Cuba-México


Bienvenido a México el Presiente Raúl Castro Ruz y que viva la amistad fraterna México-cubana.

Por Cuini

Ya desde las vísperas de la llegada del Presidente de la República Socialista de Cuba, el general Raúl Castro Ruz a México, los voceros de la ultraizquierda local empezaron a publicar opiniones insidiosas, para tergiversar el sentido y el significado real de su visita que no es otro que refrendar la cooperación y la amistad entre dos pueblos hermanos.
La ultraizquierda pretende en vano descubrir supuestos actos de complicidad política entre los gobiernos de ambos países.

Ciertamente, entre Cuba y México hay diferencias y coincidencias fundamentales, las hay entre todas las naciones, grandes o pequeñas del mundo de ahora y ello es absolutamente natural, máxime cuando se trata de países en los cuales rigen sistemas económico-sociales distintos y posen una personalidad cultural propia.

Lo que ocurre pues, es que la ultraizquierda mexicana jamás ha comprendido la doctrina marxista-leninista sobre la cuestión nacional. No entienden que mientras existan las naciones, de cualquier naturaleza que estas sean (monárquicas, republicanas-burguesas o republicanas-socialistas) tendrá que haber por muchísimo tiempo intereses nacionales particulares y por lo tanto contradicciones y desacuerdos más o menos importantes entre ellas, aún entre las naciones socialistas; así lo ha demostrado la experiencia histórica y no hay que asustarse de ello, es lo normal en el mundo que vivimos.
El nacionalismo es el mejor caldo de cultivo de tales desacuerdos y aunque el internacionalismo proletario es su antídoto más eficaz, no logra erradicarlos por sí mismo. Ello ocurrirá hasta que desaparezcan las naciones y las fronteras de todo tipo, en el comunismo avanzado.

Entonces cuando un partido político, un grupo de activistas o una persona en lo individual, exigen que la política de un Estado nacional se ajuste estrictamente a sus intereses, por nobles que estos sean, no tienen los pies en la tierra y caen en posiciones políticamente injustas.
Los intereses nacionales, mientras son comunes e idénticos, no suelen dar problemas de confrontación, pero cuando son diferentes y originan fricciones de cualquier tipo hay que manejarlos en la forma y oportunidad debidas y no con la guerra como lo hacen los burgueses y los Estados imperialistas.
El respeto recíproco siempre puede abrir cauces para lograr negociaciones y resultados positivos y fructíferos para todos.

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