Conversación sobre la Democracia Deliberativa

cuba

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LA SOMBRA DE LAS LUCIÉRNAGAS

Comando central de la base militar aérea MacDill.

Comando central de la base militar aérea MacDill.

Por Juan Efe Noya

Los comunistas cubanos tratan de establecer en Tampa un consulado que sería un martirio para la libertad. En cambio, el exilio sigue dormido su letargo de ingenuidades. Quienes aman a Cuba sin límites de consecuencias y quieran ciertamente verla libre, deben comunicarse con el alcalde de Tampa Bob Buckhorn para demostrarle que es tiempo de acción, mientras que en el otro extremo, Raúl Castro y Barack Obama siguen el capricho de abrir la jaula del decir y echan fuera los gritos inesperados, perjudiciales, bochornosos y culpables.
Sin embargo, el mundo libre vive tranquilo mientras purifica la imagen de ambos déspotas. ¿Cuál será el fin de esas necedades que ocasionan tantos males? Dios no puede permitir que ocurra una escena de falsificación tan imperdonable; es un insulto para el pueblo cubano de la isla y el exilio. Por eso es deber de todos enviar cartas al alcalde de Tampa que siempre se ha designado como un líder de la libertad. Todo llega en el momento de la verdad cuando no es época de admitir la ciénaga de los lamentos,
porque la dolarcracia tampeña trata de cautivar a comerciantes indignos dormidos en la noche agria creada por el obamismo y escuchan los ecos de las campanas sin saber, ni siquiera, donde sería la misa. Es que la prisa crea reacciones contrarias a las razones. No saben, o no quieren saber que Raúl Castro es un astuto tirano; mueve a su antojo la maquinaria de engaños con el propósito de obtener los resultados necesarios para él y su cuadrilla. De improviso sucede que el tigre sanguinario se convierte en ratoncito olvidadizo. ¡Y muchos le creen! Está tratando de jugar al buen hombre. Se vale de su perrito faldero Barack Obama, el cual se pliega al sistema comunista que le promete frutas jugosas de un árbol seco. La dolarcracia se ata a las consecuencias carentes de realidades para tratar de alcanzar el significado de su nombre.
No es tan fácil ocultar un campanario con unas ramas de pino. La razón innegable resulta ser que Cuba es una cumbre de tristeza por el sistema castrista y ahora, los dos fanfarrones se tienden cuerdas de esperanzas para hacerse fuertes en el camino rojo.
Ahora sucede que la congresista demócrata de la Florida, Kathy Castro –el apellido pudo parecer un error y fue intencional–, pero el caso es que Kathy Castor se muestra abiertamente para eliminar el embargo y apoya la apertura de un consulado cubano en Tampa, el cual sería un horno de pan fresco para los espías cubanos. En cambio, ella no se preocupa por el porvenir de su estado si le sirve sin reservas al proyecto castrobamista. Le brindaría prioridad al servicio de seguridad en la red cubana porque como si fuera el efecto de una hermana, Jane Castor es la jefa de la policía de Tampa y los impuestos de la ciudad serían para respaldar su trabajo, mientras los agentes de Cuba no tuvieran que preocuparse con los contratiempos al tener las manos libres de investigar, sin dificultades, el comando central de la base militar aérea MacDill.

Cuba y la tesis errada del “empoderamiento”

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Por Julio M. Shiling

Bajo la autorización de la vara ejecutiva que le otorga la democracia norteamericana, el gobierno del Presidente Obama restableció, de jure, las relaciones diplomáticas con Cuba comunista. Era de esperar que un paso político de tanta proporción viniera cargado con una racionalización confeccionada con sazón bien aclimatado para los tiempos que vivimos. Ya The New York Times, actuando en capacidad de agente de publicidad no-oficial de la actual administración estadounidense, venía anunciando la trama de este drama político. Entre los argumentos más sobresalientes de la proposición de fundar el puente de la coexistencia (término no tan nuevo, tal vez un poco en desuso, pero válido de igual forma) que conectaría a la democracia funcional más antigua del mundo con la dictadura americana más longeva, es que las relaciones servirán para “empoderar” al pueblo de Cuba. Esto viene secundado con la simbología que trae los efectos visuales expresados cómo uno de contacto de “pueblo a pueblo” (people to people). Añaden que esto da fin a la percibida estrategia norteamericana de “aislamiento”. Mientras algunos aplauden el sendero de deshielo entre Washington y La Habana, otros entienden este global warming (“calentamiento global”) político como el debilitamiento de la capa ambiental que protege a Cuba contra los daños potenciales de oxigenar una brutal dictadura comunista.

