y el Capitán Orazio D’Aita nos invitó a todos a la Renovación de los Votos Matrimoniales. Acto seguido le entregó una rosa roja a cada dama y ofreció un brindis con champagne a la felicidad de todos.

Asistimos al espectáculo “Fiesta Fantasía”’ en el Teatro Colosseo y terminamos la velada en el baile “Tropical Night” en Il Salone Puccini del puente 9 Firenze.

Al crepúsculo el Costa Classica había zarpado para recorrer durante la noche las 282 millas náuticas que nos separaban de Casablanca, donde terminaría este bello viaje.

Un gran abrazo con cariño y simpatía desde la espléndida Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

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