ELECCION O FICCION

Por el Lcdo. Sergio Ramos

El oficialista Partido Comunista de Cuba y único permitido en Cuba, anunció que se le harán cambios a la Ley Electoral de Cuba. Anuncio que ocurre en medio del proceso de “normalización” de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.
Es de todos conocidos, que el régimen ha producido enmiendas en ciertos renglones de la vida social y económica del país de cara al acercamiento entre ambos países. Así vimos cierta permisividad con el cuenta-propismo (o el pequeño trabajador por su cuenta), la autorización para la venta de propiedades inmuebles residenciales, la eliminación de los permisos de viaje al exterior, la autorización de viajes de ciertos opositores, entre otras medidas. Todas ellas carentes de significar un cambio profundo en lo social y en lo económico, como demandan las condiciones del país para que pueda catapultarse hacia un verdadero crecimiento auto-sostenible.
En lo político el régimen no ha realizado ningún cambio hacia una verdadera transformación del control centralizado y monopartidista característico del sistema totalitario imperante en Cuba, por más de cinco décadas.
El resumen, los cambios han sido más teatrales que reales por su superficialidad, con el expreso propósito de proyectar imágenes propagandísticas para crear opiniones públicas favorables con vistas a las negociaciones en marcha.
Nada ha de extrañar que tal anuncio de enmendar la Ley Electoral, sea parte del mismo patrón de conducta. Luego a tenor con ello, una de las probabilidades será que la dictadura enmiende la ley a los fines de permitir la inscripción contralada de ciertos elementos, de modo individual y/o grupal, afines al régimen o que no le sean amenazantes, con el objeto de aparentar una supuesta pluralidad en la seudo-legislatura, o sea en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP). Es también probable que permitan cierto voto directo para algunos cargos que hoy son seleccionados designación de la ANPP.
En el ánimo de controlar y manipular el proceso electoral, tendrá el mismo u otro organismo bajo el control del gobierno, careciendo de la autonomía e imparcialidad requerida en los procesos electorales transparentes y reales. Actualmente, la Comisión Electoral Nacional, organismo regente del proceso electoral en Cuba, es un apéndice del Ministerio de Justicia y por ende del Consejo de Estado y el de Ministros.
Al permitir que de modo individual o grupal concurran al ruedo electoral solo personas afines o supuestos partidos opositores, que muy bien podrían ser creados por el propio régimen o sus agentes, el régimen pretenderá engatusar a la opinión pública, sobre todo a la americana, a fines de facilitarle el camino para la derogación de la Ley del Embargo a su contra-parte en la Casa Blanca.
El esquema calculado, es muy probable que este orientado dentro de los modelos electorales de simulación y fraude que han ayudado a la permanencia ilegítima en el poder de los autócratas izquierdistas en Venezuela, Bolivia y otros países latinoamericanos.
Pongamos las cosas en contexto, para que nadie se llame a engaño ante la fabricación de esta nueva patraña propagandística del castrismo.
El primer punto de partida para un proceso electoral verdadero y limpio está en la creación de un ambiente electoral adecuado, cosa que Cuba carece totalmente.
El primer término, hay que abrir plenamente para todos, la libertad de expresión y prensa, y a la libertad de recibir libre y sin censura, información de Cuba y del mundo, por muy contraria y opuesta que sea al gobierno, de modo que exista libre difusión de las ideas para conocimiento de todo pueblo.
Además, en Cuba existe el obstáculo de que los medios de comunicación y prensa están en manos del estado de forma monopólica. Se requiere abrir a la tenencia privada todos los medios de comunicación — radio, televisión e internet — y a la libre posición y circulación sin censura de periódicos y revistas u otros medios escritos de expresión de las ideas. El estado cubano debería renunciar al monopolio y la tenencia masiva de medios de comunicación.