Expertos catalogan este curso de acercamiento como una “política de acoplamiento, diálogo o conciliación” (engagement). Esta postura estratégica va contraria a la “política de confrontación”. La primera plantea que el acercamiento entre una democracia y una dictadura repercuta favorablemente en el advenimiento de la democracia. El segundo va en dirección contraria. La lógica de la política de confrontación radica en retar a la dictadura en numerosos frentes que pueden incluir el económico, el ideológico, el bélico (abiertamente o encubierto), el diplomático, el legal, la asistencia a la oposición, etc. Esto forzaría idealmente a la dictadura, en ánimo de supervivencia, a ejercitar un debilitamiento de su dominio absolutista por las presiones internas de cohesión a su poderío, la falta de recursos para reprimir y cuestiones de logística. Sostenida decididamente y con consistencia, los efectos de la política de confrontación, busca frontalmente contribuir al cambio en el ámbito político, que es donde radica el problema principal de una dictadura. La política de acoplamiento, en cambio, posee en su arsenal persuasivo como principal ingrediente: el comercio. En otras palabras, su argumentación fundamental está sustentada sobre un determinismo económico.

Ambas estrategias pueden acreditarse éxitos y fracasos. Por supuesto que emitimos el juicio cualitativo del resultado vinculando el mismo a su capacidad de haber contribuido (o no) a producir procesos de democratización fructuosos. El factor medular que determina el resultado (éxito o fracaso) ha demostrado ser, no el curso medido aisladamente per se, sino si la receta es la apropiada para el tipo de mal. Dicho de otra manera, más que una cuestión de cuál es mejor, lo seminal es compaginar la estrategia con el modelo dictatorial para producir el resultado deseado: la libertad y la democracia. La política conciliatoria (engagement) ha tenido gran éxito en dictaduras de carácter netamente autoritarias. Estas son el tipo de despotismo donde se ejerce un control absoluto del poder político, pero el ámbito económico y el social nunca cayeron bajo el dominio dictatorial político.

Clásicamente, estos regímenes no-democráticos no poseen una ideología radical que los rige. Al dejar que la economía permanezca en manos privadas (de jure y de facto) y al no alterar el orden social, la sociedad civil, esencialmente, se preserva. El impacto favorable que tiene el curso de acoplamiento en los casos de las dictaduras autoritarias es que el comercio que brota de esa relación entre la democracia y el modelo autoritario, llena de mayores fuerzas a la sociedad civil (recuerden que esta nunca se desmanteló). Consecuentemente, la sociedad civil presente en el autoritarismo, a medida que crece la economía y se amplía la riqueza, extiende su presión a la clase política que, invariablemente, tarde o temprano inician un proceso de liberalización en el modelo político. En otras palabras, la sociedad civil queda más empoderada gracias al auge en el comercio que engendró riqueza y debilitó la estructura gubernamental. Esta postura ha sido sostenida por muchos politólogos, con Seymour Martin Lipset entre los más destacados, y le han llamado la teoría de modernización. Este modo de promover la democracia ha sido muy efectivo en la aniquilación del autoritarismo. Taiwán, Corea del Sur y Grecia son algunos ejemplos de esta corriente. Sin embargo, dicha estrategia no ha hecho ninguna huella cuando se ha aplicado en dictaduras totalitarias. Todo lo inverso.

Ejemplos de ambas políticas puesto en práctica con dictaduras totalitarias, lo hemos visto llevar a cabo con la Unión Soviética y el comunismo soviético y China. Quitando el intercambio comercial que hubo durante la Nueva Política Económica de 1921 y la Segunda Guerra Mundial, los EE UU mantuvo una política de confrontación en sus relaciones con la URSS y sus satélites. Probablemente de no haber sido por la careta de oxígeno que ciertas empresas estadounidenses le extendieron al régimen bolchevique y después como “aliado” contra el fascismo, el comunismo soviético se hubiera desmoronado mucho antes de la caída del Muro de Berlín. Una estrategia de contención y luego con Ronald Reagan, de reversión, la URSS y su imperio se vio obligada a instituir reformas para intentar evitar la inevitable implosión. Con China, la nefasta política de coexistencia que Nixon propulsó, demuestra, emblemáticamente, lo equivocado de pensar que con una economía con apego al mercado, abierta a la inversión extranjera, con acceso al crédito internacional y más de sesenta y cinco millones de turistas foráneos cada año, pudiera traer la democracia.

