¿POR QUÉ LLORAS MAMÁ?

Mi madre, Ofelia Valdés Ríos, Camajuaní, Cuba, 1940.

Mi madre, Ofelia Valdés Ríos, Camajuaní, Cuba, 1940.

París, Día de la Madre de 2014.

Querida Ofelia:

Este escrito de autor desconocido, que es distribuido por El Club Cultural Colombia, se lo envió hoy a mi esposa Marta desde New Jersey, nuestra querida amiga poetisa Martha Salazar Quintero. Las dos Martas están de acuerdo con hacértelo llegar a San Cristóbal de La Habana para que lo disfrutes.

“¿Por qué soy mujer?”- me contestó mi mamá. “Pero yo no entiendo”- dije yo. Mi mamá se inclinó hacia mí y abrazándome me dijo: “Y nunca lo entenderás…” Más tarde yo le pregunté a mi papá: “¿Por qué mi mamá llora a veces, sin ninguna razón?”- “Todas las mujeres lloran siempre, sin ninguna razón”. Era todo lo que mi papá me podía contestar.
Yo crecí, me convertí en todo un hombre, Y me preguntaba todavía, por qué era que las mujeres lloraban. Un día, me arrodillé y le pregunté a Dios: “¿Dios por qué lloran tan fácilmente las mujeres?” Y Dios me dijo: “Cuando hice a la mujer, tenía que ser algo especial, hice sus hombros, lo suficientemente fuertes, como para cargar el peso del mundo, pero a la misma vez, lo suficientemente suaves para confortar.
Le di una inmensa fuerza interior, Para que pudiera soportar el dar a luz, y hasta el rechazo que muchas veces proviene de sus propios hijos. Le di una dureza que le permitiera seguir adelante Y cuidar de su familia a pesar de las enfermedades y la fatiga, sin quejarse aún cuando otros se rinden.
Le di sensibilidad para amar a un niño, bajo cualquier circunstancia, aun cuando su niño la haya lastimado mucho. Esa misma sensibilidad que hace que cualquier tristeza, llanto o dolor del niño, desaparezca y que le hace compartir las ansiedades y miedos de la adolescencia. Le di fuerza suficiente para que pudiera perdonar a su esposo de sus faltas, y la moldeé de una de sus costillas para que, ella pudiera cuidar de su corazón. Le di la sabiduría para saber que un buen esposo nunca lastimaría a su esposa, y también, a veces le pongo a prueba para medir su fuerza y determinación para mantenerse a su lado a pesar de todo. Pero hijo, para poder soportar todo lo de lágrimas. Le di las lágrimas y son de ella exclusivamente, para usarlas cuando las necesite, y es su única debilidad… Es su única debilidad, y al derramarlas, vierte un poquito de Amor en cada una, que se desvanece en el aire, y ¡Salva a la humanidad!”
¡Gracias Dios! Por haber creado a la mujer. Ahora comprendo el sentir de mi madre, hermana, ó esposa, Respondió el hombre, con un fuerte suspiro en sus labios…”

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares de quien te quiere siempre,

Félix José Hernández.

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