El segundo punto, es la garantía a la plena libertad de asociación y de reunión, sea a favor o en contra del gobierno. Sin la libre y espontánea organización de los partidos políticos por los ciudadanos cubanos, no hay garantías de proporcionar la representatividad participativa que requieren unas elecciones de verdaderas. Sin la plena garantía a la libertad de reunión no es posible desarrollar en el país la libre afiliación de las personas a los partidos políticos de su preferencia. El derecho a reunirse, no solo la alabar o apoyar, sino para protestar, para oponerse, y para demandarle al gobierno de modo pacífico y libre.
El tercer aspecto para contar con un proceso electoral limpio y equitativo es erradicar el miedo. Cuba ha sido un país controlado por medio del terror infundido por el estado totalitario. Es un estado policiaco. Un pueblo con miedo esta privado por coacción de ejercer una libre elección. Por cuanto, los aparatos represivos, como el Departamento de la Seguridad del Estado (DSE), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), y otros organismos dedicados al espionaje y la represión de los ciudadanos, deben quedar totalmente desmantelados. Más aun, el Ministerio del Interior, debe quedar desmantelado, y la Policía debe ser civil y ha de quedar limitada y restringida por ley al mantenimiento del orden y la seguridad del ciudadano. De hecho, el Código Penal de Cuba debe ser derogado y sustituido por uno que no contenga delitos de naturaleza política o contrarios al ejercicio de los derechos humanos del ciudadano.
El estado cubano mantiene una serie de organizaciones llamadas “de masa” que no son más que meros apéndices del gobierno para la manipulación e intimidación del pueblo. Estas en nada representan la sociedad civil de Cuba y solo son poleas de trasmisión del Partido Comunista de Cuba y de la cúpula gobernante. Estas organizaciones deben ser desmanteladas para evitar sus efectos coaccionantes en medio de una sociedad todavía afectada por el terror y la manipulación del estado, ya que ello coaccionaría la libertad de elección al ciudadano. De hecho, la constitución que por vía impositiva rige en Cuba, requiere de ser enmendada, o mejor derogada, pues es inconsistente con el pluripartidismo, ya que establece que la máxima figura rectora sea un partido, el comunista, por encima aun de los órganos regentes del estado y del pueblo cubano, de quienes realmente emana la soberanía nacional.
Un cuarto asunto es la ausencia de autonomía e imparcialidad del organismo electoral, la Comisión Electoral Nacional, el cual está adscrito, subordinado y dependiente del ejecutivo del país. Lo preferible en las primeras elecciones libres del país, es que debería ser organizado, dirigido y controlado todo el proceso por las Naciones Unidas, o sea por un instrumento internacional imparcial y externo. En su defecto entonces el organismo electoral debe ser uno autónomo e independiente de toda rama o influencia gubernamental. Sus componentes no deben ser electos por el gobierno, sino por una junta representativa, equitativamente compuesta de todos los partidos concurrentes al proceso electoral. La ley electoral tiene que contemplar procedimientos claros que apunten a garantizar la secreticidad y la universalidad del voto, además de la limpieza y transparencia del procedimiento de escrutinio y pureza de los resultados.
Habría que considerar como parte del proceso, el derecho de participación plena en unas elecciones verdaderas y reales, a los nacionales cubanos de la diáspora. Ellos son tan cubanos como cualquiera y están fuera por la única culpa de la dictadura castrista.
Dudamos muchísimo, que la dictadura de los hermanos Castro tenga la voluntad y el deseo de implementar un verdadero proceso electoral, limpio, universal, pluripartidista, imparcial y transparente en su escrutinio. Estamos seguros que cualesquiera que sean las enmiendas o las nuevas leyes electorales que imponga la dictadura, estará diseñada para la simulación de una democracia inexistente y para garantizar la perpetuidad en el poder de la actual cúpula gobernante.
Contrario a unas elecciones verdaderas, lo que ahora pretenderá fabricar el régimen es otro inadmisible embeleco de ficción electorera para engatusar a la opinión pública mundial. Y en Cuba lo que hace falta es una verdadera elección, no otra ficción electorera.

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