La comercialización y el intercambio material que la política de conciliación se basa para proponerse como mecanismo efectivo para promover la democratización, no tiene un solo caso de éxito cuando se refiere a dictaduras como la de Cuba. ¡Absolutamente ningún caso! Aclaremos este punto indiscutible: Cuba es una dictadura totalitaria. El hecho de que los parámetros de la tolerancia, en ciertos terrenos, se hayan extendido o que las relaciones de producción o la noción de la propiedad “privada” se haya revisitado, no aleja ni un ápice a Cuba de la categoría de ser esta una dictadura donde rige un régimen de corte de dominación total. La esfera económica y la social, está totalmente dominada por el poder político dictatorial. La semántica oficialista sigue rugiendo la mentalización de la lucha de clases. Recuerden, los comunistas que acordaron vivir sus vidas como comunistas practicantes, fueron muy pocos. Ni siquiera Marx tuvo el decoro de practicar lo que Engels, su socio y sostén financiero entrañable, inventó.

La tesis del empoderamiento de la sociedad civil cubana, dentro del actual modelo dictatorial, es una quimera. Explicaré por qué y es muy sencillo. Igual que existe mucha desinformación en cuanto a la diferenciación entre una dictadura autoritaria y una totalitaria, también existe gran confusión en cuanto a modelos económicos. El capitalismo ha sido considerado como un complemento natural del modelo político que es la democracia. Eso es cierto. El problema está en no comprender que el capitalismo urge, para retener su autenticidad, un formulario donde la competencia pueda expresarse tanto por los productores, los trabajadores y los consumidores. Cuando la libre competitividad entre los tres actores mencionados queda sofocada por el Estado y este asume el papel direccional de la economía (directa o indirectamente) para servir los propósitos políticos, ya se dejó de ser capitalista y se está navegando en los mares del mercantilismo o/y el corporativismo. Iremos más al grano.

En esencia la premisa del empoderamiento, en el caso cubano, es fallida porque reposa sobre una serie de suposiciones falsas. Recuerden que el raciocinio subyacente de la tesis es económico y establece que la economía es un agente de cambio político primario. Este punto, en sí mismo, es altamente debatible. Materialmente hablando, la riqueza y los estándares de vida han mejorado bajo el reloj de algunas dictaduras. Indonesia, China, Alemania nazi e Italia fascista son algunos ejemplos. Pero aún si la noción que el comercio y la globalización, (confundida por algunos por capitalismo), fuera la fuerza propulsora de la democracia, este argumento requeriría que reglas básicas del sistema de libre empresa estuvieran presentes. Eso es inexistente en Cuba.

Lo fundamental del argumento pro relaciones comerciales entre EE UU y Cuba, es que la sociedad civil se va a beneficiar al poder crecer e independizarse del Estado dictatorial. El entendimiento percibido va algo así: productores, trabajadores y consumidores podrían interactuar y el resultado final sería una sociedad civil más autónoma y poderosa. Eso es idílico. En Cuba comunista es el Estado/Partido el que dicta el comercio. Así lo dice la propia constitución dictatorial en su Artículo 18. Productores y consumidores no pueden interaccionar autónomamente. Sólo se puede hacer por medio de las agencias oficialistas. Esto quiere decir que el monopolio existente de la dictadura sobre la economía y la vida cotidiana del pueblo cubano, alcanzaría magnitudes superiores. El Estado despótico es el que posee las llaves exclusivas para la conducción de la actividad comercial. De manera que el incremento en la economía, sólo fortalecerá el monopolio que tiene la dictadura sobre el ámbito económico y subsecuentemente, su control político. La sociedad cubana, en vez de ser más independiente, se convertirá más dependiente del régimen ya que ellos serán los que dan acceso al mercado, distribuyen la tecnología, facilitan el crédito, extienden las concesiones comerciales, escogen los trabajadores, los productores y determinan lo que los consumidores pueden consumir a gran escala. La palabra “empoderar” no está alejada de la realidad. El problema es, que a quien se va a empoderar aún más, es al Partido Comunista de Cuba.

