ANATOMÍA CUBANA ANTE DESHIELO USA-CUBA

16 de diciembre de 2014. El Presidente Obama habla por teléfono con el presidente Raúl Castro de Cuba en la Oficina Oval. Al día siguiente, el Presidente anunció los EE.UU. restablecería relaciones plenas con Cuba después de más de 50 años.Foto oficial de la Casa Blanca, tomada  por Pete Souza.

Por Oscar Peña

En Cuba con excepción de 2 penosos casos dentro de la disidencia con irrespetuosas palabras contra el presidente de Estados Unidos y contra ellos mismos y lo que representan, al conducirse con un comportamiento y actitud dependiente y grotesca, el pueblo que ha estado escuchando por más de 55 años el legendario cuento oficial del “lobo que viene a comérselos”, ha recibido con agrado el giro norteamericano porque saben que seguir esperando por que los jefes de Cuba cambien era una posición que estaba a favor del totalitario gobierno.

Aunque las autoridades de la Habana lo oculten con discursos almidonados de victorias, la decisión del presidente Barack Obama no les agrada. Querían solo el intercambio de presos y obtener créditos económicos. Les gusta el aislamiento y los motivos para posiciones duras e inamovibles, pero si estos momentos son históricos, son precisamente porque se rompen todas las coartadas para negar derechos a la sociedad cubana. Estados Unidos ha desarmado moralmente al gobierno de Cuba al dejarle completamente vacío su almacén de mentiras y borrar la palabra enemigo del diccionario cubano. No estimo que la negación a la acelerada actividad de Tania Brugueras apenas colgaban el teléfono Obama y Castro debe sembrar el pesimismo en los cubanos. Un sistema tan cerrado y de tanto control social como el que impera en Cuba no se moderniza en un día. No se trata de una carrera de 100 metros, sino de una larga de resistencia, paciencia e inteligencia. Hay que lograr un Pacto Nacional entre todos con una hoja de ruta de puntos alcanzar, donde ninguna parte se sienta dañada o perdedora. Eso es realismo, altura política y buena voluntad.

Los activistas cubanos pro derechos humanos, periodistas no oficialistas y sociedad civil independiente que siempre han estado luchando contra los crímenes, atropellos, falta de libertades, y proponiendo soluciones entre cubanos, han planteado que ese correcto y necesario clima de diálogo entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos se extienda y ponga en acción entre el gobierno y el pueblo de Cuba, porque — dígase la mayor verdad — el conflicto básico ha sido entre cubanos. El freno de Cuba ha sido la dirección del país y no un gobierno extranjero. ¿En que ha imposibilitado Estados Unidos que la Habana suscriba los Pactos de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y cumpla con ellos?

Existe una parte del actual movimiento contestarío interno que no acaba de entender que para tener química con el pueblo y no autoexcluirse nacionalmente –sin dejar de ser fieles a sus programas democráticos– no pueden andar con una guía de proyecciones extremistas bajo el brazo; es solo el trabajo inteligente, atractivo, práctico y sin excluir –como hace el gobierno cubano con ellos– que se puede ser efectivo. ¿Por qué atacaron ferozmente al grupo inicial de esta lucha cívica el Comité Cubano Pro Derechos Humanos? ¿Por qué Oswaldo Paya no está vivo? Porque eran adversarios serios, centristas, tolerantes, pausados y presentables ante el pueblo –eran la diferencia en la Cuba de hoy y futura — con proyecciones nacionalistas que proponían arreglar Cuba entre todos los cubanos. El gobierno supo que su perfil los identificaba con la población nacional, incluyendo los que lo apoyan a ellos. Miraban mas para el terreno cubano que para el extranjero y emplazaban al propio gobierno a ser parte del cambio. No eran los adversarios perfectos para el régimen. Los atacaban ellos y los exiliados intransigentes. Eso indica que a los jefes de Cuba les conviene opositores exaltados con planteamiento radicales porque saben que ellos mismos se auto-anulan por la mala imagen que dan nacional e internacionalmente.

Es cierto que la composición del destierro cubano ante estos cambios está dividida. Es comprensible. La mayoría de los primeros exiliados vivieron en Cuba y fuera de ella la etapa más negra que ha tenido este largo y angustioso proceso cubano de fusilamientos, robo de propiedades, cárceles llenas de largas e injustas condenas y la división familiar sin contactos porque la Habana no permitía visitas en esos primeros 20 años. Ellos y sus familiares fueron víctimas en los tiempos en que la represión y las violaciones de derechos humanos tuvieron su mayor práctica. Otra parte de ellos y las nuevas oleadas que han ido llegando en las últimas décadas apoyan la apertura entre los dos países para ayudar a sus familiares a poner negocios y luchar por comenzar a construir un sueño cubano en su patria. Es una forma moderna, lenta y valida de encarar al feudalismo cubano haciéndose económicamente independientes, y que sus familiares y pueblo en general, al tener esperanzas nacionales, no prosigan ahogándose en el Estrecho de la Florida. Consideran que si en más de medio siglo los Estados Unidos han mantenido una proyección que no ha dado resultados para el pueblo cubano, esta nueva política ayudará a la inevitable evolución (todavía invisible hoy) de una apertura de la sociedad cubana en todos los campos. También opinan este cambio de rumbo mejorara internacionalmente la imagen política del país que los acogió y quieren.

Es justo decir que en ambas partes del exilio cubano predomina el propósito de alcanzar una Cuba libre. Se entiende la incomprensión y discrepancia de los exiliados que disienten de los transcendentales cambios, se respetan sus cruces, sus acumulados sufrimientos y que no quieran enfrentar los nuevos desafíos, pero ellos también deben entender que es necesario que otros –sin olvidar el pasado, pero no quedándose atrapados en el– estén por encima de las heridas y dolores y vayan dosificadamente “moviendo el piano” y desmantelando los enfermizos silencios, caretas y trancas nacionales.

La normalización de relaciones entre La Habana y Washington no es la solución de todos los problemas, ni pone fin al diferendo Pueblo/Gobierno. El deshielo nacional está pendiente.

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