China comunista y Vietnam nos han iluminado en este sentido con evidencia irrefutable. Hoy, treinta y siete años desde que China lanzó su “socialismo con características chinas” y veinte y nueve desde que Vietnam se encaminó en su Doi Moi o “economía de mercado orientada al socialismo”, vemos al comunismo asiático robusto, afianzado y muy, muy distante de tener ninguna semblanza con una democracia. Estas dictaduras lograron sobrevivir la muerte de sus fundadores y transmitir exitosamente la autoridad a sus respectivos partidos comunistas y retener el sistema despótico. Empoderados sí, pero no precisamente la sociedad civil china o vietnamita. ¿Por qué vamos a pensar que con Cuba las cosas van a ser diferentes?

Acerca del Autor

Julio M. Shiling es escritor, politólogo y Director de Patria de Martí (www.patriademarti.com). Su último libro es Dictaduras y sus paradigmas: ¿Por qué algunas dictaduras se caen y otras no? Nació en La Habana, Cuba y reside en los EE UU.

Julio M. Shiling
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Patria de Martí
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El peor vuelo de mi vida: el XL SE 1570 de París a Point à Pitre, hacia el Costa Fortuna

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París, 25 de febrero de 2015.

Querida Ofelia:

Como ya sabes, acabamos de regresar de un viaje muy bello de 16 días en el Costa Fortuna, que nos llevó a visitar once bellas islas de las Antillas Menores.

Desde el aeropuerto Charles de Gaulle despegamos a las 8 y 5 p.m. a bordo del vuelo XL SE 1570 del 6 de febrero 2015, en un avión de la compañía Xl, cuyo eslogan es: “Xl Airways France, l’avion plus malin”. “Malin” en francés significa: maligno, malicioso, travieso, astuto, pícaro, etc.

Te podrás imaginar cuál será la traducción de ese eslogan que yo le doy después de leer lo que te voy a narrar a continuación.

Siempre que hacemos un viaje con la Compañía Costa, les indico que ellos se encarguen de los billetes de avión y del traslado del aeropuerto al barco tanto a la ida como a la vuelta. Así fue también en este reciente viaje. Cuando les pedí si me podían reservar un puesto que diera al pasillo y mi esposa a mi lado, debido que al padecer de artrosis en las rodillas, necesito estirar las piernas y además éste sería un viaje largo de ocho horas, la empleada de Costa me dio el número de teléfono de la compañía XL para que ellos mismos me reservaran los asientos.

Llamé a XL y me dijeron que era posible si pagaba 50 euros. Lo hice y me reservaron para la ida y la vuelta entre París y la capital de la isla de Guadalupe, los asientos 12 H y 12 J. Como tengo la tarjeta de minusválido, estuve entre las primeras personas que subieron a bordo. La azafata se percató de que yo caminaba con un bastón. Inmediatamente comprendí que no cabía en el asiento, como tampoco mi esposa, ni la señora que estaba del lado de la pared -sin ventanilla-. Me alcé y probé que en los de las filas centrales eran de dimensiones normales. La causa era que para dar más espacio a la salida de emergencia, los asientos de la parte derecha habían sido reculados desde la fila once, delante de nosotros. Llamé a la azafata, le expliqué que no podía cerrar las piernas, que ni siquiera tenía espacio para abrir la tablilla delantera para comer o depositar mi libro y que al reclinarse la persona de la fila once, yo quedaba encerrado y con mi cuerpo en forma de un arco con las dos piernas hacia el pasillo y la cintura “clavada” contra el brazo del asiento. Ella me respondió en un tono altanero que no podía hacer nada. Le expliqué que había pagado 50 euros para tener un puesto correcto. Me pidió la factura. Se la di y fue a ver posiblemente a la jefa de cabina. Algunos minutos más tarde regresó y me dijo: “Usted pagó por tener un asiento de pasillo y una persona a su lado y lo tiene, así es que no puedo hacer nada”. Sin embargo, se dirigió a la señora que estaba incrustada contra la pared y la cambió de asiento. ¿Solidaridad antillana?

Al cabo de una hora me comenzaron a doler las rodillas, tuve que hacer malabarismos para poder pararme, tomé dos pastillas de Lamalina, que por suerte llevaba en mi cartera, para calmar el dolor. Decidí hacer el viaje de pie, apoyado al costado de la puerta del w.c. ante la indiferencia total y las miradas despreciativas de la azafata. De nuevo hice malabarismos para sentarme cuando llegó la hora de “la cena”, si a aquello se le puede llamar cena: una bandejita con un quesito, una natilla, un pancito, una mini ensalada y un poco de cereal con tres pedacitos de pollo de unos 4 centímetros de largo por dos de ancho, acompañados por un vaso de agua. Fue todo lo que dieron durante las ocho horas de viaje, todo lo demás había que pagarlo. La bandejita estaba en la tablilla de la señora que desplazaron y mi esposa me lo iba pasando todo, pues como ya te escribí, no tenía espacio para abrir mi tablilla.

Se me ocurrió ir a sentarme en el asiento en sentido contrario que utiliza la azafata al momento de aterrizar o despegar el avión, pero inmediatamente ésta vino y me ordenó que me parara. Le volví a explicar que el asiento donde estaba era para niños, no para adultos, pero aquella señorita de carácter poco elegante no me hizo caso, insistió y así pasé varias horas de pie.

Antes de salir del avión le mostré mi carnet de periodista a la azafata y le dije: “Este es el peor viaje que he hecho en avión en mi vida y escribiré sobre él y sobre la forma en que Vd. me ha tratado”.

Llegué al aeropuerto de Guadalupe con mis rodillas destrozadas. Allí nos recibió una amable empleada de Costa que nos llevó hasta el Costa Fortuna en un autobús, pasando por barrios pobres a lo largo de quince minutos. Las maletas nos fueron entregadas menos de una hora después en nuestro confortable camarote.

Fuimos a cenar al Ristorante Cristoforo Colombo del noveno piso y a las 10 y 45 p.m. tuvimos que asistir al ejercicio obligatorio de evacuación del barco. Entre el cansancio del horrible vuelo y el sueño debido al cambio de hora (para mí eran las 3 y 45 a.m.), no entendía nada de lo que explicaban por los audios en: inglés, alemán, italiano, chino, español, etc.

Unos días después en el barco me dirigí a una señorita llamada Vincenza, responsable de los vuelos de Costa. A pesar de que fue su compañía la que se encargó de comprar mis billetes, ésta me dijo que no podía hacer nada, pero que el día 20 de febrero ella estaría conmigo en el mostrador del aeropuerto para que me cambiaran de asiento o me enviaría a alguien para que me ayudara. Al llegar al aeropuerto de Point à Pitre para regresar a París, una chica de Costa esperaba al grupo, nos indicó cual era la fila, pero en ningún momento alguien me ayudó en el encontronazo con la psicorrígida empleada que se negaba completamente a cambiarme de puesto, a pesar de tratar de explicarle todo lo que me había ocurrido durante el vuelo. No me dejaba hablar y me decía que no podía hacer nada. Le informé que si me daba el mismo puesto llevaría a juicio a la compañía y me acostaría en el piso. El tono se iba alzando hasta que el empleado que estaba despachando el vuelo junto a ella le sugirió que llamara por teléfono. Ella lo hizo pero habló en créole, por lo cual yo no entendía nada. Colgó y nos dio los puestos 47 D y 47 F, gracias a los cuales pudimos hacer un vuelo normal. Le di las gracias y no me respondió, se limitó a decir: “El siguiente”, mientras se dirigía a las personas que estaban detrás de nosotros.

Ya escribí a la compañía Costa y les informé que jamás haré un viaje en el que tenga que volar con la compañía “Xl Airways France, l’avion plus malin”.

¿Xl o VS -Very Small-?

Ya puse en mi página de Facebook las fotos de Tórtola y St. Marteen. Iré poniendo las demás poco a poco. Te escribiré una crónica por cada una de las once islas visitadas.

Un gran abrazo con cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

EL CAMINO HACIA LA LIBERTAD

Busto de José Martí en el  Veterans Memorial Park -  NJ - West New York:  Foto: Wally Gobetz

Busto de José Martí en el Veterans Memorial Park –
NJ – West New York:
Foto: Wally Gobetz


Por Lcdo. Sergio Ramos
Las conversaciones entre los Estados Unidos y Cuba han generado infinitas especulaciones respecto al impacto político y económico que tendrá en la mayor de las Antillas. A ambos lados del Estrecho de la Florida se propagan augurios sobre lo que sucederá, desde los más optimistas hasta los más fatalistas. De ahí que han surgido dos vertientes o posiciones respecto a la “normalización” de la relaciones entre ambos países. Unos que lo ven como positivo para lograr un cambio de régimen en Cuba y otros que lo perciben como negativo para la libertad del pueblo cubano. En la jerga popular se le ha dado llamar los de los cuatro puntos y los de los siete puntos, respectivamente.
Pero lo cierto es que se trata de un evento en el que el pueblo cubano — de dentro y de afuera — no ha tenido la más mínima injerencia, puesto que han sido completamente marginados en las conversaciones entre el gobierno americano y el régimen dictatorial de Cuba.
Ambos gobiernos están tras la consecución de sus particulares intereses, que en nada tienen que ver con los del pueblo cubano, por lo que continúan sus conversaciones y visitas de funcionarios, sin que el cubano de a pie, opositor o exiliado, tenga nada que ver en esos chanchullos diplomáticos y comerciales. Pero independientemente de los que los negociadores hagan o deshagan, de reestablecerse las relaciones y el comercio de modo regular con Cuba, tendrá un impacto incierto en la sociedad cubana.
Los que apuestan por un resultado optimista muy posiblemente se apoyan en el desenlace que tuvo en los pueblos de la URSS y Europa Oriental, la relativa mejoría económica, como uno de los detonantes de los cambios políticos allí ocurridos.
Los que se ubican en el resultado pesimista, calculan que el régimen cubano está diseñado para favorecer a la casta gobernante, quienes aumentaran sus riquezas y su poder represivo, fortaleciéndolos y perpetuándolos en el poder. Algo así, como lo ocurrido en China y Viet Nam, donde la libertad y los derechos humanos brillan por su ausencia y es la cúpula en el poder la que se enriquece y empodera.
Ocurra lo que ocurra, gran parte de haber sido ignorados, por no decir, más aun, pisoteados y humillados, ha sido la fragmentación de que adolecen tanto la oposición interna como la externa, frente a un régimen dictatorial que en esencia es unitario. La debilidad del fraccionamiento favorece a los enemigos internos y externos del pueblo cubano. De hecho, fomentar la división ha sido un trabajo constante y cotidiano de los agentes del régimen castrista infiltrados en la oposición, tanto interna como externa.
El obstáculo del divisionismo y la atomización de las fuerzas opositoras cubanas se precisa superar para poder hacernos verdaderamente competitivos frente a los enemigos internos y externos de la patria, que se confabulan para mantenernos oprimidos y explotados.
La respuesta debemos buscarla en los ejemplos exitosos de los pueblos que de una u otra forma se unieron para despojarse de sus opresores. Sin ir más lejos, empezando por nuestra historia, la Guerra de los Diez años se perdió por la división entre los jefes militares, mientras cuando se logró la unidad en 1895 bajo el Partido Revolucionario Cubano fundado por José Martí y otros patriotas, fue posible la victoria. En Polonia durante la décadas de los ’80 el movimiento Solidaridad unió a los polacos y liberó al país del yugo comunista. En Nicaragua en las elecciones de 1990 se unieron las fuerzas democráticas bajo la Unión Nacional Opositora (UNO) y le ganaron las elecciones a las izquierdas pro-castristas.
Partamos de la base, de que al margen de la apreciación que cada cual tenga de lo beneficioso o perjudicial que pudiera ser la llamada “normalización”, tenemos una atroz tiranía que se precisa erradicar en aras de la libertad del pueblo cubano.
Para lograrlo, tenemos que crecernos y fortalecernos en la unidad de todas las fuerzas opositoras de dentro y de fuera de Cuba. Unidad en la diversidad de criterios, con mutuo respeto y bajo los principios generales que nos son comunes e inalienables a todos los cubanos: la soberanía nacional, la libertad, la democracia, pluralismo político, elecciones libres y transparentes, el respeto pleno a los derechos humanos, bienestar y progreso bajo un nuevo estado de derecho democrático incluyente de todos los cubanos, que nos permita a todos vivir en paz y libres en nuestra patria.
La unidad en la diversidad no pasa por el debate, ni la discusión terca e intransigente, sino por el dialogo franco y comprometido entre los opositores — los de dentro y los de afuera — buscando limar las asperezas y llegar a consensos con el propósito de crear un organismo de lucha con todos y de todos, que coordine y conduzca la lucha para eliminar de raíz la tiranía totalitaria y edificar un nuevo país libre para todos los cubanos.
La unidad no quiere decir que todos pensemos iguales, sino que dentro de nuestra variedad de pensamientos y criterios en el marco democrático, consensemos nuestra posturas y posiciones para obrar como un solo bloque a tenor con lo consensado.
Para lograrlo, cada quien ha de poner de su parte y despojarse de algunos lastres y prejuicios que la obstaculizan.
La unidad en la diversidad se funda en la solidaridad frente al enemigo común: la tiranía. La solidaridad empieza por el apoyo mutuo de los oprimidos todos en la lucha contra los opresores.
La unidad en la pluralidad demanda el deshacerse del egoísmo que socava la cohesión. Implica declinar la ambición que erosiona con sus pequeñeces personales, el gran propósito común de alcanzar la libertad para todo el pueblo.
El camino hacia la unidad pasa por el desprendimiento de nuestros fragmentantes egos, para dar paso al poder del nosotros, actuando como un solo pueblo. La ruta hacia la unidad en la lucha libertaria requiere abrir las puertas de los feudos y siglas para formar un solo haz de hombres y mujeres de la patria amada y sufrida. Tal como lo simboliza el haz de leña tras el escudo nacional coronado por el gorro frigio de los luchadores por la libertad.
Solo cuando podamos confrontar una verdadera fuerza pujante que contrarreste a las huestes opresoras del país y los ambiciosos foráneos que nos explotan y saquean, podremos garantizar el triunfo rotundo y permanente del pueblo cubano para su libertad.
Quizás, la fórmula la expresó hace años un gran tribuno de la república, el Dr. José Manuel Cortina García, quien al momento de la apertura de la Asamblea Constituyente que dio lugar una de las piezas magistrales del derecho nacional, La Constitución de 1940, dijo estas palabras, que hoy día recobran vigencia ante la magnitud de la infamia con que se nos maltrata, oprime y humilla: “Aquí debemos apagar las pasiones egoístas y estar hermanados en este sagrado propósito. Para ello es imperiosa la solidaridad nacional: ¡Los partidos fuera! ¡La patria, dentro!”.
De nuevo, ante la situación por la que el país atraviesa se hace vigente más que nunca el llamado del Apóstol José Martí: “Juntarse es la palabra de orden”.
Cubanos todos: El camino hacia la libertad pasa por la unidad, por lo que trabajemos con ahínco y prontitud por lograrla, porque divididos seremos pisoteados, unidos seremos invencibles. Divididos seguiremos siendo esclavos, unidos seremos libres.

Arresto con violencia de mi hijo, Daril Ferret

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En las fotos adjuntas tomadas por un familiar durante el arresto, se pueden observar los moretones en el cuello y las esposas en sus muñecas.

En las fotos adjuntas tomadas por un familiar durante el arresto, se pueden observar los moretones en el cuello y las esposas en sus muñecas.

Por Darsi Ferrer
En la tarde de ayer efectivos de la policía en Pinar del Río arrestaron con violencia a mi hijo mayor, Daril Ferret, el mismo que la Oficina de Intereses en La Habana le negó la visa de entrada a EEUU, invitado a participar en un evento organizado, entre otras instituciones, por autoridades del Condado de Miami. Negativa de visa en medio de un contexto donde le brindan el beneplácito de entrar a territorio de EEUU a infinidad de funcionarios y familiares de la cúpula de la dictadura asesina de los Castro. Sobra señalar el por que de la represalia policial contra mi hijo. No obstante, somos de los que no pedimos clemencia ni a unos ni a otros. Nuestra frente la mantenemos siempre en alto al costo que sea.

ASOPAZCO: Premios de Derechos Humanos 2015

viernes

Con enorme gusto le avisamos y le extendemos esta Invitación a la entrega de los Premios Derechos Humanos Libertad 2015 otorgado por la Asociación por la Paz Continental (ASOPAZCO).
Cordialmente,
Julio M. Shiling
Mari Paz Martínez Nieto en nombre de la Asociación por la Paz Continental (ASOPAZCO) entregará los Premios Derechos Humanos Libertad 2015
Viernes, 20 de Febrero 2015. 7:00pm
Hotel DoubleTree
711 NW 72 Avenue
Miami, Florida 33126
Premiados
Marlene Alejandre Triana
Presidente de la Fundación Armando Alejandre, Jr.
Georgina Pratts
Fundadora de Shelton Academy
Julio M. Shiling
Director de Patria de Martí
Durante la celebración del evento tendrá lugar la presentación del libro Son de Cuba II: Conversaciones con el exilio de Mari Paz Martínez Nieto